lunes, 8 de agosto de 2011

Indignación


En los últimos meses han sido muchas las cosas que han tocado a su fin. Muchos y muy variados hechos se han sucedido poniendo punto y final a diferentes realidades. Desde la vida de Bin Laden hasta la invulnerabilidad de la estabilidad económica estadounidense. Desde la hegemonía autonómica del PSOE hasta el futuro político de Zapatero. Desde la virginidad carcelaria del ex presidente del Fondo Monetario Internacional hasta la confianza en la viabilidad del capitalismo autorregulado. Todo ello forma parte del pasado. Un pasado que un día fue capaz de ilusionar al ser humano con la irresistible idea de que un horizonte de prosperidad infinita se alzaba sobre nuestro futuro. Desengañados, hemos tomado conciencia de lo que en realidad ha ocurrido. Cuando se nos hablaba de prosperidad en realidad se referían a riqueza ficticia encerrada dentro de hipotecas basura. Cuando se nos insinuaba que sería infinita en realidad querían decir que se habían asegurado de modelar un sistema que no tuviera más opción que rescatarlos en caso de colapso. 


En medio de este panorama, la efervescencia social se ha disparado. Tras darnos cuenta de que el mundo en que vivimos no es un plácido y manso vaso de agua sino una lata de refresco gaseoso, no ha sido necesario más que agitarlo un poco para que explotara. El estallido de la burbuja financiera dio origen a la crisis económica. El estallido de la burbuja social ha puesto de relieve la crisis política.

Desde hace tres meses una palabra cuasi monopoliza el debate público español. Indignación. Indignación ante la flagrante gestión de la crisis, que ha hecho realidad el sueño de todo amoral empresario: socialización de las pérdidas y privatización de los beneficios. Indignación ante la creciente acumulación de riqueza por una elite minoritaria mientras las clases medias se empobrecen. Indignación ante el oscuro futuro que se cierne sobre los jóvenes. Indignación, al fin, ante la falta de cauces que ofrece el sistema para canalizar todo ese sentimiento de frustración. Y es que la indignación se torna en rabia al comprobar los numerosos resortes que posee el sistema para perpetuarse. Una ley electoral injusta que otorga más valor a unos votos que a otros. Una sumisión del poder político al financiero debido a la desregulación y privatización salvaje. Una connivencia de los medios de comunicación con la oligarquía político-financiera de la que depende y a la que, por tanto, sirve. Unas Fuerzas de Seguridad del Estado utilizadas como perros de presa cuando el fantasma de la desestabilización amenaza a los centros de poder. 

El movimiento de los indignados, conocido también como 15-M –debido a que nació a raíz de una manifestación y posterior acampada el día 15 de mayo de 2011-, ha gozado de un crecimiento imparable. El caldo de cultivo propicio –descontento popular ante la precarización de la vida, constantes amenazas de nuevos recortes, cifra de paro desorbitada-, unido a una situación política propicia –cercanía de elecciones, primero regionales y ahora nacionales- han facilitado que el movimiento se extienda como un reguero de pólvora sin la respuesta contundente de las autoridades. Una inusitada permisividad policial permitió que miles de personas acamparan durante varias semanas en el corazón de las ciudades españolas. Dejando claro que su principal razón de existencia es el triunfo electoral, los partidos políticos idearon sus estrategias para responder al desconcertante, inédito y masivo movimiento social espontáneo. 

El PSOE, partido en el Gobierno, se encontraba atado de pies y manos debido a varios factores. En primer lugar, veía en la masa indignada, mayoritariamente de izquierdas, un rebaño de potenciales votantes. En segundo lugar, el candidato de facto que presentaría a los comicios generales ocupaba entonces el más incómodo de los puestos. Rubalcaba era Ministro del Interior, el máximo responsable de las actuaciones policiales. El mismo cargo que le había reportado popularidad con las operaciones antiterroristas, se tornaba ahora en una piedra al rojo vivo que le quemaba en las manos. Poco después Rubalcaba era nombrado oficialmente candidato y abandonaba la engorrosa cartera. Los socialistas, tras dar a conocer el adelanto electoral para el 20 de noviembre, continúan con su estrategia de atracción a los indignados. Sin embargo, parecen obviar que la principal causa  que dio origen al movimiento fue, precisamente, la escandalosa sumisión que su Gobierno ha mostrado ante los intereses de los especuladores.


Por su parte, el PP, como es su costumbre, no ha hecho sino azotar al Ejecutivo sin mencionar ninguna propuesta constructiva. Porque el uso de la violencia para desalojar las acampadas, único posicionamiento práctico que el partido de Mariano Rajoy ha manifestado en público, no puede considerarse como constructivo sino, muy al contrario, meramente coercitivo. Utilizando a la patronal de los comerciantes madrileños como batallón de choque, los populares han tratado una y otra vez de deslegitimar al movimiento, cuando no insultarlo. Especialmente virulentos han sido los dirigentes madrileños, Aguirre y Gallardón, descontentos con que la acampada se realizase frente a la sede presidencial de la Comunidad de Madrid en vez de en la Moncloa. Parecen no comprender el concepto de visibilidad. 

Porque si alguno era en un principio el propósito del 15-M, ese era el de visibilizar la preocupante situación político-económica que vive el país, analizándola desde la perspectiva del interés ciudadano y no desde el interés del poder como hasta ese momento habían hecho los medios de comunicación tradicionales. Qué duda cabe que una protesta se visibiliza mejor en la más emblemática de las plazas de cada ciudad, en el caso de Madrid, la Puerta del Sol. Y la visibilidad, además de en las calles, también se hizo notar en los medios de comunicación. Llenando telediarios y portadas del mundo entero, el 15-M consiguió captar el interés del ojo mediático, siempre más preocupado por las nimiedades propagandísticas de los políticos que por la realidad de los problemas ciudadanos. Obligados por el respaldo social masivo, los periódicos  tuvieron que abrir sus páginas a la más que justificada indignación ciudadana. No obstante, no tardaron en enseñar los dientes. Poco duró en los medios la actitud de euforia ante la novedad de una sociedad civil organizada capaz de reivindicar por sí misma sus derechos. Síntoma de una democracia avanzada, la actitud no violenta y dialogante del movimiento conquistó rápidamente a los periodistas. Pero sus jefes no tardaron en reprenderles. Azuzados por los intereses económicos de los conglomerados empresariales a los que pertenecen, los medios cambiaron su actitud amable hacia el movimiento por un continuo intento de acoso y derribo. Criticando, primero, su lentitud para crear propuestas alternativas. Minimizando, después, su capacidad de convocatoria. Criminalizando, finalmente, los métodos de protesta de algunos de sus miembros. 

Pero, lejos de silenciar el sentimiento de hartazgo, acontecimientos como la dimisión del Presidente de la Comunidad Valenciana, el adelanto de las elecciones generales o las alarmantes cotas alcanzadas por la prima de riesgo española, no han podido expulsar del espectro mediático al neonato movimiento. Pues, pese a los intentos de muchos de darlo por muerto, el movimiento resurge con más fuerza a cada golpe que recibe. Si su nacimiento se dio tras el desalojo de la acampada en Sol tras la manifestación del 15 de mayo, la mayor demostración de fuerza vino tras la ilegalización expresa de la Junta Electoral Central de la concentración el día previo a las elecciones del 22 de mayo. Como no podía ser de otra manera, el desmantelamiento del punto de información que el movimiento dejó en la Puerta del Sol tras la decisión de finalizar la acampada, ha tenido como reacción nuevas movilizaciones masivas de apoyo a los indignados. Y es que, convocar a decenas de miles de personas en una horas en pleno agosto, no es un hito al alcance de cualquiera. Así pues, el movimiento resiste ante los continuos certificados de defunción expedidos en los medios de comunicación.

