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martes, 7 de mayo de 2013

Marruecos: una localización privilegiada

La excepcionalidad de Marruecos también se hace notar, aparte de en sus aspectos históricos, políticos o religiosos, en lo que se refiere a sus relaciones exteriores. Su envidiable posición estratégica, al ser el único país árabe que cuenta tanto con salidas al océano Atlántico como al mar Mediterráneo, así como su condición de puerta sur del Estrecho de Gibraltar, hacen del territorio marroquí una pieza clave para la estabilidad del comercio marítimo mundial. Considerado “aliado preferencial” por Estados Unidos, el reino alauí es fiel colaborador de Washington en la lucha contra el integrismo islámico. En 2002, además, ambos países firmaron un acuerdo de libre comercio. Dos años antes, Marruecos ya había accedido a levantar sus barreras aduaneras con la Unión Europea, con la que mantiene una “alianza estratégica”.

Las relaciones entre Bruselas y Rabat también son cordiales, pese a la disputa territorial que Marruecos mantiene con uno de los Estados miembros de la UE: España. Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla –además de los enclaves de soberanía española repartidos por toda su costa mediterránea- son objeto de deseo del nacionalismo marroquí. En cualquier caso, los intereses entrecruzados facilitan el acercamiento a los dos lados del Estrecho. Europa necesita a Marruecos para frenar el tráfico de drogas –las montañas del Rif contienen las mayores plantaciones de cannabis del mundo- y la migración subsahariana irregular. Por su parte, la economía marroquí es muy dependiente de las inversiones y el comercio comunitario.

Esta posición geopolítica privilegiada confiere a Marruecos un status en la sociedad internacional que refuerza su singularidad.

Nota: este breve texto sirve de apoyo al artículo que publiqué el día 1 de mayo de 2013 en Hemisferio Zero: http://hemisferiozero.com/2013/05/01/la-excepcion-marroqui/ 

lunes, 25 de junio de 2012

De Asunción a El Cairo: resistencias a una época de cambios


Semana convulsa en el mundo la que finalizó ayer. Golpes de Estado encubiertos, vuelcos electorales, cazas derribados o enfermedades inoportunas, nada ha faltado en la actualidad de los últimos días.

Lo más relevante: la extraña evolución de los hechos en Egipto. En la semana del recuento electoral, el Ejército disolvió el Parlamento y redujo los poderes del Presidente, a la vista de que el candidato continuista Shafik podría ser superado por los Hermanos Musulmanes. Todo ello aderezado con la incertidumbre de la posible muerte de Hosni Mubarak, dictador egipcio derrocado por la Primavera Árabe. Finalmente, y contra el pronóstico de muchos, ayer se anunció oficialmente la victoria del islamista Mursi. Egipto, país clave en las relaciones de poder en Oriente Medio, será por primera vez gobernado por los Hermanos. Sigue así los pasos de otra potencia local, Turquía, tantas décadas definida por su Estado laico, y desde hace nueve años dirigida por un líder islamista moderado. El nuevo Presidente egipcio se ha apresurado a declarar su intención de gobernar “para todos los egipcios” y se ha comprometido a respetar los acuerdos internacionales vigentes. Ello debería tranquilizar a Israel, siempre alerta ante los procesos de cambio en los países de su entorno. Israel y Egipto tienen un acuerdo de paz desde 1978, y su mantenimiento es vital tanto para la estabilidad regional como global. La celebración de la victoria de Mursi en la Franja de Gaza es un síntoma del posible cambio de roles en el enquistado conflicto palestino-israelí.

