martes, 3 de marzo de 2015

Chiapas, donde el miedo cambió de bando

“Desde 1994, todos los 31 de diciembre teníamos miedo de que vinieran los zapatistas. Hasta los indígenas nos amenazaban”. Estas palabras de una mestiza de Ocosingo dejan claro lo que supuso la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en la vida pública para la clase dominante chiapaneca. Una sociedad abiertamente racista, donde los descendientes de Pakal –gobernante maya del siglo VII-, no tenían permitido caminar por las aceras de ciudades coloniales como San Cristóbal de las Casas o Comitán de Domínguez, despertó incrédula en el amanecer de 1994. El primero de enero de ese año, mientras México soñaba con el espejismo de incorporarse al “primer mundo” mediante la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, un ejército de indígenas encapuchados tomó por sorpresa varios municipios del centro y oriente de Chiapas. Pese a que el asalto a los edificios del poder fue tan simbólico como fugaz, el impacto del levantamiento de los pueblos mayas socavó profundamente el imaginario colectivo del país mesoamericano.

El México del PRI, del indigenismo paternalista y del mestizaje etnocida recibió una bofetada de realidad al contemplar a un puñado de indios organizados capaces de burlar a las fuerzas de seguridad y dominar por unas horas la antigua capital chiapaneca, la Ciudad Real de los españoles rebautizada San Cristóbal de las Casas en honor al dominico Fray Bartolomé que luchó para que la corona ibérica reconociera que los indígenas eran tan humanos como los europeos. Los esfuerzos de Las Casas, sin embargo, nunca calaron en el grueso de la élite blanco-mestiza de Chiapas. Como muestran las novelas de la escritora comiteca Rosario Castellanos, hasta bien entrado el siglo XX los grandes hacendados continuaron tratando a los indígenas como a seres infrahumanos a los que se podía matar, violar o insultar según la voluntad del patrón. Quinientos años de sometimiento sirvieron para que muchos mayas olvidaran el legendario pasado de su pueblo e interiorizaran su condición de inferioridad. Todavía hoy se puede escuchar de la boca de un indígena chiapaneco referirse a los blancos o mestizos como “las personas de razón”. “¿Cómo va a gobernar un tojolabalero o un tzeltalero? Tendrán que hacerlo las personas de razón…” No obstante, tanto tojolabales como tzeltales, tzotziles, choles y el resto de pueblos mayas que habitan Chiapas recuperaron su conciencia de pueblos explotados y oprimidos en un proceso que culminó con el levantamiento zapatista. Emulando la sublevación indígena de 1712 contra la autoridad colonial, el EZLN lideró en 1994 un alzamiento que buscó devolver la dignidad a los pueblos originarios mexicanos.

La guerra abierta contra el estado apenas duró doce días, los que tardó el presidente Salinas de Gortari en decretar un alto el fuego unilateral ante la presión nacional e internacional para buscar una solución dialogada al conflicto. La negociación, interrumpida en febrero de 1995 por el ataque sorpresivo del Ejército mexicano a la comandancia zapatista, culminó con los Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena en 1996. Este acuerdo parcial, sin embargo, nunca se transformó en ley. Una versión reducida del mismo pasó el filtro parlamentario varios años después, en 2001, ya con el Partido de Acción Nacional en el poder tras desbancar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de su “dictadura perfecta” que había durado más de 70 años. Los zapatistas no aceptaron la nueva ley al considerarla una traición al pacto alcanzado cinco años antes, dado que no reconocía plenamente la autonomía y autogobierno indígena. Ante esta situación, el movimiento rompió toda relación con el estado y decidió recluirse en sus territorios de la Selva Lacandona y los Altos y Norte de Chiapas para construir su nueva sociedad por la vía de los hechos.

A lo largo de los últimos 21 años, el zapatismo ha demostrado ser mucho más que un ejército guerrillero. Su estructura militar es apenas un tentáculo del organismo rebelde, cuyo corazón lo forman las comunidades indígenas identificadas como Bases de Apoyo Zapatistas. Son los civiles organizados los que forman las asambleas de las comunidades, los consejos municipales y las Juntas de Buen Gobierno regionales. El EZLN, por tanto, no es una milicia revolucionaria al uso, sino un movimiento armado que se supedita a las decisiones de las comunidades indígenas donde tiene apoyo. 