Sin embargo, hay que reseñar que una de las grandes características del 15-M es que su difusión principal no se realiza a través de los medios tradicionales. Las redes sociales, Twitter en particular, actúan como correa de transmisión para las voces indignadas. Gracias a Internet, un medio que ofrece canales de comunicación horizontal no jerarquizados por intereses económicos ocultos, el movimiento es capaz de difundir su mensaje, llegando así a las personas interesadas en escucharlo. La posibilidad que ofrece la red de transmitir información instantánea y multimedia también es aprovechada, pues son numerosos los twitteros que acuden a las asambleas o movilizaciones y actualizan en tiempo real lo que allí ocurre, incluyendo fotografías y vídeos. De hecho, las actualizaciones en Twitter también están empezando a ser utilizadas por medios de comunicación ajenos al movimiento. Es el caso de lainformacion.com, que manda a sus redactores a cubrir los actos convocados por el 15-M. Uno de sus periodistas, Gorka Ramos, fue uno de los detenidos tras la carga policial frente al Ministerio del Interior el pasado 4 de agosto, tras una concentración de indignados que pedía la dimisión del Ministro Antonio Camacho y de la Delegada del Gobierno en Madrid, Dolores Carrión.

En una de las pancartas más exhibidas durante estos tres meses se puede leer “Cuando los de abajo se mueven, los de arriba tiemblan”. No podría ser mejor descrita la situación que se vive ahora en España. El poder se ha puesto nervioso ante la amenaza que para él supone un movimiento ciudadano bien organizado. Es sin duda síntoma de ello el hecho de clausurar una plaza pública en el corazón de la capital del país de manera anticonstitucional. Y es que, como ya contábamos, el día 2 de agosto la policía procedió a desalojar el punto de información en la Puerta del Sol, así como las últimas tiendas de campaña que allí quedaban. De igual modo, se desmanteló el campamento del Paseo del Prado, instalado por indignados procedentes de todos los puntos cardinales del país tras finalizar las marchas que, durante un mes, les llevó a recorrer diferentes núcleos rurales del interior del Estado recogiendo los problemas de sus olvidados habitantes.

Pues bien, la respuesta del Gobierno ante el terremoto social que comenzaba a vislumbrarse consistió en el vaciamiento y posterior blindaje del kilómetro cero madrileño. Durante tres días se impidió sistemáticamente el acceso a la plaza, infringiendo los artículos 19 y 21 de la Constitución Española vigente, garantes de las libertades de circulación y reunión. Se inauguró así un Estado de sitio de facto sin dar ninguna explicación a la ciudadanía. Además, las Unidades de Intervención Policial de la Policía Nacional no dudaron en emplear la fuerza ante la actitud no violenta, aunque combativa, de los indignados. Como narrábamos, se llegó incluso a detener a un periodista mientras ejercía su labor profesional. Estos gravísimos hechos no son sino prueba de ese nerviosismo que ha invadido a las élites españolas al vislumbrar la posibilidad de ser apeadas de su privilegiada posición.

El movimiento 15-M se ha visto reflejado por el apoyo fuera de nuestras fronteras. Si en los primeros días de movilizaciones fueron españoles residentes en el extranjero los que iniciaron acciones de apoyo, más tarde se han ido reproduciendo movimientos autóctonos que utilizan los mismos métodos. Así ha ocurrido en países como Grecia, Turquía o Israel. 
 
Herederos de las revoluciones pacíficas de Egipto, Túnez o Islandia, los indignados españoles no parecen dispuestos a cejar en su empeño hasta ver materializadas sus demandas. De momento, los partidos políticos no parecen más que acoger las propuestas de manera superficial como arma electoralista. No obstante, conforme la fecha de las elecciones generales se acerque seguramente veremos como las formaciones que a ellas se presentan tratan de atraer cada vez con más empeño el voto indignado. 

Los indignados, por su parte, se niegan a crear un partido político propio que concurra a los comicios. Su método asambleario descentralizado –existen asambleas periódicas en todos los pueblos y barrios de Madrid, así como en muchas otras ciudades de España- se antoja incompatible con el parlamentarismo clásico, enmarañado en continuos juegos de poder que hacen a los representantes de la ciudadanía dejar a un lado los programas por los que fueron elegidos. El 15-M, utiliza el asamblearismo como modo de democracia directa, en la que todo ciudadano interesado puede acudir a proponer o debatir propuestas. Las decisiones se toman por consenso, no por mayoría, lo que ralentiza el proceso. Pero, aún lento, se asegura que en cada decisión final hayan intervenido todas las posturas, modelando decisiones que no marginan a las minorías.

Criticados por unos y apoyados por otros, el movimiento indignado parece imparable. Dispuesto a marcar la agenda de la campaña electoral, el 15-M se erige como una fuerza política apartidista que a buen seguro dará mucho que hablar en los próximos tiempos. Aglutinando el hartazgo de la población ante los excesos de la oligarquía político-financiera, recuperando formas de lucha social que parecían olvidadas y haciendo uso de la imaginación y las nuevas tecnologías para inventar otras nuevas, el 15-M es ya una realidad que se ha hecho un hueco, para bien o para mal, en la vida de todos los españoles. Nadie queda indiferente ante él.

@jaimegsb

Fuentes del texto:
http://madrid.tomalosbarrios.net/
http://twitter.com/#!/acampadasol
http://www.democraciarealya.es/
http://www.diagonalperiodico.net/Cronica-de-las-movilizaciones-del.html
http://www.elpais.com/articulo/madrid/dias/Sol/estuvo/cerrado/elpepiespmad/20110807elpmad_2/Tes
Hessel, S. (2011). ¡Indignaos!. Barcelona: Destino
Fuentes de las imágenes:
http://positivate.wordpress.com/2011/05/18/%C2%BFdisidencia-fabricada/
http://redirmln.blogspot.com/2011/05/espana-la-jornada-20-de-mayo-2011.html
http://upyd.foroactivo.net/t3165p315-15-m-democracia-real-ya
http://www.15-m.es/2011/06/carga-policial-frente-las-cortes.html
http://alt1040.com/2011/08/policia-sol-15m-madrid
http://twitpic.com/61178z
https://concienciaciudadana.wordpress.com/2011/05/27/grecia-se-suma-al-movimiento-del-15m-conciencia-ciudadana/



Nota: Este artículo también fue publicado en Rebelio.org (http://rebelion.org/noticia.php?id=133696)


lunes, 2 de mayo de 2011

Inmoral

El sistema es inmoral. El capitalismo, relación económica imperante en la actualidad, domina prácticamente todos los aspectos de nuestra vida. Nosotros, de manera inconsciente, interiorizamos sus reglas, sus lógicas, y actuamos conforme a ellas. El criterio economicista, es decir, la búsqueda de la máxima rentabilidad monetaria, invade cada vez más ámbitos de la vida social e individual. Hoy en día, lo lógico es actuar conforme a la regla del máximo beneficio posible con el mínimo esfuerzo. Es por ello que la mayor parte de las personas que visualizan un documental que arroja luz sobre la cara menos amable del sistema, simplemente quedan sorprendidos por unos segundos, quizá minutos, pero poco después continúan con sus vidas como si nada les hubiera sido revelado.