(Klaus Kondrup, Global Polity 3)

No obstante, la victoria islamista en Egipto no ha sido la única noticia que ha sacudido Oriente Medio esta semana. El viernes, un avión militar turco fue derribado en las inmediaciones de Siria. El caza vulneró el espacio aéreo sirio y acabó siendo destruido por las fuerzas de Al-Assad. El incidente, muy probablemente, no pasaría de mero conflicto de poca importancia de no ser por la turbulenta situación que vive Siria. Las condenas internacionales a la violencia ejercida por el Gobierno se han ido incrementado en los últimos meses. Países como España hace tiempo que retiraron a su embajador de Damasco. Las tensiones con Turquía han sido mayores, debido al intenso flujo de refugiados sirios que cruzan la frontera en dirección al país otomano. Como consecuencia, el Gobierno de Erdogan ha decido notificar el suceso a la OTAN, organización de la que Turquía forma parte, y al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Teniendo en cuenta las continuas advertencias de Estados Unidos a Al-Assad, el incidente del caza turco podría erigirse en motivo de intervención militar. Si bien no parece que Rusia y China vayan a cambiar su posición de respeto a la soberanía siria, Occidente podría haber encontrado ahora una razón para actuar unilateralmente en el conflicto interno sirio. De momento, Turquía no ha invocado el artículo 5 de la Alianza Atlántica, que permite a los países miembros reclamar ayuda militar de sus aliados frente a una agresión de un tercer Estado. No hace falta recordar las posibles consecuencias que una guerra en Siria podría provocar. Sólo mencionar algunos países implicados -como Irán, Israel, Rusia o Estados Unidos- puede darnos una idea del potencial desestabilizador del polvorín sirio.

No muy lejos de Turquía, en la casa de su vecino y más tradicional rival militar, también se viven tiempos revueltos. Grecia, paradigma de la crisis del euro, por fin tiene nuevo Gobierno. El conservador Samaras venció en las elecciones del pasado domingo y ha sido capaz de formar Gobierno gracias al apoyo parlamentario de PASOK y DIMAR, dos partidos de centro izquierda. SYRIZA, la izquierda radical griega, se quedó a las puertas de una histórica victoria que hubiese culminado su meteórico ascenso político de los últimos meses. Circunstancias del destino, el nuevo Primer Ministro griego ha sufrido un desprendimiento de retina poco después de su victoria electoral. Los malintencionados verán un paralelismo con la ceguera política demostrada por el líder de Nueva Democracia a la hora de someterse servilmente a la troika, en vez de tratar de imponer condiciones dignas para su pueblo. En cualquier caso, Samaras se perderá la importantísima cumbre europea de esta semana, quedando ésta descafeinada sin la presencia del nuevo gobernante del país que podría acabar con el proyecto comunitario.

(Stratfor 2011)
Por si lo analizado hasta ahora no fuera suficiente, la actualidad semanal nos obliga a cruzar el charco. Paraguay, ese pequeño país latinoamericano hostigado por una historia cruel, ha sufrido un golpe de Estado maquillado de legalidad. El hasta ahora Presidente Fernando Lugo fue depuesto de su cargo tras un “juicio político”. El Senado paraguayo inició este proceso contra el Jefe del Estado por encontrarle responsable de la muerte de 17 personas en un choque entre campesinos y policías. En apenas 24 horas se llevó a cabo el “juicio”, que acabó con la destitución de Lugo y el nombramiento de Federico Franco como nuevo Presidente. Huelga decir que en tan ínfimo espacio de tiempo ni se pudo llevar a cabo una investigación minuciosa de los hechos, ni Lugo puedo defenderse con suficientes garantías. El líder socialista y ex obispo aceptó en un principio la decisión del Senado, aunque no ha dudado de tildarlo “golpe de Estado express”. Lo cierto es que el nuevo Gobierno del liberal Franco se enfrenta a un panorama internacional hostil. Ningún país vecino ha reconocido al nuevo Ejecutivo. Organizaciones regionales como Unasur, Mercosur o la OEA han rechazado la legitimidad de Franco. Este dato es de extrema importancia debido a la gran dependencia que la economía paraguaya tiene de sus vecinos, especialmente del gigante Brasil. La condena de Dilma Roussef no ha sido tan vehemente como la de Cristina Fernández, Hugo Chávez o Rafael Correa, pero Brasilia ha llamado a consultas a su embajador en Asunción y ha expresado a través de Mercosur “su más enérgica condena a la ruptura del orden democrático acaecido en la República del Paraguay, por no haberse respetado el debido proceso”. En definitiva, el país guaraní vive momentos de crisis: la izquierda se ha echado a las calles, la policía ha tomado la sede de la televisión pública y la Iglesia Católica ha mostrado su apoyo a Franco. Lugo, mientras tanto, acudirá a la cumbre del Mercosur esta semana. El nuevo Gobierno necesita apoyo internacional para afianzar su posición interna. Ante el rechazo de sus vecinos, muy posiblemente buscará el auxilio de Washington.