Unas comunidades que, en la actualidad, se encuentran en su mayoría divididas entre zapatistas y no zapatistas, lo que provoca tensiones entre sus habitantes. A veces, las tensiones desembocan en violencia y en muerte, como ocurrió en mayo de 2014 con el asesinato de Galeano, prominente zapatista de la región de la Selva Fronteriza. Todavía sin esclarecer, este incidente muestra el nivel de crispación interno de las comunidades, donde las instituciones del estado se ocupan de agudizar la división mediante la entrega de ayudas en forma de alimentos, medicinas o material de construcción a los no zapatistas. La continua presencia de militares armados en los caminos no hace sino fortalecer la idea de que el conflicto no está ni mucho menos solucionado. Abandonada temporalmente la política gubernamental de armar a los indígenas no zapatistas formando grupos paramilitares que instauren el terror en las comunidades –cuyo auge tuvo lugar a finales de los 90 y su ejemplo más atroz se vivió en Acteal con el asesinato a sangre fría de 45 civiles indefensos-, ahora el gobierno trata de debilitar al zapatismo mediante el reparto de limosnas. “Ellos reciben comida y ahora ya no quieren trabajar. Se lo dan todo hecho. Tienen cosas materiales. Nosotros, en cambio, trabajamos duro para salir adelante. Tenemos algo mucho más grande que ellos han perdido: dignidad. La dignidad de lucha por lo que creemos”. Así se expresaba un tojolabal zapatista con quien conversé hace unas semanas en plena Selva Lacandona.
Sin pañuelo rojo ni pasamontañas, las bases zapatistas construyen su autonomía día a día con su trabajo en la milpa, cultivando maíz, frijol o café, levantando escuelas y clínicas para sus hijos o participando en las asambleas comunitarias. Su resistencia es dura. En un entorno donde no existen las comodidades de la ciudad y donde los alimentos, medicamentos o lápices no abundan, los zapatistas se niegan a recibir ayudas del estado, mientras observan cómo sus vecinos que renunciaron a la lucha obtienen todo tipo de ventajas. Sin embargo, son muchos los que continúan ondeando la bandera con la estrella roja. Muchos son los que, 21 años después del alzamiento y 32 años después de la creación del EZLN, siguen creyendo en que “otro mundo es posible”.

Desde 1994, el miedo cambió de bando en Chiapas. La oligarquía local comenzó a observar a los indígenas ya no como a seres inferiores e indefensos a los que poder explotar y menospreciar impunemente, sino como a sujetos organizados capaces de articular sus propias demandas y de llevarlas a la práctica en sus comunidades. Puede que el EZLN  no consiguiera forjar un movimiento a nivel nacional que propiciara un cambio político radical e inmediato en todo México, pero lo que sin duda consiguió fue devolver la dignidad a los pueblos originarios desde Sonora hasta Yucatán al grito de “Nunca más un México sin nosotros”.

En una ciudad tomada por el Ejército mexicano, la mujer mestiza de Ocosingo que mostraba su miedo a los indígenas al principio de este escrito no es la única que observa al zapatismo como una amenaza para sus intereses. En esta cabecera municipal considerada la puerta hacia la Selva Lacandona se produjo en enero del 94 el suceso más sangriento del enfrentamiento armado. 34 zapatistas murieron y 32 más desaparecieron durante la batalla librada en el mercado de Ocosingo, ciudad mayoritariamente tzeltal. Paradójicamente, pese a este revés militar, fueron los indígenas chiapanecos quienes perdieron el miedo a reivindicar sus derechos y a poner en práctica sus formas de gobierno autónomo e independiente de las instituciones del estado. Unas instituciones que solo se empezaron a acordar de ellos una vez emergió el movimiento zapatista, que representa una alternativa real al estado mexicano. El miedo, que dejo de tener rostro indígena y se trasladó a los blancos y mestizos chiapanecos que temían perder sus privilegios, cambió entonces de bando. Un miedo que trató de ser devuelto a sus portadores originales mediante la militarización y paramilitarización. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Los indígenas organizados ya han probado el sabor de la libertad, de la democracia y de la justicia. Cambiaron el miedo por la dignidad.




“Por trabajar nos matan, por vivir nos matan. No hay lugar para nosotros en el mundo del poder. Por luchar nos matarán, pero así nos haremos un mundo donde nos quepamos todos y todos nos vivamos sin muerte en la palabra. Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso. Nos quieren quitar la historia para que en el olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios. Muertos nos quieren.

Para el poderoso nuestro silencio fue su deseo. Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos. Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido.” EZLN, Cuarta Declaración de la Selva Lacandona, 1996.


"¿Escucharon?
Es el sonido de su mundo derrumbándose.
Es el del nuestro resurgiendo.
El día que fue el día, era noche.
Y noche será el día que será el día." EZLN, 2012.



Para leer más: "De la lucha contra la minería, a la cuna de la rebeldía zapatista".

lunes, 20 de octubre de 2014

Un año ya(f)


Ya ha pasado un año. Trescientos sesenta y pico días de nuevas experiencias. De nuevas vivencias tan inolvidables como efímeras. Tan trascendentes como irrelevantes. Doce meses conociendo nuevos lugares, nuevas personas, nuevas ideas. Doce meses aprendiendo de viejos lugares, viejas personas, viejas ideas. Ocho mil setecientas sesenta horas repletas de errores y aciertos, de ilusiones y decepciones, de rutinas y sorpresas. Quinientos veinticinco mil seiscientos segundos descubriendo, recordando, queriendo, ignorando, mirando, esquivando… Viviendof. Con f al final, como hablan los quiteños.

Recuerdo los primeros días. Cuando lo nuevo me evocaba lo viejo. Cuando paseando por la Avenida 10 de Agosto me sentía en la Hans Christian Andersen de Copenhague. Cuando me quedaba embobado viendo el Panecillo. Cuando me horrorizaba cruzarme con legiones de niños ansiosos por limpiarme los zapatos a cambio de unos centavos. Cuando me enervaba con los conductores que ignoraban los pasos de peatones. Cuando observaba a las dignas mujeres indígenas con ojos de antropólogo eurocéntrico. Cuando chismoseaba contra el machismo generalizado. Cuando me deleitaba con los imponentes volcanes.

Todavía hoy sigue ocurriéndome.