El neoliberalismo, o sea, el proceso de desregulación estatal sobre la economía, es la forma que adopta en la actualidad el capitalismo. Privatizar empresas que antes eran de capital público, suprimir aranceles para ampliar los mercados o derribar barreras fiscales que hasta ahora servían para corregir los desequilibrios de renta entre las diferentes capas de la sociedad, son algunas de las medidas que los Gobiernos han tomado durante las últimas tres décadas. Todo ello ha favorecido el proceso que conocemos como mundialización.

Ahora el mercado es mundial. Atrás quedaron los tiempos del fordismo, cuando los empresarios veían en el salario de sus trabajadores no sólo un coste, o sea, una carga que reducía su margen de beneficios, sino también una inversión, pues un sueldo generoso permitía a sus asalariados actuar como consumidores de sus productos en el mercado. Por aquel entonces, cuando todavía existían obstáculos a la libre circulación de capitales, eran los residentes en el país los que a la vez ofrecían su mano de obra a las empresas para más tarde adquirir los productos que estas generaban. No obstante, tras la implantación del neoliberalismo económico como pensamiento único, los empresarios pueden desplazar sus centros de producción a otros países donde la mano de obra es más barata y, pese al largo recorrido que las mercancías deben recorrer al ser transportadas, reducir sus costes de producción y maximizar así sus beneficios. Con esta posibilidad, las élites económicas ganan doblemente. Por un lado reducen costes y, por otro, minan la capacidad de respuesta colectiva de los trabajadores, pues si estos tratan de usar sus tradicionales armas de reivindicación para mejorar sus condiciones laborales, corren el riesgo de que la dirección de su empresa huya hacia otra geografía con personal menos combativo. Es a lo que Zygmunt Bauman denomina modernidad líquida.

Así pues, neoliberalismo y mundialización son procesos convergentes que configuran la realidad actual de la humanidad. La práctica totalidad de los líderes del mundo manifiestan su afinidad con el sistema, ya sea con palabras o con hechos. Los partidos socialdemócratas han firmado su acta de defunción. Han hecho buena la idea de Francis Fukuyama sobre El fin de la Historia al aceptar los postulados contra los cuales precisamente fueron creados para combatir. En definitiva, el poder político ha sellado su acuerdo con la oligarquía económica. Y para convencer a la ciudadanía de que no existe alternativa posible, cuentan con un arma de enorme potencial: la persuasión masiva a través de los medios de comunicación, en particular de la televisión.

Por culpa de la fe que los humanos nos hemos acostumbrado a profesar sobre todo lo que la “caja tonta” diga, vídeos como el de La historia de las cosas son insuficientes para cambiar el panorama. Bien es verdad que suponen un esfuerzo muy loable: un intento por dar la vuelta a una situación inadmisible. Pero contra el poder de la Verdad, encarnada en la actualidad por los medios de comunicación masivos, es muy complicado luchar. Mientras las personas de a pie no sean las que estén dispuestas a abrir los ojos por sí mismas, todo esfuerzo será inútil. Cierto es que sería necesario un empujón dado por aquellos que sí han sido capaces de percibir la necesidad de cambio, pero no es suficiente. Necesitamos un factor externo de tal dimensión que obligue a la gente a reaccionar para darle la vuelta a las cosas. Ese elemento externo podría ser, desde un agotamiento total de algún recurso esencial para el mantenimiento del nivel de vida de la población, hasta un cambio en la política educativa que propicie la formación de mentes críticas y ávidas de mejorar la sociedad en vez de los seres adormecidos que produce actualmente. Mejor sería que esta segunda posibilidad se diese antes que la primera. Sin embargo, la historia demuestra que el poder nunca cede su posición por propia voluntad, y mucho menos educa a los que se encuentran abajo para que sean capaces de arrebatarles su lugar privilegiado.

Empezábamos este ensayo tachando de inmoral al sistema capitalista. La historia de las cosas pone de manifiesto esa cualidad. No importa expulsar masivamente a la atmósfera toneladas de sustancias tóxicas que pueden provocar efectos nocivos sobre las personas. No importa poner entre la espada y la pared a miles de seres humanos obligándoles a exponerse a condiciones de trabajo deplorables debido a que esa es la única manera que tienen de salir adelante. No importa destruir el hábitat de comunidades de seres humanos que tienen otras costumbres alejadas de la producción industrial. No importa nada de esto, siempre y cuando se obtenga rentabilidad económica. Todo se reduce a una palabra: beneficio. Eso sí, de unos pocos, a costa de otros muchos. Por ello el sistema carece de base ética alguna. Los tan retóricamente defendidos derechos humanos son pisoteados día a día. Pero la humanidad está convencida de que existe la libertad y el progreso. Curioso mundo éste.

Jaime

lunes, 25 de abril de 2011

"Quieren enterrar la tasa como pasó con los paraísos"

A. PÉREZ. CORRESPONSAL PARÍS DIARIO PÚBLICO 25/04/2011
 
Liem Hoang Ngoc.Liem Hoang Ngoc, catedrático de Economía de la Sorbona y eurodiputado, pertenece a una corriente muy particular del ala izquierda del PS galo: la apadrinada por el histórico Henri Emmanuelli, que reúne a profesionales de las finanzas partidarios de fórmulas estatales dirigistas. Junto a otros eurodiputados franceses comunistas, alterglobalistas, verdes y centristas, ha publicado en varios diarios una tribuna que deja en evidencia las tácticas del presidente francés, Nicolas Sarkozy,al frente del G-20.

Usted alerta sobre la dilación en la Tasa a las Transacciones Financieras. Los Gobiernos, especialmente Francia, no paran de decir que avanza.
Creemos que esa tasa es necesaria, pero sobre todo denunciamos las maniobras de la derecha en el G-20, que Sarkozy preside este año. Prefieren una tasa a nivel europeo, no mundial, lo que busca deliberadamente enterrar el proyecto, como ya pasó con la lucha contra los paraísos fiscales.

El primer estudio a máximo nivel sobre la tasa data de hace casi diez años. ¿Seguimos igual de lejos o la resolución aprobada hace unos días por el Parlamento Europeoes un paso de gigante?
Es importante. Ahora, la Comisión debe hacer una propuesta legislativa que la active a nivel europeo. Pero estamos lejos de acabar el trabajo.

París sugiere que la tasa podría sustituirse por otras formas de "financiación innovadora" del desarrollo. ¿Usted está de acuerdo?
No. El objetivo de la tasa no es sólo recaudar fondos. Sobre todo, puede cambiar el comportamiento de los mercados, al hacer menos atractiva la pura especulación. Otras formas de "financiación innovadora", como las euroobligaciones, son igual de importantes, pero no tienen el mismo fin.

¿Por qué se oponen a la tasa personalidades como el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn?
Es una postura puramente ideológica. Tras los argumentos técnicos se oculta la convicción de que los mercados son eficaces y el Estado no debe intervenir. Su oposición es la de una pequeña minoría de afortunados que gana mucho dinero en detrimento de la estabilidad de la economía, el empleo y los sistemas de protección social.

Francia sigue igual de verborreica en cuanto a moralizar el capitalismo y regular las finanzas. ¿Hay algo ya instaurado?
No se ha hecho nada a nivel del G-20. Las declaraciones de Sarkozy son palabras huecas, puras relaciones públicas. ¿Qué significa "moralizar el capitalismo"? ¿Eso es posible? ¿Qué sería un "capitalismo moral"? No se me ocurre ninguna respuesta. En cuanto a la regulación de los mercados, ha habido pasos a nivel europeo, con la creación de autoridades de supervisión. Pero tienen poderes limitados y están infrafinanciadas si se tiene en cuenta la tarea que deben afrontar. Los amigos de quienes hacen grandes declaraciones en el G-20 nunca están dispuestos a movilizar fondos para que esos reguladores funcionen.

