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sábado, 17 de noviembre de 2012

#14N

 El 14 de noviembre de 2012, día de la huelga general en España y otros países del sur de Europa, subí a mi cuenta de Twitter varias fotos que tomé en las múltiples manifestaciones que tuvieron lugar a lo largo de la jornada en Madrid. Uno de mis tweets fue utilizado por el diario británico The Guardian para su cobertura online del #14N. Estoy orgulloso de que un periódico tan importante me citara y por eso lo comparto con vosotros. Además, a raíz de esto una periodista de la cadena de televisión canadiense CBC se puso en contacto conmigo para que le informara de lo que estaba ocurriendo en Madrid. Una pena que ni la batería ni la cobertura de mi móvil estuvieran a la altura de la situación.


Además, tuve la oportunidad de grabar algunos vídeos en la Plaza de Neptuno, muy cerca del Congreso de los Diputados, en los que se observa el inicio de los disturbios que acabaron con varios detenidos y heridos. Aquí tenéis el resultado.




martes, 27 de marzo de 2012

Ir o no ir a la huelga general

Últimamente, se ha puesto de moda descalificar a los sindicatos y a sus tradicionales instrumentos de lucha. La celebración de la huelga general, convocada en España para el 29 de marzo de 2012, ha desatado furibundas críticas contra estos agentes sociales, supuestamente encargados de defender a los trabajadores. Percibidos como inútiles y costosos, los sindicatos han hecho olvidar a la ciudadanía que fueron pieza clave en la construcción de la democracia en Europa, y que aún hoy siguen siendo indispensables para la consolidación de una sociedad justa y equilibrada.
En España, los sindicatos mayoritarios, CC OO y UGT, son percibidos por la mayoría de los ciudadanos como parásitos del sistema que drenan recursos públicos sin aportar nada a cambio. Debido sobre todo a su posición acomodaticia y a su modelo de financiación, las centrales han perdido gran parte de su crédito. Desde la firma de los Pactos de la Moncloa en 1977, tanto CC OO como UGT abandonaron toda aspiración de transformación social. Su acuerdo con la patronal y los partidos políticos introdujo de lleno a los sindicatos dentro del entramado sistémico. Se hicieron conservadores, guardianes de un orden que les beneficiaba. Si bien su objetivo seguía siendo la mejora gradual de las condiciones laborales de los asalariados, su mentalidad se acomodó a las condiciones favorables que el nuevo sistema ofrecía a sus organizaciones, especialmente a sus cúpulas directivas. La Constitución del 78 consagró el papel de los sindicatos y las posteriores leyes desarrollaron su modelo de financiación. El Estado subvenciona con millones de euros públicos a los sindicatos en función de la representación obtenida en las elecciones sindicales. Es un sistema similar al de los partidos políticos. Los fondos públicos suponen una ayuda vital para los sindicatos, que no podrían autofinanciarse debido a la baja afiliación de los trabajadores.

Sin embargo, los errores cometidos por CC OO y UGT a lo largo de las últimas tres décadas, no son razón suficiente para poner en tela de juicio la existencia misma de los sindicatos. Hoy en día algunos se atreven a reclamar la desaparición de las centrales obreras. Sean mal informados o malintencionados, deben saber que los sindicatos jugaron un papel central en la conquista de una sociedad avanzada como la que Europa ha tenido hasta hace poco. Fueron las luchas obreras de finales del siglo XIX y principios del XX las principales responsables de medidas que definen en la actualidad al Viejo Continente, y que lo diferencian del resto del mundo. La humanización de las condiciones laborales, la asunción por parte del Estado de la protección social, tanto generalizada (sistemas públicos de salud y educación), como específica para los más vulnerables (parados, ancianos, enfermos, etc.) o el sufragio universal, son los logros más importantes de los hoy denostados sindicatos. La táctica más utilizada fue la huelga. La paralización de la producción suponía pérdidas importantes para el empresario. Si la huelga era sostenida en el tiempo, para lo cual los sindicatos necesitaban una red de apoyos que mantuviera a los obreros y a sus familias durante el conflicto, el empresario solía dar su brazo a torcer y aceptaba las condiciones exigidas por los huelguistas, o, en su defecto, la negociación. La huelga general, por su parte, era un instrumento eficaz para presionar al gobierno. Dado que es éste y no los empresarios, al menos formalmente, el que atesora el poder político, una huelga en una sola empresa o sector no era suficiente para que un nuevo derecho fuera reconocido. Las oleadas de huelgas que aquejaron Europa en la confluencia de los siglos XIX y XX, junto con el ascenso de los partidos socialdemócratas, obligaron a las clases dirigentes a implementar leyes más justas, con el fin de acallar los cada vez más generalizados anhelos de revolución social entre los obreros. Así, si bien fue el conservador Otto von Bismarck el responsable directo del primer sistema de seguridad social, la razón que le llevo a aplicar tal medida fue el miedo a las cada vez más frecuentes explosiones sociales en la Europa industrializada.