Esta ha sido la semana, cargada de intrigas en el escenario internacional. El orden mundial vive momentos de crisis. La catástrofe financiera en Occidente ha afectado a todo el globo. Las crisis sociales se suceden, y éstas se transforman en cambios políticos. Ya lo vimos hace una década en América Latina, donde el negro rastro dejado por el FMI preparó el caldo de cultivo para transiciones políticas en toda la región. Lo estamos viendo ahora en los países árabes, donde la crisis económica y las ansias de libertad forzaron la marcha de dictadores y el establecimiento de nuevos sistemas democráticos. También en Grecia, y quizá pronto en el resto de la periferia europea, los partidos tradicionales se descomponen paulatinamente, dejando paso a nuevas fuerzas políticas. No obstante, en etapas de cambio siempre hay actores que luchan por conservar el orden previo. En Egipto, el Ejército, muy influenciado por EEUU, se resiste a ceder el poder. En Siria, la superpotencia se presenta como libertadora del pueblo sirio oprimido, aunque en realidad su interés geopolítico oculto sea la contención de sus rivales Rusia, Irán y China, a la par que la defensa de su aliado Israel. En Grecia, el poder financiero estadounidense, alemán y francés se juega 100.000 millones de euros. Demasiado dinero como para arriesgarlo frente una posible victoria de la izquierda radical, que propone auditar la deuda y pagar sólo aquella parte que sea legítima. Por ello, el Financial Times ya se aseguró de asustar a los griegos y pedir abiertamente el voto contra SYRIZA. Por último, en Paraguay se ejemplifica la ofensiva de la clase dirigente latinoamericana, que se revela contra la voluntad popular de reformar la sociedad. Paraguay, el país con la distribución de tierras más injusta del continente, sufre un golpe político conservador. Teniendo en cuenta la historia reciente de EEUU, no sería de extrañar que sus servicios de inteligencia estuvieran involucrados en esta ruptura institucional en un país de su “patio trasero”. Sea como fuere, el mundo se encuentra en un proceso de cambio, y es difícil que nadie pueda pararlo. Ni siquiera la superpotencia hegemónica.


lunes, 16 de abril de 2012

La joya de Dinamarca


Cuando los tiempos de crisis arrecian, el ser humano siempre tiende a buscar modelos de gestión alternativos que puedan poner fin a los problemas. En el mundo actual, uno de los modelos más envidiados es el escandinavo. Sociedades modernas e igualitarias, alto nivel de bienestar y gran concienciación respecto al medio ambiente, son algunos de los rasgos que definen a esta región, única en el planeta. Formada por Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia, Escandinavia se erige en el último bastión del Estado del Bienestar. En un mundo occidental cada vez más aquejado por la austeridad fiscal y los recortes en el sector público, los países nórdicos parecen quedarse solos en la garantía total del bienestar colectivo a sus ciudadanos. De los cinco países que forman la región, destaca uno en concreto: Dinamarca.