Hay quienes argumentan que la tasa financiera es técnicamente irrealizable.
Se equivocan gravemente. Inglaterra tiene desde hace años una tasa sobre la compraventa de ciertos activos. Hay medidas para mejorar la transparencia de los mercados y las operaciones de trading son así más fáciles de seguir, gracias a la informatización creciente de los mercados. El problema no es técnico, sino de una falta evidente de voluntad política.

Diario Público

domingo, 17 de abril de 2011

ATTAC España propone nacionalizar Telefónica


15 Abril 2011 
Comunicado de ATTAC España
Ante el anuncio realizado por la compañía Telefónica de despedir al 20% de su plantilla en España después de haber ganado 10.167 millones de euros en 2010, ATTAC España propone al Gobierno y al Parlamento españoles lo siguiente:

1. Que procedan inmediatamente a tomar las medidas necesarias dirigidas a nacionalizar a esta compañía hasta hace poco propiedad de toda la ciudadania del Estado Español, para salvaguardar los intereses públicos y el bien general evitando que el dinero y el esfuerzo acumulado durante muchos años por millones de nuestros conciudadanos y conciudadanas se sigan dedicando a lucrar a una minoría de propietarios y directivos escándalosamente bien pagados, mientras que se deterioran continuamente los servicios que presta dicha empresa y para colmo se plantean destruir 6000 empleos.

2. Que se cree una comisión independiente de investigación para poner de relieve con total transparencia las condiciones en que se llevó a cabo el proceso de privatización de las empresas españolas de propiedad estatal que han ido a parar a manos privadas.

3. Que dicha comisión estudie y proponga a los poderes públicos las fórmulas posibles para devolver a la propiedad nacional a las grandes empresas de valor estratégico que fueron privatizadas con el fin de que el Estado vuelva a ser dueño de los resortes esenciales de los que depende que nuestra economía y nuestra sociedad recobren la actividad y el empleo.

Al mismo tiempo, ATTAC España denuncia la irresponsabilidad del Presidente Rodríguez Zapatero y de su gobierno que para tratar de hacer frente a la crisis se reunió hace unas semanas con los propietarios de empresas y bancos que, como Telefónica, son en realidad las causantes de la crisis y de las mayores pérdidas de empleo que se han producido en nuestra economía.

Finalmente, ATTAC España llama a todas las personas, partidos, organizaciones, movimientos o grupos sociales de cualquier tipo interesados en salvar los intereses generales y en que la crisis la paguen quienes la han provocado que apoyen esta iniciativa, enviando su adhesión a ATTAC España.

ATTAC España iniciará diversas campañas, frente a esta actuación y denunciará según sus posibilidades las nuevas privatizaciones previstas, llamando a la ciudadanía en general a posicionarse frente a ellas y las pérdida de patrimonio que nos pertenece a todas y todos y no a sus gestores temporales.

jueves, 24 de marzo de 2011

Democracia, hipocresía y corrupción

La hipocresía política no tiene límites. La democracia, nombre que se da al sistema político en que vivimos, más bien debería ser llamada demagogia. Y es que los estadistas de gran talla que hoy nos gobiernan no dejan de sorprendernos con declaraciones cada vez más tendenciosas. Tras innumerables escándalos de corrupción sin resolver, absoluta ineficiencia para resolver los problemas y falta de proposición de alternativas reales, la ciudadanía sigue tragando con unos políticos inútiles. Y no sólo eso, los burócratas con proyección pública se siguen creyendo con autoridad suficiente como para darse lecciones unos a otros y, por tanto, a la población.

El último culebrón parlamentario tiene que ver con Sortu. El nuevo partido que representa a la izquierda vasca trata de hacerse un hueco en el juego electoral. Para ello ha cedido ante las presiones del Estado y se ha desmarcado del terrorismo de ETA. El explícito rechazo a cualquier forma de violencia consta dentro de sus estatutos. En ellos la recién nacida formación expone literalmente que “desarrollará su actividad desde el rechazo de la violencia como instrumento de acción política o método para el logro de objetivos políticos, cualquiera que sea su origen y naturaleza; rechazo que, abiertamente y sin ambages, incluye a la organización ETA, en cuanto a sujeto activo de conductas que vulneran derechos y libertades fundamentales de las personas”.

Pese a todo, los dos gran partidos nacionales, PP y PSOE, siguen manteniendo mano de hierro respecto a Sortu. El Vicepresidente Rubalcaba, hombre con un oscuro pasado ligado a los GAL, reitera en sus ruedas de prensa la inminente ilegalización del partido. Eso sí, para unos instantes más tarde declarar que serán los tribunales los que decidan. Bendita separación de poderes. Los jueces no estarán en absoluto presionados por el poder ejecutivo. Para nada.
No obstante, hay voces discordantes. El Lehendakari socialista Patxi López –frustrado objetivo de un comando de ETA recientemente desarticulado, virtual atentado con el que, por cierto, Sortu manifestó su disconformidad- declaró el pasado domingo a Público que “Sortu y ETA no son lo mismo”. Estas escandalosas palabras no podían sino conllevar la indignación de la oposición. ¿Cómo se puede atrever el Presidente de la Comunidad Autónoma Vasca a cuestionar el “pensamiento único” acerca de Sortu? En fin, esta osadía sin parangón ha llevado a Esteban González Pons, Vicesecretario de Comunicación del PP, a exigir inmediatamente la rectificación de Ferraz. Es decir, un miembro de un partido político que, tras 33 años de democracia, todavía no ha tenido la deferencia de condenar la dictadura franquista se arroga el derecho de decir a otro partido que desacredite unas declaraciones perfectamente razonadas y razonables. El mundo al revés.

Y es que el Partido Popular, entidad fundada por el ex Ministro de Franco Manuel Fraga no ha sido capaz en estas tres décadas de decir una sola palabra en contra del régimen autoritario que se prolongó en España durante casi cuarenta años. Es decir, para el PP, una sublevación armada de una parte del Ejército que supone el inicio de un encarnizado conflicto civil y fulmina la legalidad constitucional vigente no es un hecho digno de condenar. Sin embargo, que una parte de la población de una región del país quiera estar representada en las instituciones públicas, es un delito que pone en peligro la armonía democrática. Lo dicho, la hipocresía no tiene límites.
Dejando a un lado el oscuro pasado de España –aunque merecen especial mención las cifras: la represión franquista tras 1939 acabó con más de 50.000 vidas, mientras que ETA ha asesinado a 829 personas-, conviene resaltar la falta de cultura democrática de que adolece nuestra sociedad. Porque, todo hay que decirlo, la clase política de un país no suele ser sino el reflejo de la comunidad a la que representa. La democracia tiene como principal virtud servir a la representación de la ciudadanía, lo que conlleva escuchar sus demandas, debatirlas y, en su caso, ponerlas en práctica. El sistema electoral español espropocional , no mayoritario, por lo que la repartición de escaños en las Cámaras se hace acorde al número de votos obtenido por cada formación. Esto facilita que todas las fracciones ideológicas con peso demográfico tengan un hueco en las instituciones. Es esta y no otra la esencia del sistema político que tenemos: repartir la tarta del poder entre los distintos colectivos sociales en función de su tamaño. Por esta razón se puede decir sin miedo a equivocarse que la Ley de Partidos aprobada en 2002 choca de plano con el espíritu democrático.