Me sobrecojo al ver al Cotopaxi cada mañana. Grito cuando un “carro” viola mis derechos de ciclista. Me indigno al ver a un “guagua” arrodillado ante un hijueputa trajeado. Siento la tentación de sacar la cámara al pasar junto a una otavaleña.

Hay cosas que un año no cambian.

“¿No llevas más que un año acá?”, me preguntaron el otro día. “Nada menos”, contesté. Mucho o poco, un año es un año.

“Guerra al tiempo”, exclama la piel de una amiga. No sé si hay que empuñar las armas. De lo que estoy seguro es que hay que vivir.  Vivir alegre, como enseñan las paredes de Cuenca. O al menos intentarlo. Unas veces se consigue y otras no. A rachas. Pero vivir. Y, si se puede, ignorar al tiempo.

En general, ha sido un año alegre. O al menos eso es lo que hay que decir a la familia y a los amigos que están lejos, necesitados de palabras tranquilizadoras que sirvan de morfina.

Ha sido un buen año, sí. Prejuicios rotos. Amistades forjadas. Baches superados. Calles pateadas. Choros esquivados. Visas renovadas. Cursos aprobados. Selvas exploradas. Volcanes escalados. Metas conseguidas.

Con lodo en las botas y sonrisa en la cara. La vida fluye. Año a año. Eso es lo que importa.


jueves, 17 de julio de 2014

En Diagonal: Fotografía para la memoria colectiva

Hoy vuelvo a pubicar en Periódico Diagonal casi un año después de mi última colaboración. Cuento la historia de un nuevo proyecto de fotoperiodismo independiente impulsado por cinco reporteros gráficos de reconocido prestigio internacional. Han pedido financiación a través de una campaña de crowdfunding y ya llevan más de 20.000 euros recaudados (https://www.indiegogo.com/projects/me-mo-magazine). Su objetivo, según Guillem Valle, uno de sus impulsores, "generar la memoria colectiva a través de las imágenes, documentando la realidad que nos rodea".

A continuación comparto el texto completo del reportaje:


Fotografía para la memoria colectiva

Gracanica, Kosovo. Una mujer mira al horizonte con la desconfianza propia de quien lo ha perdido todo. Alepo, Siria. Un hombre dispara su fusil mientras se protege tras una barricada en una ciudad devastada. Son dos de las muchas dramáticas escenas captadas por las lentes de un intrépido grupo de fotoperiodistas que se acaba de embarcar en una nueva aventura. Me-Mo, memoria en movimiento, es el nombre de la nueva revista digital lanzada por los fotógrafos Guillem Valle, Manu Brabo, Fabio Bucciarelli, Diego Ibarra Sánchez y José Colón para desafiar las leyes del precario mundo del periodismo actual. Gracias a una exitosa campaña de micromecenazgo, los jóvenes freelance han podido materializar una idea concebida desde hace dos años para analizar en profundidad cuestiones olvidadas por los grandes medios y contribuir a la generación de la memoria colectiva.

 Tras haber presenciado la declaración de independencia de Kosovo en 2008, Guillem Valle regresó a la antigua región yugoslava para explicar visualmente el sufrimiento de los desplazados serbios en un territorio dominado por albaneses. Gracanica, una localidad famosa por su histórico monasterio ortodoxo alberga a miles de serbokosovares que huyeron de la violencia para refugiarse en improvisadas viviendas en forma de contenedores. El gesto fruncido de la anciana retratada por Valle refleja un sentimiento: miedo. El miedo es precisamente el tema monográfico que abordará el primer número de Me-Mo, cuya publicación se prevé para finales de septiembre. “No creemos que mediante la fotografía podamos cambiar las cosas, pero sí que podemos generar la memoria colectiva a través de las imágenes, documentando la realidad que nos rodea”, asegura Valle, ganador del prestigioso premio World Press Photo. Este catalán de 30 años afirma que Me-Mo surge como alternativa a los medios de masas para “proporcionar una herramienta diferente que ofrezca más profundidad en las historias”. Además, Valle reconoce que la incertidumbre laboral que acompaña a los freelance también ha influido en el nacimiento de la revista. “Llevo haciendo fotos 15 años y nunca he tenido la sensación de no ser precario. No se valora el trabajo ni el esfuerzo que cuesta”, denuncia este reportero que ha colaborado con el New York Times y que fue el primero en captar la instantánea del cadáver de Muamar el Gadafi en la ciudad libia de Misrata.

En el conflicto libio también estuvo Manu Brabo, ganador de un premio Pulitzer por su trabajo en Siria para Associated Press. En Alepo, el fotógrafo asturiano pudo inmortalizar imágenes como la del combatiente rebelde que se enfrenta al ejército de Bashar al Asad en una solitaria y arrasada calle de la milenaria ciudad mercantil. Aunque asume que la precariedad laboral que acompaña a los fotoperiodistas de guerra se va a mantener, Brabo aspira a que Me-Mo le permita “mantener el control de todo el ciclo de trabajo, desde la preproducción hasta la publicación”. El gran cambio que el nuevo proyecto le proporcionará a él y a sus cuatro compañeros es que “no estaremos sujetos al anunciante, ni a la ideología de un empresario, ni a la inmediatez, ni a los temas de moda”.  Se trata, por tanto, de independencia. Un privilegio que, según Brabo, tiene su precio: “el periodismo independiente y de calidad hay que pagarlo”.