Los daneses, el pueblo más feliz del mundo (ONU)


Dinamarca es un pequeño país del norte de Europa de apenas cinco millones de habitantes. Tiene la presión fiscal más alta de la Unión Europea, pero sus ciudadanos –según diferentes estudios- son los más felices del mundo. Conjuga, además, un sistema político muy participativo y plural con una monarquía hereditaria que es la más antigua del mundo. Actualmente, Dinamarca goza de importante peso en las organizaciones internacionales, al ostentar la presidencia rotatoria de la Unión Europea y tener a un ex Primer Ministro comandando la OTAN. Además, gracias a su frontera terrestre con Alemania y a su atractivo arquetipo socio-económico, el país de Hans Christian Andersen ha sido un importante polo receptor de migración en las últimas décadas.


Hace pocos días, la ONU publicaba su Informe sobre la Felicidad Mundial. Un año más, Dinamarca sigue a la cabeza, justo por delante de Suecia y Finlandia. A priori, podría parecer complicado de entender: un país caro, frío, oscuro, sin paisajes impresionantes ni gastronomía que deleite al paladar. No obstante, los daneses saben apreciar su alta calidad de vida, las cómodas prestaciones otorgadas por el Estado, el igualitarismo social o la escasa contaminación de sus ciudades.


Si por algo es conocida Dinamarca, es por su amplio Estado del Bienestar, soportado por altas cargas impositivas a las rentas del trabajo. Hasta el 60% del salario de muchos trabajadores daneses es retenido por las arcas públicas. Esta astronómica cifra, sólo comparable a sus vecinos escandinavos y sin parangón en el resto del mundo occidental, permite sufragar una extensísima cobertura social que va mucho más allá del subsidio de desempleo o la sanidad y educación públicas. En Dinamarca, las parejas jóvenes no tienen miedo a tener hijos porque la baja maternal se alarga durante nueve meses y la paternal hasta las 14 semanas. Además, el Estado otorga una renta mensual de 150 euros por hijo hasta que cumpla los 18 años. En ese momento, el joven pasa a cobrar de la Administración una cuantía algo más elevada. Y, si decide estudiar en la universidad, tendrá derecho al conocido como Apoyo Educacional (Statens Uddannelsesstøtte): alrededor de 650 euros mensuales percibidos durante un máximo de seis años por todo universitario danés que lo solicite. Y, por si fuera poco, todo el sistema educativo público danés, desde la guardería hasta el postgrado, es gratuito. Y no sólo para los daneses, también para el resto de ciudadanos de la Unión Europea.


 "Black Diamond", biblioteca pública situada en el centro de Copenhague


Lise Rom Petersen nació en Holte, una pequeña localidad cerca de Copenhague, hace 21 años. Estudia Magisterio en una universidad pública de la capital danesa. Lleva dos años recibiendo el Apoyo Educacional, lo que le ha permitido salir de la casa de sus padres para vivir por su cuenta. Sin embargo, debido a los altos precios de alquiler en Copenhague, Lise se ve obligada a trabajar algunas horas en una cafetería. “No sé por qué en España el Estado no ayuda a los jóvenes a independizarse, ahora entiendo por qué viven con sus padres hasta los treinta y tantos”, comenta entre risas. Lise es uno de tantos jóvenes daneses que tienen la oportunidad de desarrollarse humana e intelectualmente con el apoyo de la financiación pública. El Estado, pese a no exigir una devolución del dinero invertido, suele verse recompensado años más tarde, cuando esos jóvenes convertidos ya en adultos contribuyentes, paguen con gratitud sus impuestos correspondientes.