La citada ley, impulsada por un PP que por aquel entonces contaba con mayoría absoluta en el Congreso, permite la ilegalización de partidos políticos. Fue creada ex profeso para expulsar de la arena política a la izquierda abertzale, dirigida por Arnaldo Otegi. Considerada el brazo político de ETA, la formación denominada Batasuna fue declarada ilegal.

Hoy en día, parece que cuestionar la ilegalización de un partido que tenga lazos con una organización terrorista es poco menos que blasfemar. Pues bien, excluir a una formación política del juego institucional significa relegar a todas las personas que la soportan, es decir, a su base social, al limbo político. Si la función esencial de la democracia es dar cabida a todas las opiniones existentes en una sociedad y otorgarles la posibilidad a todas y cada una de ellas de materializarse en la práctica, la ilegalización de un colectivo que acepta esas reglas de juego nunca puede estar justificada. En caso de que se demuestre la relación directa entre un partido y una banda armada que intenta imponer sus demandas por medio del terror, podría aceptarse la congelación de la financiación pública hacia esa formación e, incluso, el seguimiento de las acciones de sus cargos públicos para evitar que favorezcan a la organización paramilitar. Pero, en ningún caso es admisible su ilegalización dentro de un sistema que se autodenomina democrático.
El problema reside en que un partido político que soporta a una banda terrorista tenga un amplio respaldo social. Es decir, el problema es que haya gente que apoya esas acciones. Por tanto, la única solución que tendría un Estado democrático que quisiera seguir siendo considerado como tal sería la de convencer a esas personas de que la vía para llevar a cabo sus demandas no debe pasar por el filtro de la violencia. No obstante, esta posibilidad se torna imposible cuando es el propio Estado el que hace uso de esos métodos cuando le parece oportuno. No hablamos ya de los abominables GAL, sólo hace falta acudir a alguna manifestación ciudadana que tenga aire combativo –no porque sea violenta sino por sus propuestas que choquen con el statu quo imperante- para comprobar como los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado lucen todo tipo de armamento represivo y hacen gala de prepotencia y malas pulgas. Por no hablar de los numerosos y documentados casos de tortura acaecidos en comisarías españolas. En definitiva, es muy complicado convencer al adversario de que está equivocado cuando uno mismo utiliza en la sombra las mismas técnicas que critica.

La democracia, por su naturaleza igualitaria –en cuanto a la participación política, no económicamente hablando -, es frágil. Para fortalecerse, en vez de recurrir a los instrumentos de los viejos y obsoletos regímenes, debe dotarse de métodos que sean coherentes con los propios principios que abandera. Educación, tolerancia o diálogo deberían ser siempre sus tácticas. Recurrir a la represión, ya sea por la vía del Derecho o por la policial, no es una vía aceptable para este sistema. De igual modo, las personas a quienes la gran mayoría de los ciudadanos delegamos nuestro poder de decisión, no pueden dedicarse a insultarse mutuamente con el único objetivo de arañar unos pocos votos. Es necesario contar con unos gobernantes rectos y coherentes para que la población se sienta complacida con la actuación de aquellos a los que otorga el privilegio de gestionar los asuntos públicos. Que éstos abandonen su inagotable retórica hipócrita y demagoga no es una utopía, sino una necesidad. Para conseguirlo los ciudadanos contamos con un arma muy poderosa: el voto. O la ausencia del mismo.
En este sistema la única forma de cambiar el panorama pasa por las urnas y por las calles. Dado que la toma de los barrios y el inicio de una insurrección social que deponga a los corruptos gobernantes que tenemos es poco menos que una fantasía digna de Tolkien, solo nos queda el sufragio. Un principio básico de la democracia versa sobre el deber de los ciudadanos de deponer a aquellos que detentan el poder cuando éstos incumplen su obligación de favorecer el bien común. No es difícil darse cuenta de que la situación actual responde a este supuesto. Por tanto, el deber de la ciudadanía hoy es castigar a los corruptos. Y a los hipócritas.


Fuentes del texto: http://www.elpais.com/articulo/espana/claves/estatutos/Sortu/elpepuesp/20110209elpepunac_37/Tes
http://www.publico.es/espana/365768/patxi-lopez-sortu-no-es-lo-mismo-que-eta
www.salamancamemoriayjusticia.org/der/espinosanacional.pdf
http://www.elpais.com/graficos/espana/Sortu/caras/Batasuna/elpepuesp/20110207elpepunac_1/Ges/
http://en.wikipedia.org/wiki/ETA
http://www.es.amnesty.org/paises/espana/tortura-y-malos-tratos/
Espinosa Maestre, F. (2010). Violencia roja y azul: España, 1936-1950. Barcelona: Crítica.Fuentes de las imágenes:http://www.heraldo.es/noticias/nacional/el_pse_cree_que_podria_contar_con_apoyo_partidos_que_aun_han_hablado.html
http://www.deia.com/2011/02/08/politica/euskadi/sortu-rechaza-la-violencia-de-eta-sin-ambages-advierte-que-nadie-les-fagocitara-y-defiende-su-derecho-a-la-legalidad-
http://montserratponsa.wordpress.com/2011/02/20/bilbao-se-manifiesta-para-exigir-la-legalizacion-de-sortu/
http://www.as.com/futbol/articulo/gonzalez-pons-colabora-ampliacion-capital/20090817dasdasftb_21/Tes
http://www.fp-es.org/el-retroceso-de-la-democracia

viernes, 21 de enero de 2011

El País censura

Ayer un profesor de la Complutense aseguró en clase que hace pocos días el diario El País, adalid de la libertad de expresión, se negó a publicarle un artículo en el que explicaba y desarrollaba el concepto de Populismo. El periódico progresista que colabora con el rebelde Assange aludía a varias expresiones concretas del autor que desentonaban con la línea editorial del medio y, por tanto, no se podían publicar en sus páginas sin previa modificación. El profesor trató de matizar algunas de las aseveraciones en disputa, pero, vista la imposibilidad de entendimiento, optó finalmente por desistir.

Lo más preocupante del asunto no es ya que un periódico considerado serio pida a un reconocido autor escribir un artículo sobre un tema determinado -con el consiguiente esfuerzo que ello requiere- y finalmente no lo publique, sino que éste no es un caso aislado. Escaso tiempo atrás la misma cabecera optó por no publicar un texto de Carlos Herrera, también por desajustes con la línea editorial.

Un medio de comunicación tiene que ser consecuente con sus principios. Si aboga por la libertad de expresión debe mantener siempre esa actitud. No vale según le convenga. Los medios deberían ser espacios abiertos donde cualquier opinión responsable tenga cabida.

El País censura. El resto de medios, también. Pero ahora los ciudadanos tenemos una vía de escape: Internet. Debemos aprovecharla.

Jaime

domingo, 16 de enero de 2011

¿Tiene salvación Europa?

Cuatro líneas argumentales europeas

Algunos economistas, entre ellos yo mismo, observamos los males de Europa y tenemos la sensación de que hemos visto esta película antes, hace una década en otro continente: concretamente en Argentina.

A diferencia de España o Grecia, Argentina nunca renunció a su moneda, pero en 1991 hizo la siguiente mejor cosa posible: vinculó rígidamente su moneda al dólar estadounidense, y creó una "caja de conversión" según la cual cada peso en circulación estaba respaldado por un dólar de las reservas. Durante gran parte de los años noventa, Argentina se vio recompensada con unos tipos de interés mucho más bajos y grandes entradas de capital extranjero.