Ese precio será, a falta de la decisión final, de cinco euros. Tal será el coste de cada número de la revista, que será en inglés y estará disponible sólo para descargas en tabletas y teléfonos inteligentes. Dicho formato impedirá que aquellos que no poseen un dispositivo de última tecnología puedan acceder a la revista, pero facilitará la inclusión de contenido multimedia como vídeos o mapas que mejorarán la contextualización y profundización de los temas monográficos.  La periodicidad también está por definir, pero será en principio cuatrimestral. Para conseguir la ansiada independencia económica, la revista carecerá de publicidad. Aparte de los ingresos procedentes de las descargas, la autofinanciación proviene de la campaña de crowdfunding con la que los autores han recaudado 15.000 euros que servirán para pagar la licencia de software y la remuneración de los fotógrafos y diseñadores durante un año. Según Brabo, “la clave es que el esfuerzo y los recursos puestos en nuestro trabajo tengan salida, pero lo ideal sería que el proyecto se pudiera mantener y nos diera para sobrevivir”.

El proyecto, gestionado por sus impulsores mediante asambleas por videoconferencia, es una nueva iniciativa de jóvenes reporteros autónomos que busca arrojar luz en un mundo del periodismo cada vez más desprestigiado. Mostrar el sufrimiento anónimo de una anciana desplazada en Kosovo o la lucha armadade un rebelde en un país árabe es la particular forma de este grupo de fotógrafos y amigos de, como explican en su web, “contar historias y usar la narrativa siempre con los derechos humanos y la discriminación social como trasfondo, enseñando siempre la cara oculta de la historia”.

martes, 17 de junio de 2014

Suníes vs chiíes: la “guerra fría” entre Arabia Saudí e Irán


El auge del poder iraní en Oriente Próximo, potenciado en los últimos años por el ascenso de un gobierno chií afín en Irak, la caída de los talibanes –fundamentalistas suníes enemigos de la República Islámica iraní- en Afganistán y la popularidad ganada por Hezbolá tras la guerra de 2006 contra Israel, ha despertado suspicacias entre los Estados suníes de Oriente Próximo, recelosos de ver cómo Irán alcanza el estatus de potencia regional[1].

“Entre 2003 y 2012, Estados Unidos, en una serie de despistes, convirtió a Irán en un hegemón regional. Washington derrocó al régimen talibán en Afganistán y le dio el poder a la Alianza del Norte, un grupo de fuertes aliados de Irán. Un freno a la influencia iraní en Afganistán fue eliminado. Entonces, la Administración Bush derrocó a Sadam Husein, el gobernante suní que sometió a la mayoría chií y se había erigido como una barrera a la penetración iraní en Oriente Próximo. Sin quererlo, Estados Unidos llevó al poder a un gobierno chií religioso que se alió de forma natural con Irán. Entonces, el Congreso estadounidense castigó a Siria con profundas sanciones y los halcones de Bush dirigieron firmemente a Damasco a los brazos de Irán. La Administración Bush respaldó el ataque de Israel a Líbano en 2006, que fortaleció al partido-milicia chií Hezbolá, que es ahora un apoyo clave del gobierno del primer ministro libanés Najib Miqati. Las capitales proiraníes se expandieron desde Kabul hasta Beirut e Irán de repente se convirtió en un actor mucho más importante en los asuntos de Levante de lo que había sido en la década de los 90. Los cuerpos de seguridad israelíes apuntaron a Teherán como su mayor amenaza. Irán fue idolatrado en el mundo árabe por apoyar a Hezbolá contra Israel en la Guerra Israel-Líbano de 2006”[2].
El primer mandatario árabe en hablar del supuesto arco chií fue el rey Abdalá II de Jordania, quien “alertó del peligro de un frente unido chií que extendiera sus tentáculos desde Irán –indiscutible corazón del chiísmo- en dirección a Líbano para encerrar así en una esfera a Siria e Irak”[3]. Más tarde fue el presidente egipcio Hosni Mubarak el que cargó contra la “coalición Irán-Hezbolá”[4], antes de que Marruecos cortara relaciones con Teherán acusándolo de intentar expandir el chiísmo en el país más occidental del mundo árabe. Se trataba de síntomas del miedo de los países árabes moderados a que, “arruinado el muro que significaba Irak, Irán extendiera su influencia y se erigiera en potencia hegemónica y gendarme de la región”[5]. Asimismo, la popularidad alcanzada por el Eje de Resistencia en la opinión pública árabe es otro factor que hace temer a los líderes conservadores. De hecho, en una encuesta de 2008, Nasralá, Bashar al Asad y Ahmadineyad se situaron como los tres líderes más populares de la región[6]. Otra encuesta del Instituto Árabe Americano, no obstante, mostró en julio de 2011, cuando el conflicto sirio comenzaba a tomar forma, que las simpatías hacia Irán habían disminuido entre los árabes[7]. Todo ello ocurre en un contexto de “guerra fría entre Irán y Arabia Saudí”[8].

