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sábado, 2 de mayo de 2015

“Los que mueren en la lucha no son olvidados”


Llegar al corazón del territorio zapatista en Chiapas provoca inmediatamente una mezcla de sensaciones. Esperanza, porque verde es el color que inunda los ojos del viajero que se sumerge en la selva Lacandona. Esperanza de ver cómo el autogobierno desde abajo y a la izquierda no es solo una letra de canción de punk, sino también una posibilidad realizable y viable en la vida cotidiana. Pero, al mismo tiempo, es imposible escapar a la incertidumbre. La tensión se corta con machete en las montañas del sureste mexicano. Divididas, las comunidades indígenas chiapanecas viven una guerra silenciosa, un conflicto íntimo que las desangra poco a poco. Si en 1994  los hombres y mujeres del color de la tierra hicieron del rojinegro su bandera al iniciar la guerra contra el estado mexicano, en 2015 ni el rojo  representa ya solo la justicia ni el negro solo simboliza la libertad. Tzeltales, tzotziles, tojolabales, choles, zoques y mames sobreviven día a día en un entorno viciado por la fragmentación interna donde la resistencia zapatista convive puerta con puerta con el enemigo. Así ocurre en La Realidad Trinidad, sede del Caracol I y de la Junta de Buen Gobierno “Hacia la Esperanza", donde hace ya un año que el rojo se tornó en sangre y el negro se volvió muerte.

Corría el 2 de mayo de 2014 cuando unos 140 habitantes de La Realidad, integrantes de la otrora organización combativa Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos - Histórica (CIOAC-H), tendieron una emboscada a un grupo de bases civiles de apoyo zapatistas, resultando en elasesinato de José Luis Solís López, alias Galeano. El zapatista se encontraba negociando con los líderes de la CIOAC-H sobre una disputa relativa a un vehículo. Galeano, entonces, pagó el precio más alto posible por intentar llegar a una solución pacífica en el conflicto que los rebeldes mantenían con sus vecinos y antiguos compañeros de lucha.

Los pobladores de La Realidad, una comunidad histórica en el imaginario zapatista por haber sido refugio de la Comandancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) hasta 2001, han visto cómo en la última década su convivencia se ha deteriorado hasta alcanzar grados insostenibles. La unidad en el apoyo a la insurgencia zapatista en los años 90 ha dado paso a una fragmentación interna inducida por la estrategia contrainsurgente del estado mexicano. Dando una vuelta de tuerca más a la maquinaria antiguerrillera, el gobierno ha pasado de financiar y entrenar a grupos paramilitares a poner en marcha programas asistencialistas de ayuda económica en los territorios indígenas de Chiapas. Dada la firme posición zapatista de negarse a aceptar cualquier programa gubernamental, muchas han sido las familias que han renunciado a la resistencia para pasarse al bando oficialista. Aplicando la milenaria máxima del “divide y vencerás”, el estado ha buscado ahogar al movimiento rebelde tratando de arrebatarle sus bases de apoyo mediante el reparto de alimentos, medicinas o material de construcción a cambio de lealtad política.


Esta táctica de “quitar el agua al pez” ha dado parcialmente resultado, pues muchas comunidades indígenas de Chiapas están hoy divididas entre zapatistas y no zapatistas. No obstante, el EZLN sigue contando con decenas de miles de bases de apoyo en los territorios de los cinco caracoles, como demostró con sus masivas manifestaciones públicas en varias cabeceras municipales chiapanecas el pasado 21 de diciembre de 2012. Solo en la villa colonial de San Cristóbal de las Casas se juntaron alrededor de 20.000 miembros del movimiento.