Sin embargo, Argentina acabó cayendo en una persistente recesión y perdió la confianza de los inversores. Hacia principios de 2002, después de airadas manifestaciones y una retirada masiva de los bancos, todo se había ido al garete. El vínculo entre el peso y el dólar se rompió, mientras el valor del peso caía en picado; entretanto, Argentina dejó de pagar sus deudas y terminó pagando solo unos 35 céntimos por cada dólar.

Es difícil evitar la sospecha de que el futuro podría deparar algo similar a una o más de las economías problemáticas de Europa.

Tal como yo lo veo, hay cuatro modos en que la crisis europea podría remitir (y podría remitir de manera diferente en los distintos países):

- Resistir: cabe la posibilidad de que las economías europeas puedan tranquilizar a los acreedores mostrando la voluntad suficiente para soportar el dolor y evitar así el impago y la devaluación. Los modelos de conducta en este caso son los países bálticos, Estonia, Lituania y Letonia, que han estado dispuestos a soportar una austeridad fiscal muy dura mientras los salarios se reducen poco a poco con la esperanza de restaurar la competitividad (un proceso conocido como "devaluación interna").

Hasta cierto punto, los países bálticos han conseguido tranquilizar a los mercados, que ahora los consideran menos arriesgados que Irlanda, y no digamos que Grecia. Pero todos los indicios apuntan a que pasarán muchos años antes de que recuperen el terreno perdido.

- Reestructuración de la deuda: los inversores no esperan que Grecia e Irlanda paguen sus deudas por completo. Esperan alguna clase de reestructuración de la deuda, aunque ello no pondría fin de ningún modo al sufrimiento de las economías en dificultades. Fijémonos en Grecia: aun cuando el Gobierno se negase a reconocer toda su deuda, todavía tendría que recortar drásticamente el gasto y subir los impuestos para equilibrar su presupuesto, y todavía tendría que padecer el dolor de la deflación. Pero una reestructuración de la deuda podría terminar con el círculo vicioso de la caída de la confianza y la subida de los costes del interés, lo que convertiría la devaluación interna en una estrategia viable aunque atroz.

- La estrategia argentina completa: Argentina no solamente dejó de pagar su deuda externa; también abandonó su vínculo con el dólar, lo que permitió que el valor del peso cayese más de dos tercios. Y esta devaluación funcionó: a partir de 2003, Argentina experimentó una rápida recuperación económica impulsada por la exportación.

¿Seguirán el mismo camino uno o más de los países europeos con problemas? Para ello, tendrían que superar un gran obstáculo: el hecho de que ya no tienen sus propias monedas. Como señalaba Barry Eichengreen, de Berkeley, en un influyente análisis de 2007, cualquier país de la eurozona que insinuase siquiera que iba a abandonar la moneda, desencadenaría una devastadora retirada masiva de sus bancos, al apresurarse los depositantes a trasladar sus fondos a lugares más seguros. Y Eichengreen concluía diciendo que este obstáculo "procedimental" que impide la salida hacía que el euro fuera irreversible.

Pero también se suponía que la vinculación con el dólar de Argentina iba a ser irreversible, y lo que al final hizo posible la devaluación fue el hecho de que hubo una retirada masiva de los bancos a pesar de la insistencia del Gobierno en que un peso siempre valdría un dólar. Esta retirada obligó al Gobierno argentino a limitar el dinero que se podía sacar y, una vez que estos límites entraron en vigor, fue posible cambiar el valor del peso sin desencadenar una segunda retirada masiva. En Europa no ha pasado nada parecido (todavía). Pero sin duda es algo que está dentro de lo posible, especialmente a medida que el sufrimiento causado por la austeridad y la devaluación interna se prolongue.

- Europeísmo reavivado: a principios de diciembre, Jean-Claude Juncker, el primer ministro de Luxemburgo, y Giulio Tremonti, el ministro de Economía de Italia, desataron una tormenta con su propuesta de crear "eurobonos" que serían emitidos por un organismo de deuda europeo a instancias de los países europeos individuales. Como estos bonos estarían garantizados por la Unión Europea en conjunto, brindarían a las economías con problemas un modo de evitar los círculos viciosos del declive de la confianza y el aumento del coste de los préstamos. Por otra parte, esos bonos podrían exponer a unos Gobiernos a las deudas de otros (un inconveniente que los furiosos funcionarios alemanes se apresuraron a señalar). Los alemanes defienden con firmeza que Europa no debe convertirse en una "unión de transferencias" en la que los Gobiernos y los países más fuertes proporcionen ayuda sistemáticamente a los más débiles. Pero como demuestra la comparación entre Irlanda y Nevada, Estados Unidos funciona como una unión monetaria en gran parte precisamente porque también es una unión de transferencias, en la cual los Estados que no han quebrado ayudan a los que sí. Y resulta difícil vislumbrar un modo de que el euro funcione a menos que Europa encuentre la manera de lograr algo similar. Un fracaso del euro representaría un golpe posiblemente irreversible para las esperanzas de una verdadera federación europea. ¿Permitirán los países fuertes de Europa que eso suceda? ¿O asumirán la responsabilidad, y posiblemente el coste, de ser los guardianes de sus vecinos? El mundo entero espera la respuesta.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel de Economía de 2008. Su último libro es El retorno de la economía de la depresión y la crisis de 2008. © The New York Times Magazine 2011. Distributed by The New York Times Syndicate. Traducción de News Clips.

 (Extraído del artículo ¿Tiene salvación Europa?, del 16 de enero de 2011 en elpais.com)

lunes, 27 de diciembre de 2010

¿Deflación?, sí gracias


El autor explica cuáles son los riesgos de la deflación y defiende la caída de los precios desde el punto de vista del decrecimiento económico.


JM RIVADENEYRA / Desazkundea [Decrecimiento de Euskal Herria]
Lunes 20 de diciembre de 2010.  Número 139  Número 140
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Ilustración: Le Corbeau.
La deflación es la pesadilla de los economistas. Es uno de los fenómenos que pueden aparecer durante las crisis de sobreproducción, como la actual: al haber más oferta que demanda, los precios en lugar de subir (inflación), bajan. El problema es que la deflación induce a reducir el consumo, ya que sale más barato retrasar las compras. Y el consumo es la gasolina de la economía capitalista: si no hay consumo, hay que reducir la producción y todos pierden: las empresas reducen sus ventas, las inversiones y su plantilla (y, a menudo, sus beneficios), los Estados su recaudación, y los trabajadores acaban en el paro.
Si en una crisis se llega a producir deflación, se entra en una espiral de destrucción del tejido productivo y ahondamiento de la crisis de la que es muy difícil salir. Es lo que le ocurrió a Japón en los ‘90 en lo que se conoce como la “década perdida”. De esa experiencia no ha salido ninguna fórmula para combatir esta situación. De ahí el pánico a la deflación. Todo este análisis está hecho asumiendo que la única forma de mantener sana la economía es creciendo.

Pero si dejamos de lado el dogma del crecimiento económico, la valoración que se hace de la deflación es muy distinta. Si en lugar de asumir que el objetivo del sistema es maximizar la producción, partimos de que su objetivo es satisfacer las necesidades de la población, todo cambia. Desde esa perspectiva, la deflación se ve como un mecanismo corrector de la sobreproducción al racionalizar el consumo, ya que, en un escenario de deflación, el consumidor tiende a ajustar su consumo a lo necesario.
Y si se consume menos, también se producirá menos, llevando al sistema productivo a su dimensión adecuada. Pero la banca y sus gobiernos no lo ven así, y en lugar de redimensionar el sistema económico, se le quiere devolver a la sobreproducción que ha desembocado en cataclismo.