Otra virtud de Dinamarca reside en su abierto sistema político. La pluralidad de opciones políticas es fácil de apreciar observando un debate electoral danés. A diferencia de España, donde las opciones se reducen a un cara a cara entre los dos partidos mayoritarios, en Dinamarca es común la participación de hasta ocho representantes políticos en los debates. El Parlamento (Folketing) se encuentra muy fraccionado, teniendo el partido más votado apenas un cuarto de los asientos. Tras la últimas elecciones parlamentarias, celebradas en septiembre de 2011, el Partido Socialdemócrata volvió al poder, pero tuvo que compartir el Gobierno con otras dos formaciones, cuyo apoyo indispensable necesitaba para alcanzar mayoría en la cámara. El reparto de las carteras ministeriales entre diferentes partidos es muy común en el país nórdico, dónde no se ha dado un Gobierno monocolor en los últimos cincuenta años. Y es que, si hay alguna palabra importante en la política danesa, esa es “consenso”. Existe la costumbre de tomar las decisiones con el apoyo de la mayoría de fuerzas, dando así estabilidad y continuidad a las medidas adoptadas. Anders Peter Hansen, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Copenhague, explicaba así la diferencia fundamental entre la política escandinava y la mediterránea: “en el sur de Europa se gobierna por mayoría, el Gobierno de turno legisla a su antojo sin buscar el consenso con el resto, lo que provoca que la siguiente Administración deshaga todo lo hecho nada más llegar al poder”.


Si existe algún gran consenso en la política danesa, ese es sobre el Estado del Bienestar. Ningún partido con aspiraciones de gobierno se atreve a poner en duda la existencia del mismo. Ni siquiera el bloque conservador que ha gobernado la última década ha recortado los servicios sociales. Sólo la Alianza Liberal, partido con escasa representación, alza la voz contra el amplio sector público. Ahora, con la vuelta de la socialdemocracia al poder, se espera que el Estado del Bienestar, en vez de menguar como ocurre en el resto del continente, sea reforzado. Pero, para Christian F. Rostbøll, también profesor de la Universidad de Copenhague, no está siendo así. “El nuevo Gobierno de centro-izquierda está decepcionando a aquellos que esperaban un giro económico a la izquierda”, afirma.



Helle Thorning-Schmidt, actual Primera Ministra, es la primera mujer que alcanza este cargo en Dinamarca


Uno de los elementos que definen la política de un país es su sistema electoral. El danés comparte algunas similitudes con el modelo español: es proporcional y utiliza la ley D’Hondt para repartir los escaños. No obstante, una gran diferencia entre ambos reside en las listas. Mientras que en España las listas son cerradas y bloqueadas, en Dinamarca son abiertas. Esto significa que, si los españoles sólo podemos optar por una lista de nombres previamente elaborada por los partidos -sin opción alguna a modificarla-, en Dinamarca los ciudadanos tienen la capacidad de elegir directamente al candidato que más confianza les inspire, más allá de los líderes más mediáticos y sus camarillas. Sin embargo, la principal diferencia entre los dos sistemas, y que hace al modelo danés mucho más representativo, es la diferente distribución de las circunscripciones. En Dinamarca, se utilizan dos niveles territoriales para distribuir los escaños. Por un lado, el país se divide en diez circunscripciones plurinominales a las que se reparten 135 asientos de los 179 que componen el Parlamento. Para compensar la desviación originada por circunscripciones con desigual peso demográfico, existe un segundo nivel territorial: tres provincias electorales entre las que se distribuyen otros 40 asientos. Finalmente, los cuatro escaños restantes están reservados a los dos territorios de ultramar: Groenlandia y las Islas Feroe. Este complejo procedimiento sitúa al danés como uno de los sistemas más proporcionales que existen. Por contra, España está a la cola en el índice de proporcionalidad de los sistemas formalmente proporcionales.


Aun así, no todo son buenas noticias en el tranquilo país escandinavo. La situación geopolítica de Dinamarca -único país escandinavo que comparte frontera terrestre con el resto de la Unión Europea-, unida a su seductor modelo socio-económico ha atraído a multitud de migrantes en las últimas décadas. Esto ha puesto en alerta a algunos sectores de la nación danesa, alarmados ante la posibilidad de desestabilización de su pequeña, homogénea y eficiente sociedad. Es por ello que el partido anti-inmigración danés se ha convertido en la tercera fuerza política del país, habiendo formado parte de los gobiernos conservadores de la última década. De todas formas, la formación ultranacionalista ha retrocedido en apoyos tras las últimas elecciones, lo que indica que la preocupación de los daneses por la inmigración se ha relajado. Además, como expresa Rostbøll, “la gran noticia sobre el cambio de Gobierno en Dinamarca es que ya no se harán más concesiones a la extrema derecha”.