“Las petromonarquías [del Golfo], al igual que muchos nacionalistas árabes, temen que este vacío [de poder en Irak] sea aprovechado por los shiítas que podrían crear un ‘shiistán’ que va desde el sur de Irak hasta el noreste de Arabia Saudí, es decir, que recubre lo esencial de la zona petrolera (agregar Líbano y Azerbaiyán). Pero, de hecho, Irán no puede ni quiere jugar la carta shiíta. La lección de los años ochenta es que la solidaridad shiíta ya no funciona como alternativa política al nacionalismo árabe. Los shiítas árabes reaccionan en ciudadanos de sus países”[9].
En Arabia Saudí se encuentra la mayor comunidad chií árabe del Golfo Pérsico después de la de Irak, pero es la que menos integrada está en una sociedad suní. Concentrados en la parte oriental -y rica en petróleo- del reino, los chiíes saudíes –un 15% de los 25 millones de habitantes de Arabia Saudí[10]- no representan una amenaza para el trono de Riad, ya que sus metas políticas son modestas[11]. Conviven en un Estado gobernado por la Casa de Saud, dinastía que da nombre al país y que es partidaria de la interpretación wahabí del islam[12]. Los wahabíes, que conquistaron la Península Arábiga e invadieron en 1913 la región chií oriental para imponer su credo suní, son contrarios a cualquier tipo de adoración de símbolos o santuarios –una tradición arraigada entre los chiíes-, por lo que destruyeron la tumba de Mahoma en Medina, así como el santuario de Husayn en Kerbala y el cementerio de Jannat al-Baghi que albergaba las tumbas de Fátima, hija de Mahoma, y del segundo, cuarto y sexto imanes chiíes[13]. Además, el ejército wahabí llamó a la yihad o guerra santa contra los seguidores de Ali. Una vez el Estado independiente de Arabia Saudí tomó forma en la década de los 30 del siglo XX, los chiíes fueron tolerados aunque no aceptados, sufriendo una marginación sistemática[14].
“El actual régimen de Arabia Saudí se considera abanderado de la visión wahabí, si bien esta es una interpretación reductora del wahabismo. Su islam oficializado ha elaborado una ideología erigida en fundamento del Estado, que institucionaliza organizaciones religiosas de nuevo cuño como parte integral del aparato estatal (…) El proselitismo saudí ha dado lugar a la fundación y financiación de una extensa red de establecimientos educativos y culturales de inspiración wahabí por todo el mundo, vehículo de la reislamización social”[15].
El carácter antichií de la corriente wahabí que gobierna en Arabia Saudí se mitigó durante el mandato del Sah en Irán, dado que este reprimió al clero chií persa y se alineó con Estados Unidos. Pero con la llegada de Jomeini al poder, 
“Arabia Saudí se sintió amenazada, recuperó la animadversión hacia su rival del norte, igualmente rico en petróleo, y emprendió una nueva cruzada ideológica en la que logró embarcar a Estados Unidos –desesperado por la pérdida de su gendarme en la región- y al resto de los países árabes, a excepción de Siria”[16].
La expansión del wahabismo desde Riad hacia el resto de la ‘umma’ –la comunidad musulmana en general[17]- con la pretensión de contener al Irán revolucionario y al panarabismo secular que gobierna en Siria, ha contribuido según Vali Nasr al recrudecimiento del enfrentamiento violento entre suníes y chiíes, cuyo máximo exponente lo encontramos hoy en Irak, donde prácticamente a diario se producen atentados de inspiración sectaria que acaban con la vida de decenas de personas[18][19][20].
“La mala relación entre wahabíes y chiíes todavía modela las actitudes de los unos hacia los otros. Desde la década de los 70, como el wahabismo se ha hecho cada vez más influyente en todo el mundo musulmán y se ha convertido en la base teológica detrás de los movimientos salafistas, el tono del conflicto entre suníes y  chiíes se ha vuelto más estridente. En muchos sentidos, el aumento de la violencia en el conflicto entre suníes y  chiíes de los últimos años proviene de la expansión de la influencia wahabí”[21].
Así pues, el miedo al ascenso chií entre los países árabes suníes conservadores se ha multiplicado con los acontecimientos de la última década. La idea de una supuesta “agenda oculta chií” ha servido para justificar los regímenes autocráticos en países como Bahréin, Arabia Saudí o Irak hasta la caída de Sadam Husein[22]. El cambio político acaecido en Bagdad, nombrado por los autores Bengio y Litvak como el segundo acontecimiento más importante en la historia de las relaciones entre suníes y chiíes tras el ascenso de la dinastía safaví en Irán, ha terminado con casi 950 años de hegemonía suní en el país del Creciente Fértil[23]. Según estos autores, el chiísmo ha demostrado su dinamismo en la última década frente al derrotismo suní, pasando de ser una secta perseguida a una fuerza en expansión[24].
“La invasión de Irak liderada por Estados Unidos en 2003 tuvo como resultado una gran agitación en las tortuosas relaciones entre suníes y chiíes, las dos principales comunidades religiosas del mundo musulmán. La caída del régimen del Baaz, dominado por suníes, y el ascenso hacia el protagonismo político de la largamente oprimida mayoría chií en este país crucial pareció cambiar el equilibrio de poder regional impulsando a los chiíes. La consolidación de Irán como potencia regional y los acontecimientos políticos en Líbano crearon una impresión de dinamismo chií e incrementaron la sensación de vulnerabilidad entre las elites de los países suníes”[25].
El antagonismo entre suníes y chiíes, no obstante, no debe ser sobrevalorado según la opinión de Javier Martín. Ni unos ni otros son bloques monolíticos. Tanto en el sunismo como en el chiísmo existen diferentes ramas y escuelas que hacen más compleja la simple división del islam en dos continentes separados y sin fisuras.