Por tanto, la deflación en sí no es mala, sino todo lo contrario. Pero, ¿cómo evitar el aumento del paro en una economía en recesión? La respuesta es evidente: repartiendo el trabajo. Los avances técnicos hacen que se necesite mucho menos trabajo que hace décadas para producir lo necesario para satisfacer las necesidades de la población, pero seguimos trabajando las mismas horas diarias que hace casi cien años. ¿Para qué? Para mantener el crecimiento, aunque hace tiempo que éste no sea necesario ni deseable en el mundo occidental. No es necesario, porque producimos más de lo que necesitamos. Y no es deseable porque es materialmente insostenible en un planeta que tiene sus recursos limitados, y porque condena a la población a repartir su vida entre el trabajo para producir y el consumo para sostener esa producción, sin dejar tiempo para un ocio dedicado a las relaciones familiares y sociales, las actividades culturales, lúdicas, etc. Hay que aplicar la técnica no para producir más, sino para hacerlo mejor, en menos tiempo y sin destruir empleo.
Otro aspecto que aterra a los detractores de la deflación es la pérdida de valor de los bienes acumulados, cuyo precio desciende con el tiempo. Pero no hay tal pérdida si el valor que damos a las cosas es su valor de uso y no su valor de mercado. Para entender esto, un buen ejemplo es el de la vivienda.

A quien la compra para vivir en ella, le da igual el valor de mercado que pueda alcanzar su vivienda, puesto que necesitándola para vivir no la va a vender. Y si la vende, el dinero que ingrese será equivalente al que se gaste en comprar otra. Sólo hay pérdida de valor para el especulador que compra una vivienda con la única intención de volver a venderla más tarde y obtener con ello un beneficio, y no para vivir en ella. Uno de los grandes vicios de este sistema es haber convertido absolutamente todo, incluso los bienes de primera necesidad, en mercancía. Sobre esa deformación la deflación tiene un efecto purgante: expulsa del sistema económico los elementos especuladores y no productivos, pues éstos dejan de tener el aliciente de comprar y acumular bienes para revenderlos cuando los precios hayan subido lo suficiente, dado que los precios, en lugar de subir, bajan.

En definitiva, la deflación es una bendición para la economía, un mecanismo de ajuste que redimensiona el sistema productivo y el consumo ajustándolos a los niveles necesarios, y que castiga al sector improductivo de la economía que son los especuladores, encabezados por la banca. Estos ajustes son muy necesarios cuando llevamos décadas aumentado irracional e insosteniblemente el consumo en los países ricos para poder seguir alimentando el crecimiento.

Si no entendemos así la deflación y no reaccionamos en sintonía, reduciendo la producción y el consumo y repartiendo el trabajo, lo vamos a pasar todos muy mal. El edificio económico que hemos habitado en el último siglo se derrumba. Ante ello tenemos dos opciones: intentar el imposible de apuntalarlo insistiendo en las fórmulas de siempre o desmontarlo ordenadamente, apostando por el decrecimiento. De momento, los gobiernos han optado por lo primero, y los cascotes ya están cayendo sobre nuestras cabezas.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Alarma: Controladores en paro

Hoy recojo un texto escrito por una controladora aérea en el que muestra las razones por las que su colectivo decidió tomar las drásticas medidas del viernes pasado. Su manera de expresarse no es la más educada, hecho que yo interpreto como muestra de la rabia que acumula en su interior por la situación de su colectivo, que ella ve claramente agraviado.

Tenga quien tenga la razón, me parece importante dar voz también a la otra parte, ya que los medios de comunicación no parecen interesados en mostrar otra opinión que la de los partidos políticos mayoritarios.

Es obvio que los controladores hacen uso de su posición estratégica para presionar al Gobierno y así hacer cumplir sus demandas. Pero, atendiendo a las condiciones que tienen actualmente, es entendible su indignación. Aunque, por supuesto, también se comprende a los miles de pasajeros que perdieron sus vacaciones. La pregunta es, ¿hasta dónde es legítimo que los controladores utlilicen su capacidad de presión, teniendo en cuenta que haciéndolo perjudican a un gran número de personas que nada tienen que ver con el tema? Leed y juzgad vosotros mismos.


En lugar de leer los periódicos pagados por el gobierno lee el Boletín Oficial del Estado, ahí está todo y luego decides lo que te crees y lo que no.
 Otro dice que vivimos en un estado de derecho. Pues va a ser que no. El primer decreto ley que nos cascaron anuló nuestro derecho a la negociación colectiva violando la Constitución. Pues ahí está.
Me abren dos expedientes disciplinarios por escribir una mariconada de blog. Tengo dos juicios pendientes, que cada cosa que vosotros tenéis por ley yo tengo que ganarla en los tribunales y eso si tengo suerte, que si no me jodo, porque soy controladora y no se me aplica ni de coña la misma justicia que a vosotros lo creáis o no.
Mis huelgas las pactan sindicatos en los que no hay ni un controlador y me nombran servicios mínimos del 120%. Si eso es tener derecho a la huelga que baje dios y lo vea.
Ponemos a la opinión pública en nuestra contra: mentira, siempre lo ha estado porque nadie se ha molestado en escuchar los argumentos y datos que llevamos dando un año. Sólo oyeron 360.000 y no pasaron de ahí.
¿Para qué cojones creéis que nos han cascado tres decretazos y una orden ministerial?
En el primero nos ampliaron la jornada por el morro en seiscientas horas al año, que está de puta madre.
Nos crujieron el sueldo y resulta que todos sabéis lo que yo gano porque lo dicen en la tele. Pues tampoco es verdad ni por los cojones. No gano 200.000 euros al año por mucho que diga el ministro. Ni eso ni la mitad.
Si os molestaseis en mirar mejor, veríais que hace nada la directora de navegación aérea se soltó el moño diciendo que pedíamos más dinero saliendo de una reunión de la que existe un acta en la que no figura semejante petición. Un juez la obliga a retractarse, pero vosotros sólo oís lo que os da la gana. Y somos los malos para variar. Y de éstas hay mil.
Hemos presentado cientos de demandas por incidentes de seguridad, por irregularidades de todos los calibres. Van a parar al fondo de un cajón. Estamos recurriendo a tribunales europeos porque lo de España es el coño de la Bernarda.
En el segundo decretazo nos quitaron los descansos y se concedieron barra libre para ponernos a currar como animales y nos obligan a estar disponibles 365 días al año, 24 horas al día. Esto se lo comento a los médicos que me dicen gilipolleces, que ninguno curra todos los días.
Me obligaron a trabajar doscientas horas al mes a turnos de mañana, tarde y noche. Y para el subnormal que dice que trabajo como todo el mundo 40 horas a la semana, eso son 160. O sea, que yo trabajo el equivalente a cinco semanas en un mes de cuatro, cuando por ser trabajo a turnos debería currar bastante menos.
Al que le salga de los huevos que se lea cualquier estudio del efecto del trabajo a turnos sobre el organismo. La mitad de los que me ponéis a caldo dormís mal dos días y estáis hechos una mierda. Yo llevo haciendo turnos sin rechistar catorce putos años, así que no me jodáis.
Y es muy fácil imaginar mi curro desde vuestros sofás, durmiendo ocho horitas cada noche. Si venís a currar conmigo a turnos un mes en una semana no podéis con vuestros huevos.
No somos controladores suficientes, y es lo que hay. No damos abasto coño. No os queréis enterar. Nos exigís currar todos los días para tener vuestros putos puentes y vuestras putas vacaciones. ¿Dónde cojones dice que seamos vuestros esclavos? ¿Por qué vosotros tenéis todos los derechos del mundo y nosotros NINGUNO?
A pesar de que nos aumentaron un huevo las horas, como los de AENA son unos inútiles nos hicieron currar como putas en verano y se quedaron sin sus propias putas horas. Y yo no puedo trabajar por encima de lo que estipula la ley porque me meten en la cárcel.
Solución: otro decretazo, el de hoy, que hace desaparecer vacaciones, bajas, permisos, reducciones de jornada por maternidad etc y así salen horas por un tubo. Y con efecto retroactivo, que ya es para cagarse.
Vuestro puente de puta madre, y yo curro dieciséis meses al año.
Me decís que pobrecitos vuestros parientes, que no podéis ir a verlos. Yo he tenido UN fin de semana libre en nueve putos meses. Han operado a mi madre tres veces y la he visto cinco días.
Y os atrevéis a decirme que vuestras familias son más importantes que la mía.
Y ahora viene la mierda de los militares. Somos dos mil civiles, y no hay ni doscientos controladores militares aprovechables para hacer nuestro trabajo. Controlar no es conducir, y para que un militar haga mi curro tiene que saberse mi espacio aéreo, mis procedimientos, la geografía de mi zona de pe a pa. O sea, que necesita un par de mesecitos o más. Sin contar con que yo muevo sesenta aviones a la hora y ellos no pillan ni la cuarta parte. Por no decir que van tiesos de inglés para vuelos comerciales (…)
El que quiera ser un esclavo que lo sea, no me contéis que vuestros curros son peores,  espabilad y luchad en lugar de lloriquear, pero yo defiendo el último derecho que me queda, que es el de pelear por recuperar mis derechos (lo que vosotros llamáis privilegios, que manda huevos) y mi dignidad profesional y personal.
Y si lo consigo bien y si no me largo del curro. Haceos controladores vosotros y así os curráis los puentes unos a otros y tan ricamente. Os va a encantar.
Mola que sólo a una persona le haya llamado la atención que en todo este tiempo no se haya oído a los controladores. No nos dejan hablar en la tele ni salir en los periódicos porque al Gobierno no le interesa que se conozca nuestra versión. Sólo tenéis la suya.