F-16 Fighting Falcon de la Royal Danish Air Force en acción


De cara al exterior, el peso de Dinamarca se ha reforzado notablemente en los últimos tiempos. Desde el pasado 1 de enero ejerce la presidencia rotatoria de la Unión Europea, con el poder simbólico que ello conlleva. Helle Thorning-Schmidt, la nueva jefa del Ejecutivo danés, ha visto reforzado su protagonismo en Bruselas en estos primeros meses de mandato. Por otro lado, Anders Fogh Rasmussen, quien otrora ocupara el asiento de Thorning-Schmidt, desempeña el cargo de Secretario General de la OTAN. Este hecho es un claro gesto de los aliados occidentales al esfuerzo militar realizado por Dinamarca en las últimas décadas. La Dannebrog (bandera danesa) ha participado en todas las grandes contiendas militares llevadas a cabo por la Alianza desde los años 90. Bosnia, Kosovo, Afganistán, Irak y Libia no han sido ajenos a la fuerza bélica danesa. Quizás su gran implicación en la OTAN es la razón que lleva a Dinamarca a ser el único país de la Unión Europea que no participa en la Agencia de Defensa continental.


En definitiva, este minúsculo país de apenas cinco millones de habitantes representa una alternativa a la corriente ideológica mayoritaria que arrastra a Europa a la austeridad fiscal y adelgazamiento de los servicios públicos. Pese a tener sus defectos, Dinamarca es un ejemplo en cuanto a calidad democrática y protección de sus ciudadanos se refiere. Su sistema político plural permite que los ciudadanos puedan canalizar eficazmente sus demandas a través de las vías institucionales. Su amplísima cobertura estatal facilita que los daneses vivan sin una angustia económica continua. Todo ello, además de mejorar sus ratios de felicidad, permite a todos sus habitantes aspirar al ascenso social y a la consecución de sus expectativas vitales. Sin duda, la joya de la Corona danesa no reside en el palacio de la Reina, sino en los generosísimos servicios sociales provistos por el Estado.


Este reportaje fue publicado originalmente en La Cuestión, revista de información internacional.



miércoles, 8 de febrero de 2012

Tambores de guerra

La magnitud de la crisis económica, que azota sobre todo al sur de Europa, unida a la creciente desestabilización de Oriente Medio, no hacen presagiar tiempos de paz en el futuro inmediato. Mientras Grecia se consume en un mar de huelgas que ponen a prueba la capacidad represiva de su cuerpo policial, la ciudad siria de Homs se convierte en un infierno para los disidentes al gobierno de Bashar al-Assad. La crisis nuclear iraní, otro foco de conflicto.

Y es que siguen creciendo las tensiones entre Irán y el eje OTAN-Israel. Atentados contra científicos nucleares iraníes y amenazas de embargo a sus exportaciones de petróleo son las tácticas utilizadas por los países occidentales para ahogar a la república islámica. Irán sigue en sus trece, manteniendo sus legítimas aspiraciones a convertirse en una potencia atómica. Además, amenaza con cerrar el estrecho de Ormuz, por donde transita un tercio del petróleo mundial, en caso de que el embargo se materialice. Si Teherán lleva a cabo este plan el precio del crudo se dispararía. EE UU ya ha anunciado que, de producirse este escenario, utilizaría su fuerza militar para disuadir a Irán del bloqueo del estrecho. La V Flota estadounidense tiene su base en Bahréin, a pocos kilómetros de Ormuz y de las costas iraníes. Bahréin, por cierto, aquel pequeño país en el que la Primavera Árabe fue reprimida sin contemplaciones con la ayuda del ejército de Arabia Saudí. No obstante, Bahréin y Arabia Saudí, pese a ser gobernados por monarquías feudales anacrónicas y haber "contenido" por la fuerza a sus manifestantes pro democráticos, nunca han sido objeto de sanciones ni resoluciones condenatorias por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