“Nunca vamos a dejar de ser rebeldes”, me dijo hace unos meses un zapatista de La Realidad, cabecera del municipio autónomo San Pedro Michoacán. En su comunidad hay familias divididas en las que sus miembros ya no se saludan por la calle. Hermanos que no se miran. Primos que no se hablan. El asesinato de Galeano fue la gota que colmó el vaso del enfrentamiento. Antes del trágico suceso, zapatistas y no zapatistas, pese a tener autoridades y posturas políticas diferentes, mantenían relaciones sociales de aceptación mutua. Todo ello saltó por los aires tras el asesinato, que según el jefe deopinión del diario La Jornada “fue una agresión alevosa y premeditada, planeada, orquestada con lógica militar, y ejecutada con sevicia”. Dos personas fueron encarceladas  como responsables del suceso, curiosamente ambas ostentaban los cargos más importantes de la comunidad como autoridades no zapatistas: el agente municipal y el comisariado ejidal.

La Junta de Buen Gobierno de La Realidad, que además de conocer la muerte de uno de los suyos también contempló cómo ese mismo día los militantes de la CIOAC-H destruyeron una clínica y una escuela autónoma zapatista, decidió no responder a la violencia con más violencia. Lejos de recurrir al brazo armado del movimiento -el EZLN-, las autoridades civiles rebeldes renunciaron a la vendetta. Todavía hoy se puede leer en el centro de la comunidad de La Realidad un cartel que reza “Compañero Galeano, justicia y no venganza”. El asesinato fue a ojos de los zapatistas una provocación maquinada desde el gobierno para desencadenar una reacción violenta de los insurgentes y justificar así una respuesta aún más contundente del estado. Las instancias gubernamentales, por supuesto, lo niegan. “Lo que sucedió en La Realidad tiene que ver con piques personales entre los líderes de la CIOAC y del EZLN, que hace años estaban aliados y después se dividieron”. Esto fue lo que me dijo un funcionario del ayuntamiento de Las Margaritas, municipio al que oficialmente pertenece La Realidad, en una entrevista en febrero. Según la versión oficial, entonces, se trata de conflictos intracomunitarios que enfrentan a indígenas contra indígenas. De ello sigue que, ante esa situación de hostilidad interna, el estado tenga que desplegar sus instituciones para garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Es decir, incrementar la presencia militar y policial en los territorios zapatistas.


Aunque la venganza violenta no llegó, el aumento de soldados mexicanos en la cañada de Las Margaritas de la Selva Lacandona sí se produjo. Según el boletín del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, con fecha de 10 de marzo de 2015, desde julio del pasado año vienen teniendo lugar “sistemáticas incursiones del Ejército mexicano quienes están hostigando a las Bases de Apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (BAEZLN), en el territorio de la Junta de Buen Gobierno de La Realidad, en la zona Selva Fronteriza, Caracol I “Hacia la Esperanza” (JBG)”. Vehículos militares patrullan prácticamente a diario la carretera que une Las Margaritas y San Quintín, pasando a apenas unos metros de la entrada del “Caracol Madre de los Caracoles del Mar de Nuestros Sueños”. Los niños de esta comunidad perdida en la selva fronteriza deben interrumpir sus juegos al pie de la calzada y correr para alejarse de los camiones del Ejército, en los que a menudo los soldados cubren su rostro pero no su arma.

El asesinato de Galeano llegó en un momento crucial para el movimiento zapatista. Pocas semanas después del suceso, durante el homenaje del EZLN para conmemorar a su compañero caído, el Subcomandante Marcos anunció en el caracol de La Realidad que abandonaba la dirigencia del grupo armado. Además, el líder guerrillero comunicó que en adelante su nombre seríaSubcomandante Galeano, en honor al fallecido. El movimiento también postergó la continuación de la Escuelita Zapatista, una iniciativa iniciada en 2013 en la que las comunidades rebeldes acogieron durante unos días a miles de simpatizantes de todo el mundo interesados en conocer de primera mano la construcción de la autonomía indígena en Chiapas. La Escuelita, en la que Galeano ejerció como maestro, se retomará en julio de este año, tras el nuevo homenaje que los zapatistas brindan al difunto en el primer aniversario de su asesinato.