“La idea de que Irán quiere exportar la revolución se ha quedado anticuada porque era una idea jomeinista. Tenemos que entender primero que los chiíes, a parte de la división clásica de septimanos, quinquemanos y duodecimanos, se mueven mucho por escuelas. Está la escuela de Nayaf y está la escuela de Qom, que a su vez tienen diferentes ayatolás. Los chiíes son muy de ayatolás: ‘este es mi ayatolá y yo hago lo que me dice mi ayatolá’. Entonces, es verdad que hay un grupo de clérigos, en Qom sobre todo, y en algunas partes de Nayaf, con ramificaciones, que siguen las tesis de Jomeini y su principal tesis del ‘velayat-e faqih’, el Gobierno de los clérigos. Pero hay otros movimientos chiíes, sobre todo en Irak, Arabia Saudí, Bahréin y Líbano, que no están de acuerdo con la forma de pensar de Jomeini, que no creen que los clérigos deban ser los que dirijan. Por ejemplo, la oposición chií en Arabia Saudí y en Bahréin no es jomeinista. No quieren una república islámica, quieren una autonomía chií pero no están de acuerdo con el ‘velayat-e faqih’, sino que siguen otras escuelas, de clérigos como Al Sistani o Fadlalá. Es decir, que la influencia de Irán en los movimientos chiíes no es tan grande como pensamos. Irán ha intentado financiar y meterse en esos grupos. De hecho, en 1996 el atentado en Jobar [ciudad en el este de Arabia Saudí] se le atribuye a un grupo que se llama ‘Hezbolá en Arabia Saudí’, pero ese grupo es minoritario dentro de la comunidad chií”[26].
Más que un conflicto regional de carácter religioso entre suníes y chiíes, lo que tiene lugar según Martín es un enfrentamiento político entre los dos Estados más poderosos de la región.

“Lo que sí existe es una especie de combate supranacional entre Irán y Arabia Saudí por influir, pero sobre todo por influir en la guerra en Siria. Les interesa Siria, Líbano y toda esa zona. Irán apoya a Bashar el Asad, a Hezbolá y a Hamás, que es suní. Porque ahí hay un frente que vincula a Irán con el resto de Oriente Medio, sino Irán quedaría aislado. Irán puede influir en Oriente Medio a través de ese pasillo que forma Irán, Siria, Líbano, Hamás. Ese pasillo funciona desde el año 82 u 84. En el 82, cuando [Ariel] Sharon invade Líbano, Irán y Siria hacen un acuerdo estratégico que dura hasta ahora, que ha pasado por diferentes vicisitudes. Ese vínculo se establece en los 80, cuando Jomeini tiene la idea de exportar la revolución, pero sobre todo es una manera para Irán de meter el pie en Oriente Medio porque si no, no lo podría meter. Frente a ese Eje, Arabia Saudí siempre ha trabajado en un eje diferente para cortar a Irán toda posibilidad de meterse en Oriente Medio. Eso no es una cuestión religiosa entre suníes y chiíes, sino en quién influye en qué y dónde en Oriente Medio[27].
Contrarrestar la influencia de Irán en Levante es uno de los principales objetivos de Arabia Saudí. Por ello, como relata Martín en la entrevista con el autor de este trabajo, Riad lleva años tratando de quebrar el Eje de Resistencia apoyando a los grupos locales que se oponen a los aliados de Irán.

“Lo que ha hecho Arabia Saudí desde hace tiempo, sobre todo desde los 90, es apoyar a los suníes en Líbano a través de Rafik Hariri, un tipo que se hizo rico construyendo palacios en Arabia Saudí en los años 80. A través de Hariri, Arabia Saudí empezó a meter dinero en Líbano para bloquear la influencia de Hezbolá. Durante los 90 no pudo porque a Hezbolá lo apoyaba todo el mundo hasta que echó a Israel, pero una vez que Israel se va, la comunidad suní empieza a tener mucha más fuerza y de hecho a Hariri lo matan porque entra en conflicto con Bashar al Asad. Yo personalmente he hecho algunas entrevistas en Damasco y daba todo a entender que había sido el régimen sirio el que había mandado matar a Hariri porque estaba empezando a pedir que los soldados sirios se marcharan, que ya había terminado la guerra civil libanesa y que qué hacían los sirios ahí. Porque Arabia Saudí lo que quería era echar a Siria de Líbano. Echando a Siria le cortaba el camino a Irán”[28].
Además de en Líbano, Arabia Saudí también trata de reforzar a la oposición suní de Siria para horadar el poder del gobierno baasista de Damasco, una circunstancia que entronca con el conflicto civil que tiene lugar en la actualidad en Siria, donde Riad respalda a una facción de los rebeldes.
“Arabia Saudí financia a los suníes, pero al mismo tiempo, y esto no se sabe porque se hizo muy discretamente, ya desde 2003, 2004 y 2005, al poco de llegar al poder Bashar al Asad, en las zonas suníes de Siria donde estaban los Hermanos Musulmanes, en Hama, en Homs, en la zona que ahora es la más fuerte de los rebeldes,  empezamos a encontrar que empieza a haber ulemas wahabíes en las mezquitas, llegados desde Arabia Saudí. Desde ese momento Arabia Saudí empieza a meter dinero y a movilizar a la comunidad suní en Siria”[29].
En el fondo, la intervención saudí tanto en Líbano como en Siria se enmarca dentro de la denominada guerra fría que mantiene con Irán. En opinión de Martín, Riad percibe que la caída de Asad y Hezbolá aislaría a Teherán, convirtiéndolo en un actor menor en Oriente Próximo, y dejando el espacio libre para que los Saud puedan proyectar su poder a lo largo de una región dominada por regímenes suníes conservadores afines a su liderazgo.