No obstante, la importancia de los sindicatos no se ha agotado. Fueron clave en la conquista de una sociedad mejor en el pasado, y lo siguen siendo en la actualidad. Si queremos avanzar hacia un modelo más justo e igualitario y, por tanto, hacia una sociedad más estable, el asociacionismo obrero debe seguir gozando de una posición central. Y es que la negociación entre empresario y trabajador no puede ser individualizada, tal y como preconiza la reforma laboral aprobada por el Gobierno de Rajoy. Ello se debe a que empresario y trabajador no se encuentran en una posición de igualdad a la hora de negociar las condiciones laborales. El empresario sale al mercado laboral en busca de mano de obra barata, de tal modo que el coste de producción en su empresa sea lo más bajo posible. Para ello, puede elegir entre todos los trabajadores que estén dispuestos a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Si los trabajadores van cada uno por su cuenta, se originará una competición entre todos ellos por ofrecer las mejores condiciones al empresario, es decir, competirán por salarios a la baja. El candidato que esté dispuesto a ofrecer más trabajo a cambio de menos remuneración, será el ideal para el empresario. Por el contrario, si los trabajadores se unen y acuerdan unas condiciones mínimas, el empresario tendrá que conformarse con la contratación de asalariados por esos mínimos establecidos. Por tanto, la eliminación de los sindicatos y su función principal, la negociación colectiva, no lleva sino a la institucionalización de la guerra de todos contra todos. La lógica del capital aplasta así todas las conquistas laborales de los últimos siglos, obligando a aquellos que tienen que vivir de su trabajo a luchar entre ellos para venderse por el menor precio posible. En definitiva, como dijo Íñigo Errejón hace unas semanas en La Tuerka, la equiparación de dos figuras –empresario y trabajador- que son esencialmente desiguales, tiene como consecuencia la perpetuación de la desigualdad.

Por todo ello, participar en la huelga general del día 29 se torna en una cuestión de dignidad. Acudir a trabajar esa fecha como si de cualquier otra jornada se tratara supone el acatamiento de una reforma que acaba con la posibilidad de mejora laboral de los asalariados. Supone, también, cerrar los ojos ante siglos de luchas sindicales que han contribuido a la construcción de una sociedad relativamente mejor como en la que hasta ahora vivíamos. De igual modo, ignorar la convocatoria de huelga da a entender al Gobierno español, al Gobierno alemán, a la patronal y al poder financiero que la sociedad española se ha rendido, que el 15-M fue una ilusión, y que los españoles estamos dispuestos a pagar con nuestro sacrificio una crisis creada por la especulación y la avaricia de unos pocos. En definitiva, secundar la huelga general supone mostrar a los que detentan el poder que no somos simples marionetas en su macabro juego y que estamos dispuestos a luchar para dar la vuelta a la tortilla.



jueves, 9 de diciembre de 2010

Alarma: Controladores en paro

Hoy recojo un texto escrito por una controladora aérea en el que muestra las razones por las que su colectivo decidió tomar las drásticas medidas del viernes pasado. Su manera de expresarse no es la más educada, hecho que yo interpreto como muestra de la rabia que acumula en su interior por la situación de su colectivo, que ella ve claramente agraviado.

Tenga quien tenga la razón, me parece importante dar voz también a la otra parte, ya que los medios de comunicación no parecen interesados en mostrar otra opinión que la de los partidos políticos mayoritarios.

Es obvio que los controladores hacen uso de su posición estratégica para presionar al Gobierno y así hacer cumplir sus demandas. Pero, atendiendo a las condiciones que tienen actualmente, es entendible su indignación. Aunque, por supuesto, también se comprende a los miles de pasajeros que perdieron sus vacaciones. La pregunta es, ¿hasta dónde es legítimo que los controladores utlilicen su capacidad de presión, teniendo en cuenta que haciéndolo perjudican a un gran número de personas que nada tienen que ver con el tema? Leed y juzgad vosotros mismos.