A un año de la muerte en La Realidad, la comunidad no ha olvidado lo que ocurrió el 2 de mayo. Pese a que la voz de Galeano fue acallada aquel día a golpe de machete y de pistola, su rostro no ha caído en el olvido. Retratos del zapatista salpican la comunidad y el Caracol, retando a todo aquel que transite por este rincón del sureste mexicano a contemplar su mirada. Su nombre, además, será recordado por las próximas generaciones que nutrirán las filas de la resistencia: la nueva escuela autónoma, construida para sustituir a la destruida el día de su asesinato, ha sido bautizada como “Compañero Galeano”. En definitiva, como me dijo uno de sus camaradas bajo una noche estrellada en la espesura lacandona: “él no tenía miedo de morir, sabía que los que mueren en la lucha no son olvidados”.




Texto publicado originalmente en Hemisferio Zero.

domingo, 16 de marzo de 2014

La lucha zapatista sigue viva veinte años después



La madrugada del 1 de enero de 2014 tuve la oportunidad de presenciar la celebración del XX aniversario del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el caracol de Oventic, en el estado de Chiapas, México. En una noche fría y húmeda, bajo una espesa cortina de niebla, las comunidades zapatistas festejaron los veinte años de lucha indígena contra el gobierno federal de México. Pese a que el enfrentamiento armado con el Ejército sólo se prolongó oficialmente durante los primeros doce días de 1994, el movimiento zapatista ha mantenido su estructura político-militar durante dos décadas para defender la autoproclamada autonomía de los pueblos mayas del sureste mexicano. Tras pedir una tregua a los insurgentes ante las grandes manifestaciones populares en todo el país en contra de la guerra en Chiapas, el gobierno federal firmó con el EZLN los Acuerdos de San Andrés en 1996. El incumplimiento de las promesas de reconocimiento de derechos de los pueblos indígenas por parte del gobierno llevó a los zapatistas a construir su modelo político al margen del Estado, levantando una estructura administrativa que materializara su ideal del buen gobierno. Democracia, libertad y justicia fueron y son todavía hoy las principales reivindicaciones del EZLN, que a treinta años de su fundación el 17 de noviembre de 1983 y a 20 del levantamiento armado que conmocionó al país y al mundo continúa llamando a la resistencia y a la rebeldía para “construir un mundo mejor donde quepan muchos mundos”.

En Oventic, la noche del 31 de diciembre de 2013 al 1 de enero de 2014, la Comandanta Hortencia del EZLN pronunció un emotivo discurso en el que repasó los largos años de lucha de los pueblos indígenas mayas de Chiapas. Este vídeo contiene el discurso íntegro acompañado de imágenes de la celebración.





A continuación, la transcripción completa del discurso de la Comandanta Hortencia:

"Compañeros, compañeras, bases de apoyo. Integrantes de los consejos autónomos. Autoridades locales y Juntas de Buen Gobierno. Compañeros, compañeras insurgentes y milicianos, donde quiera que se encuentren. Hermanos y hermanas, compañeros, compañeras nacionales e internacionales. Participantes y no participantes de nuestra escuelita zapatista que nos honran con su presencia. En todos los caracoles zapatistas se han concentrado nuestros pueblos para celebrar  el XX aniversario de nuestro levantamiento armado como Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Hoy, primero de Enero del 2014, estamos cumpliendo 20 años de estar en guerra en contra de un sistema social injusto. Representado por los tres niveles de malos gobiernos -municipal, estatal y federal-, que son fieles títeres del neoliberalismo, principal causante de las grandes injusticias que padecemos millones de seres humanos de nuestro país y en todos los países del mundo.

Los grandes neoliberales, que se consideran señores y dueños del mundo, ellos planean y deciden el destino de la humanidad. Por eso los malos gobernantes de nuestro país, ambiciosos de poder y de dinero, hacen todo lo posible por saquear y destruir la riqueza de nuestro país. Por entregar a manos extranjeras la vida y el destino de nuestra patria, privatizando los recursos naturales y todos los servicios sociales. Y por hacernos creer que apoya a los pueblos, pide más préstamos con sus amos y de esta manera aumenta más la deuda eterna de nuestro país. Y en cambio a esos que se dicen gobiernos se enriquecen más y más a costa del pueblo mexicano.