“Lo que Arabia Saudí trata es de romper ese eje que hay entre Siria e Irán para aislar a Irán. Eso le interesa a Israel, a Estados Unidos y a Francia. Es decir, el plan saudí se ve bien en Occidente porque sirve para restar influencia a Irán… Y claro, Irán se agarra ahí como una lapa porque no quiere que le saquen de Oriente Medio. Si le quitan sus dos únicos apoyos, que son Líbano y Siria, se queda perdido (…). Irán y Arabia Saudí son dos fuerzas que en los últimos 30 años están en un enfrentamiento político, no religioso, de a ver quién de los dos influye más en la zona porque son las dos grandes potencias”[30].
Como se ha mencionado, tanto Arabia Saudí como el resto de países árabes del Golfo quieren alejar a Siria de Irán para menguar el poder de este, que deriva del Eje de Resistencia, una alianza que ha mermado la influencia de los miembros del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo en el conjunto de la región. Acabar con el régimen sirio proiraní haría aumentar su influencia en el conjunto del mundo árabe. Catar y Arabia Saudí, sobre todo, creen que un gobierno suní afín en Damasco les otorgaría influencia sobre el vecino Irak, ahora dominado por el ejecutivo del chií Nuri al Maliki, y sobre el que en la actualidad tienen poco que decir, pero al que ven como un actor clave en el equilibrio regional de poder. Según su visión, una Siria suní reforzaría a los suníes iraquíes, así como a los libaneses, en detrimento de los chiíes y, por tanto, de la influencia de Irán[31].
Arabia Saudí, que trató de alejar a Siria de Irán mediante la diplomacia mejorando sus relaciones con el régimen baasista poco antes del inicio del conflicto civil sirio –Asad visitó Riad tres veces entre 2009 y 2010 y el rey saudí también viajó a Damasco[32]-, se posicionó del lado de los rebeldes moderados una vez se vio que el alzamiento podía acumular fuerza suficiente para tumbar al gobierno alauí. 
“Cuando el levantamiento comenzó, los líderes [árabes] del Golfo sintieron que había llegado el momento para atraer finalmente a Siria a su órbita. Arabia Saudí en particular tomó medidas para alejar a Damasco del campo iraní, mientras se aseguraba de que el alzamiento sirio no se propagaba a lo largo de la región (…). Arabia Saudí y Catar comenzaron a trabajar junto a otros, entre los que estaban Turquía y Francia, para apoyar a la oposición con el objetivo directo de derrocar al régimen de Asad”[33].
En cualquier caso, no existe una acción cohesionada de las monarquías del Golfo en la crisis siria, ya que los dos principales actores involucrados, Riad y Doha, apoyan cada uno a una facción distinta de la oposición -y de hecho han contribuido a la fragmentación que existe actualmente entre los rebeldes-. Mientras Catar respalda a los Hermanos Musulmanes[34] –que tienen más presencia en el norte del país, en las ciudades de Alepo e Idlib- y busca la derrota total del régimen,  Arabia Saudí es más precavida, desconfiando del posible escenario post-Asad en Siria por el aumento de influencia de los extremistas en la oposición. Riad apoya a los partidos prooccidentales liderados por el general Idris[35] -con mayor presencia en el sur del país, cerca de la frontera jordana, y en el este- y presiona a Estados Unidos para que envíe armamento  a esos rebeldes moderados[36].

Además, organizaciones privadas del Golfo también envían dinero a Siria, pero lo hacen para financiar a grupos rebeldes autónomos más radicales. Javier Martín lo explica, centrándose en las agrupaciones saudíes, en la entrevista realizada para este trabajo:

“Desde los 90, quiénes financian a los movimientos yihadistas son organizaciones caritativas saudíes, que están vinculadas con el gobierno [de Riad] pero que no son parte del gobierno directamente. Esas organizaciones en su mayoría se surten de la ‘zakat’, la limosna musulmana. Son organizaciones que manejan mucho dinero. Tienen vínculos con el gobierno porque, quieras o no, son ulemas que dependen del Gran Muftí de la Meca, pero en realidad van un poco por su cuenta. Entonces, nos encontramos con que las organizaciones caritativas independientes saudíes, ultrarreligiosas y ultrarradicales, están financiando a los yihadistas en Siria, como el Frente al Nusra o el Movimiento para la Gran Mesopotamia. Mientras, el Ejército Libre Sirio, los rebeldes armados, sí reciben armas directamente de la inteligencia saudí. Entonces, al final la guerra que ha habido en los años 90 entre la inteligencia saudí y los movimientos de oposición yihadistas saudíes se ha trasladado a Siria. La inteligencia saudí financia y da dinero y armas a la oposición “buena” y las organizaciones caritativas le dan dinero a los yihadistas que están en Siria. Con lo cual, en cierta manera, ese magma que hay en Arabia Saudí se ha trasladado a Siria”[37].