El doble rasero del organismo con sede en Nueva York sí ha afectado, por contra, a Siria y a Libia. Tras legitimar el apoyo aéreo a los rebeldes anti-Gadaffi, y propiciar más tarde el derrocamiento y linchamiento del dictador libio, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad no alineados con la OTAN (es decir, Rusia y China), no parecen estar por la labor de permitir lo mismo en Siria. A riesgo del sufrimiento de la parte del pueblo sirio levantada en armas contra Al-Assad, rusos y chinos se posicionan contra cualquier ataque militar en otro país de Oriente Medio o el Magreb. De hecho, en plena crisis diplómatica (son ya muchos los países occidentales que han roto relaciones con el gobierno sirio), el ministro de Exteriores ruso ha visitado Damasco para reforzar su oposición a cualquier intervención militar extranjera. La Liga Árabe, por su parte, sí se ha posicionado rotundamente en contra de la represión de Al-Assad. Además, la Liga mantiene una misión de observadores sobre el terreno para facilitar la pacificación del país.

A todo esto, Europa sigue convulsionada por los coletazos de una crisis que parece no acabar nunca. Alemania (con el apoyo simbólico de Francia) sigue imponiendo al resto de la Unión sus condiciones de austeridad. A riesgo de recrudecer los efectos negativos en las economías de la periferia (paro y recesión), Angela Merkel está dispuesta a llegar hasta el final en su escarmiento a los excesos vividos durante las vacas gordas. Alemania no quiere arrimar el hombro a los socios que más sufren. Pone al sur contra las cuerdas tratando de darle una lección moral. Mientras, la industria teutona se sigue beneficiando de un mercado común formado por 500 millones de consumidores. Ante la posible caída de su socio Sarkozy en las inminentes elecciones francesas, que daría al traste con esa dupla tan mediática que maneja los designios de Europa, Merkel ya se ha posicionado en favor de su más apreciado socio. "Merkozy" competirá en los comicios galos con François Hollande, que ya ha anunciado su disposición a revisar el último pacto comunitario que institucionaliza la austeridad fiscal y el sometimiento de la periferia. Como no podía ser de otra manera, este panorama propicia el creciente sentimiento anti-alemán. En Grecia, veíamos ayer cómo se quemaba una bandera germana junto a una del partido nazi. El paralelismo está servido. Si en los años treinta el intervencionismo alemán en el resto del continente se hacía a paso de tanques y marchas militares, en el siglo XXI se hace con tijeras y tratados europeos.

En fin, corren tiempos difíciles en el planeta Tierra. La inestabilidad y conflicto se expanden por doquier trayendo de vuelta los fantasmas de guerras pasadas. ¿Sabremos salir de ésta igual que lo hicimos anteriormente? Más nos vale inventar nuevas soluciones. De lo contrario, tarde o temprano volveremos al punto de partida.





Fuentes:

http://ecodiario.eleconomista.es/espana/noticias/3728777/02/12/iran-el-cierre-del-estrecho-de-ormuz-doblaria-el-precio-del-petroleo.html

http://internacional.elpais.com/internacional/2011/12/28/actualidad/1325088551_372016.html

http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=475579&Itemid=1

http://feeds.univision.com/feeds/article/2012-02-08/sirios-deben-decidir-ellos-mismos-1

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1096251

http://www.mdzol.com/mdz/nota/360791-el-duo-merkozy-en-la-mira-de-europa/

http://www.lemonde.fr/election-presidentielle-2012/article/2012/02/08/traite-europeen-comment-hollande-veut-renegocier_1640284_1471069.html



@jaimegsb