A  los pueblos indígenas de nuestro país hay que despojarlos de sus tierras y de sus recursos naturales, hay que desplazarlos de su pueblo de origen, hay que someterlos, hay que encarcelar o desaparecer a sus dirigentes. Y a los zapatistas hay que hacer todo lo posible por perseguirlos, por atacarlos en todos los aspectos, con el fin de debilitar y destruir su organización y su lucha por la construcción de su autonomía.

Por eso muchas de nuestras bases de apoyo han sufrido y sufren agresiones, despojos, desalojos, persecuciones, encarcelamientos y asesinato a través de los paramilitares, y de la gente afiliada a los diferentes partidos políticos respaldados por los tres niveles de malos gobiernos. Todos estos actos criminales que nos hacen los malos gobiernos hemos tenido que soportar durante 20 años. Es una verdadera guerra de exterminio. Por eso hay decenas de miles de soldados federales y policías que están ocupando nuestras tierras y territorios indígenas.

A pesar de tantas maldades y provocaciones también en estos 20 años hemos aprendido a sobrevivir, hemos aprendido a resistir de manera organizada y estamos aprendiendo a gobernarnos  de acuerdo a nuestras formas de pensar y de vivir. Nuestros trabajos en todos los niveles  estamos tratando de avanzar, de mejorar, de organizar y fortalecer entre todos, hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos.

Hace 25 y 30 años éramos totalmente engañados, manipulados, sometidos, controlados y olvidados. Sumidos a la ignorancia y a la miseria. Pero hace 20 años, como estas fechas dijimos ya basta: hasta aquí hemos llegado, hasta aquí hemos aguantado y ya nunca más una patria sin nosotros. Y así nos dimos a conocer ante la nación y ante el mundo, que existimos y aquí estamos.

Hace 20 años no teníamos nada, ningún servicio de salud ni educación que sea del pueblo. Ningún pueblo puede nombrar su propia autoridad si no es reconocido o controlado por los partidos. Ningún pueblo puede destituir su autoridad, cuando no cumple con su deber y obligación, como cuando se vuelve manipulado y corrupto, porque está respaldado por los gobiernos oficiales, estatal y federal, es decir, no existía ningún nivel de autoridad que sea realmente al servicio del pueblo. Pero ahora nuestros pueblos cuentan con su gobierno autónomo, a nivel local, municipal y de zona. Bien o mal se haya hecho, pero es la decisión y voluntad del pueblo de elegir a su propia autoridad y quitar de su cargo cuando es necesario. Nuestros pueblos han empezado a vivir  y a gobernarse con sus propias formas de pensar y de entender como los hacían nuestros padres y abuelos. Es decir, hemos empezado a vivir la autonomía y la libertad según los y las zapatistas.

Esta construcción de nuestra autonomía es la práctica de la democracia, de la libertad, de igualdad y justicia. Sigue su marcha, y ya nadie la podrá detener. El conocimiento y las experiencias que muchos de nosotros estamos compartiendo con las nuevas generaciones de niños y jóvenes. Y estamos preparando a nuestros pueblos a resistir y a gobernarse.

En nuestros pueblos y zonas zapatistas ya no mandan los malos gobernantes, ya no controlan ni manipulan los partidos porque desde hace 20 años los botamos a la basura a todos los partidos políticos. Ahora son los mismos pueblos que piensan, analizan y deciden quién va a ser su autoridad y cómo quiere ser gobernado de acuerdo a sus propias formas y leyes autónomas.

Estamos tratando de mejorar nuestro sistema de salud, educación y nuestro sistema de gobierno autónomo. Estamos claro que todavía falta mucho por hacer, estamos seguros que nuestra lucha avanzará porque está basada en la verdadera democracia, libertad y justicia.