En lugar de leer los periódicos pagados por el gobierno lee el Boletín Oficial del Estado, ahí está todo y luego decides lo que te crees y lo que no.
 Otro dice que vivimos en un estado de derecho. Pues va a ser que no. El primer decreto ley que nos cascaron anuló nuestro derecho a la negociación colectiva violando la Constitución. Pues ahí está.
Me abren dos expedientes disciplinarios por escribir una mariconada de blog. Tengo dos juicios pendientes, que cada cosa que vosotros tenéis por ley yo tengo que ganarla en los tribunales y eso si tengo suerte, que si no me jodo, porque soy controladora y no se me aplica ni de coña la misma justicia que a vosotros lo creáis o no.
Mis huelgas las pactan sindicatos en los que no hay ni un controlador y me nombran servicios mínimos del 120%. Si eso es tener derecho a la huelga que baje dios y lo vea.
Ponemos a la opinión pública en nuestra contra: mentira, siempre lo ha estado porque nadie se ha molestado en escuchar los argumentos y datos que llevamos dando un año. Sólo oyeron 360.000 y no pasaron de ahí.
¿Para qué cojones creéis que nos han cascado tres decretazos y una orden ministerial?
En el primero nos ampliaron la jornada por el morro en seiscientas horas al año, que está de puta madre.
Nos crujieron el sueldo y resulta que todos sabéis lo que yo gano porque lo dicen en la tele. Pues tampoco es verdad ni por los cojones. No gano 200.000 euros al año por mucho que diga el ministro. Ni eso ni la mitad.
Si os molestaseis en mirar mejor, veríais que hace nada la directora de navegación aérea se soltó el moño diciendo que pedíamos más dinero saliendo de una reunión de la que existe un acta en la que no figura semejante petición. Un juez la obliga a retractarse, pero vosotros sólo oís lo que os da la gana. Y somos los malos para variar. Y de éstas hay mil.
Hemos presentado cientos de demandas por incidentes de seguridad, por irregularidades de todos los calibres. Van a parar al fondo de un cajón. Estamos recurriendo a tribunales europeos porque lo de España es el coño de la Bernarda.
En el segundo decretazo nos quitaron los descansos y se concedieron barra libre para ponernos a currar como animales y nos obligan a estar disponibles 365 días al año, 24 horas al día. Esto se lo comento a los médicos que me dicen gilipolleces, que ninguno curra todos los días.
Me obligaron a trabajar doscientas horas al mes a turnos de mañana, tarde y noche. Y para el subnormal que dice que trabajo como todo el mundo 40 horas a la semana, eso son 160. O sea, que yo trabajo el equivalente a cinco semanas en un mes de cuatro, cuando por ser trabajo a turnos debería currar bastante menos.
Al que le salga de los huevos que se lea cualquier estudio del efecto del trabajo a turnos sobre el organismo. La mitad de los que me ponéis a caldo dormís mal dos días y estáis hechos una mierda. Yo llevo haciendo turnos sin rechistar catorce putos años, así que no me jodáis.
Y es muy fácil imaginar mi curro desde vuestros sofás, durmiendo ocho horitas cada noche. Si venís a currar conmigo a turnos un mes en una semana no podéis con vuestros huevos.
No somos controladores suficientes, y es lo que hay. No damos abasto coño. No os queréis enterar. Nos exigís currar todos los días para tener vuestros putos puentes y vuestras putas vacaciones. ¿Dónde cojones dice que seamos vuestros esclavos? ¿Por qué vosotros tenéis todos los derechos del mundo y nosotros NINGUNO?
A pesar de que nos aumentaron un huevo las horas, como los de AENA son unos inútiles nos hicieron currar como putas en verano y se quedaron sin sus propias putas horas. Y yo no puedo trabajar por encima de lo que estipula la ley porque me meten en la cárcel.
Solución: otro decretazo, el de hoy, que hace desaparecer vacaciones, bajas, permisos, reducciones de jornada por maternidad etc y así salen horas por un tubo. Y con efecto retroactivo, que ya es para cagarse.
Vuestro puente de puta madre, y yo curro dieciséis meses al año.
Me decís que pobrecitos vuestros parientes, que no podéis ir a verlos. Yo he tenido UN fin de semana libre en nueve putos meses. Han operado a mi madre tres veces y la he visto cinco días.
Y os atrevéis a decirme que vuestras familias son más importantes que la mía.
Y ahora viene la mierda de los militares. Somos dos mil civiles, y no hay ni doscientos controladores militares aprovechables para hacer nuestro trabajo. Controlar no es conducir, y para que un militar haga mi curro tiene que saberse mi espacio aéreo, mis procedimientos, la geografía de mi zona de pe a pa. O sea, que necesita un par de mesecitos o más. Sin contar con que yo muevo sesenta aviones a la hora y ellos no pillan ni la cuarta parte. Por no decir que van tiesos de inglés para vuelos comerciales (…)
El que quiera ser un esclavo que lo sea, no me contéis que vuestros curros son peores,  espabilad y luchad en lugar de lloriquear, pero yo defiendo el último derecho que me queda, que es el de pelear por recuperar mis derechos (lo que vosotros llamáis privilegios, que manda huevos) y mi dignidad profesional y personal.
Y si lo consigo bien y si no me largo del curro. Haceos controladores vosotros y así os curráis los puentes unos a otros y tan ricamente. Os va a encantar.
Mola que sólo a una persona le haya llamado la atención que en todo este tiempo no se haya oído a los controladores. No nos dejan hablar en la tele ni salir en los periódicos porque al Gobierno no le interesa que se conozca nuestra versión. Sólo tenéis la suya.

http://controladoresareosyotrashierbas.blogspot.com/2010/12/ver-si-nos-entendemos.html