[1] NASR, Vali: The Shia Revival… Op Cit, p. 109
[2] COLE, Juan: “The Rise of the Sunnis and the Decline of Iran, Iraq and Hizbullah: The Middle East in 2013”, Informed Comment, 1 de enero de 2013. http://www.juancole.com/2013/01/decline-hizbullah-middle.html (última consulta 25 de septiembre de 2013)
[3] MARTÍN, Javier: Suníes y chiíes… Op Cit, p. 21
[4] “Iran-Hezbollah coalition” (cita original) en MERVIN, Sabrina (ed.): The Shi’a… Op Cit, p. 20
[5] MARTÍN, Javier: Suníes y chiíesOp Cit, p. 21
[6] BARNES-DACEY, Julien y LEVY, Daniel (eds.): The Regional Struggle for Syria, European Council of Foreign Relations, 2013, Londres, p. 7. [En línea]: http://ecfr.eu/page/-/ECFR86_SYRIA_REPORT.pdf  (última consulta 24 de septiembre de 2013)
[7] MOZGOVAYA, Natasha: “Poll: Sharp drop in Iran's popularity in Arab world”, Haaretz, 27 de Julio de 2011. [En línea]: http://www.haaretz.com/news/middle-east/poll-sharp-drop-in-iran-s-popularity-in-arab-world-1.375617 (última consulta 25 de septiembre de 2013)
[8] “Cold war between Iran and Saudi Arabia” (cita original) en MERVIN, Sabrina (ed.): The Shi’aOp Cit, p. 20
[8] MARTÍN, Javier: Suníes y chiíes… Op Cit, p. 10
[9] OLIVER, Roy: “En contrepoint aux nombreuses équivoques de la diplomatie de Téhéran: Oú va l´Iran?”, Le Figaro, 30 de abril de 2004 en ZÉRAOUI, Zidane: Medio OrienteOp Cit, p. 15
[10] AL-QUDAIHI, Anees: “Saudi Arabia's Shia press for rights”, BBC, 24 de marzo de 2009. [En línea]: http://news.bbc.co.uk/2/hi/7959531.stm (última consulta 25 de septiembre de 2013)
[11] FULER, Graham E. y RAHIM FRANCKE, Rend: The Arab Shi’a, MacMillan Press, Bloomsburg (EEUU), 1999, p. 179
[12] MARTÍN, Javier: La Casa de Saud, La Catarata, Madrid, 2013
[13] NASR, Vali: The Shia RevivalOp Cit, p. 97
[14] Ibídem, p. 98
[15] GÓMEZ GARCÍA, Luz: Diccionario de Islam e islamismo… Op Cit, p. 348
[16] MARTÍN, Javier: Suníes y chiíes… Op Cit, p. 22
[17] GÓMEZ GARCÍA, Luz: Diccionario de Islam e islamismo… Op Cit, p. 336
[18] REUTERS: “Suicide bomber kills 20 in Iraqi Sunni mosque”, Reuters, 19 de Julio de 2013. [En línea]: http://www.reuters.com/article/2013/07/19/us-iraq-violence-idUSBRE96I0F320130719 (última consulta 25 de septiembre de 2013)
[19] BBC: “Iraqi Shia family targeted in deadly attack”, BBC, 4 de septiembre de 2013. [En línea]: http://www.bbc.co.uk/news/world-middle-east-23958137 (última consulta 25 de septiembre de 2013)
[20] REUTERS: “Bombs inside Sunni mosque in Iraq kill 15: police, medics”, Reuters, 20 de septiembre de 2013. [En línea]: http://www.reuters.com/article/2013/09/20/us-iraq-violence-idUSBRE98J0B720130920 (última consulta 25 de septiembre de 2013)
[21] NASR, Vali: The Shia Revival… Op Cit, p. 98
[22] Ibídem, p. 109
[23] BENGIO, Ofra y LITVAK, Meir (eds.): The Sunna and… Op Cit, p. 9
[24] Ibídem
[25] BENGIO, Ofra y LITVAK, Meir (eds.): The Sunna andOp Cit, p. 1
[26] Entrevista realizada en persona a Javier Martín por el autor del trabajo el día 11 de septiembre de 2013
[27] Ibídem
[28] Ibídem
[29] Ibídem
[30] Ibídem
[31] HASSAN, Hassan: The Gulf states: United against Iran, divided over Islamists en BARNES-DACEY, Julien y LEVY, Daniel (eds.): The Regional… Op Cit, p. 17
[32] Ibídem, p. 19
[33] Ibídem, p. 20
[34] SCHANZER, Jonathan y WEINBERG, David Andrew:  “How Saudi Arabia and Qatar are the Tortoise and the Hare of the Middle East”, The Atlantic, 27 de agosto de 2013. [En línea]: http://www.theatlantic.com/international/archive/2013/08/how-saudi-arabia-and-qatar-are-the-tortoise-and-the-hare-of-the-middle-east/279090/ (última consulta 25 de septiembre de 2013)
[35] HASSAN, Hassan: The Gulf states… Op Cit, p. 23
[36]  BLACK, Ian: “Saudi Arabia: Syrian rebels must be armed”, The Guardian, 25 de junio de 2013.  [En línea]: http://www.theguardian.com/world/2013/jun/25/saudi-arabia-syria-rebels-armed (última consulta 25 de septiembre de 2013)
[37] Entrevista realizada en persona a Javier Martín por el autor del trabajo el día 11 de septiembre de 2013