Para enriquecer y fortalecer nuestra resistencia, nuestra autonomía y nuestra lucha, nos encontramos los pueblos y zonas zapatistas para compartir nuestras ideas y nuestras experiencias. Así entre todos tratamos de mejorar nuestros trabajos y corregir nuestros errores. Para que nuestros hermanos y hermanas de nuestro país y del mundo conozcan y vean nuestros pequeños esfuerzos y humildes experiencias. Tratamos de compartir con ellos y ellas a través de la escuelita zapatista, donde nuestras bases de apoyo son las que hablan de su vida, de su historia, de su trabajo, de su resistencia y de su lucha.

Aunque sabemos que los tres niveles de malos gobiernos nunca dejarán de hacernos la guerra, como lo han demostrado durante veinte años. Porque a través de sus paramilitares y de sus seguidores afiliados en los diferentes partidos políticos han agredido, despojado, desalojado, provocado, amenazado y robado las pertenencias de nuestras bases de apoyo. Los malos gobiernos y su gente comprada están tratando de quitarnos las tierras que recuperamos en 1994, que estaban en manos de los finqueros, de los ganaderos y terratenientes que tanto mal les hicieron a nuestros padres y abuelos. Por defender sus derechos, sus tierras y sus vidas han sido encarcelados y asesinados varios de nuestros compañeros.

Compañeros y compañeras, la mejor forma de honrar la memoria de todos nuestros compañeros y compañeras caídos y caídas es comprometernos más en la lucha, es seguir el ejemplo de nuestros compañeros y compañeras, quienes nunca se vendieron, nunca se rindieron, nunca claudicaron hasta dar la vida por su pueblo.

Aunque esto significa entonces que los zapatistas tenemos que trabajar más, organizarnos más, realizar los trabajos en todos los aspectos, crear y organizar más trabajos colectivos. Ya no solo se trata de resistir, sino que tenemos que organizar la resistencia en todos los niveles. Sabemos que no es tarea fácil, pero es necesario, porque no vamos a esperar que alguien venga a luchar por nosotros. Sino que nosotros mismos tenemos que esforzarnos más para llevar a los hechos los trabajos que se necesitan para resistir y seguir adelante en la lucha mientras sigamos con vida.

Estamos claro que esos malos gobiernos seguirán gastando muchos millones de dólares para financiar la guerra, para seguir con los planes y programas de contrainsurgencia con el objetivo de destruir la organización y la resistencia de los pueblos zapatistas. Por eso cada sexenio de gobierno queda más endeudado nuestro estado y nuestro país, por financiar la guerra contra los pueblos indígenas y en contra de todos los sectores sociales que luchan por defender sus derechos y mejores condiciones de vida. Los malos gobiernos, los poderosos, los opresores y explotadores piensan que con esto se va a acabar la lucha zapatista. Piensan que toda la vida van a estar callados los pueblos que sufren la explotación y toda clase de injusticias. Pero se equivocan porque aquí estamos y aquí estaremos.

Hay miles de hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos de todos los sectores, de todas las razas, de todas lenguas y culturas de los diferentes países del mundo que están dispuestos a luchar por construir un mundo mejor donde quepan muchos mundos, donde reine la libertad y la justicia que hoy reclama la humanidad.

Tenemos las mejores armas para combatir contra el mal, para luchar contra la muerte y construir la vida nueva para todos. Nuestras armas son la resistencia, la rebeldía, la verdad, la justicia y la razón, que está a nuestro lado.

Ahora es el tiempo de fortalecer y globalizar la resistencia y la rebeldía. Porque sabemos que esos mentirosos, ladrones y criminales que se dicen gobiernos nunca dejarán de atacarnos, nunca dejarán de perseguirnos, nunca dejarán de encarcelarnos. Y tratarán de acabarnos y borrarnos de la historia. Pero no podrán porque nuestra lucha tiene su causa justa: democracia, libertad y justicia.

Desde Oventic, Caracol II, Resistencia y Rebeldía por la Humanidad, Zona Altos de Chiapas, México, 1 de enero de 2014".