http://controladoresareosyotrashierbas.blogspot.com/2010/12/ver-si-nos-entendemos.html

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Internet, el AK-47 del siglo XXI

En los últimos tiempos hemos comprobado el poder de Internet. Una simple página como Wikileaks ha puesto en entredicho la seguridad de los documentos clasificados de la inteligencia norteamericana. Una superpotencia mundial amenazada por las filtraciones aireadas en un sitio web que la expone para que cualquier persona con acceso a la red pueda verlas.

Esto demuestra el potencial de la herramienta que conocemos como Internet. Una red que conecta a todo el mundo con el único requisito de poseer un terminal y una conexión apropiadas. Afortunadamente, hasta el momento esos elementos están al alcance de la gran mayoría de personas que, con mayor o menor dificultad, pueden acceder a Internet. Sobre todo en el contexto urbano de los países desarrollados.

La red posibilita el intercambio instántaneo de información entre personas situadas en cualquier punto del globo terráqueo, por lo que podría ser un instrumento esencial para impulsar un cambio social, político o económico, al facilitar la organización de personas que disienten con el régimen establecido. Además, hitos como el de Wikileaks aportan transparencia al mundo en que vivimos. Nos permiten entrever lo que las opacas altas esferas deciden y sus verdaderas motivaciones, escapando así del férreo control mediático al que someten a los supuestos informadores. Y es que si los medios de comunicación de masas son empresas con ánimo de lucro que responden a los mismos postulados que los gobernantes (económicos y políticos), ¿cómo van a informar imparcial y objetivamente sobre los hechos que acontecen? Mienten. Muestran solo la información que conviene a los magnates que los controlan. Esconden todo aquello que podría arrebatarles su posición privilegiada. Internet podría ser la solución a este problema.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Fe contra Modernidad. Historia de un cisma


 
Hace unas semanas España recibió una visita ilustre. Una de las personas más influyentes del mundo se ha dado una vuelta por Santiago de Compostela y Barcelona, probablemente tratando de reavivar la llama de la fe en un país que siempre ha sido el más sólido bastión del catolicismo. Efectivamente, es de Joseph Ratzinger, el actual Papa, de quien hablamos.
Muchos son sus detractores, pero también muchos sus fieles. Numerosas han sido las muestras de protesta ante la venida del jefe de la Iglesia de Roma. Manifestaciones en favor de los anticonceptivos, el aborto o los homosexuales han copado las actividades del sector laicista del Estado. Mientras, otros se reunían en torno a misas masivas para oír con sus propios oídos al Santo Padre. Dos actitudes enfrentadas. Dos mentalidades diferentes: una abraza la tradición, la otra rechaza la imposición.

Hace unos meses, recién ocurrido el terremoto de Haití, un importante eclesiástico español declaró que “existen males mayores que los de esos pobres de Haití; nosotros también deberíamos llorar por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida, quizás nuestro mal es más grande que el de aquellos inocentes”. Esta afirmación causó un gran revuelo. A su autor le llovieron críticas por todos lados, al comparar una tragedia que dejó más de 150.000 muertos -y un país devastado- con la crisis de valores que invade Occidente. Aunque la comparación fuera efectuada en el momento más inoportuno posible, y además por un miembro del sector más rancio de la Iglesia, no conviene dejarla de lado. Salta a la vista la profunda grieta espiritual que se ha abierto en la mentalidad del hombre moderno.

Una vez que el ser humano pudo despojarse del yugo de la religión comenzó a pensar libremente. Esa capacidad para razonar sin trabas dogmáticas facilitó el desarrollo científico, que a su vez propició –no sin sangrientas revoluciones de por medio- la expansión del bienestar social. En otras palabras, de no ser por el proceso de secularización vivido en Europa a partir del siglo XV hoy en día seguiríamos viajando a lomos de un burro y cenando a la luz de una vela.

No obstante, la victoria de la razón frente al dogma también trajo consecuencias negativas. Se abandonaron valores como el de la caridad hacia los necesitados, tan arraigados en el cristianismo antiguo -producto de la desvinculación entre actos mundanos y salvación ultraterrena-. Abonándose así el terreno para el capitalismo salvaje del siglo XIX. La secularización colaboró también en ese “terror del capital”, pues creó en las personas la sensación de tener que satisfacer sus deseos en su vida terrena, sin esperar al paraíso post mortal. Ese ansía por satisfacer los deseos terrenos se tradujo en una búsqueda incesante de beneficio, lo que a su vez justificó el sistema económico actual, basado en la continua acumulación de capital.

Si a todo ello añadimos la irrupción del darwinismo social, legitimador de las desigualdades sociales al atribuirlas a una condición “natural” del ser humano –los individuos más fuertes triunfan y se sitúan en lo alto de la escala jerárquica, mientras que los débiles se deben contentar con la migajas que los otros dejan-, el panorama que queda no es muy alentador. Sin embargo, la efervescencia revolucionaria del movimiento obrero obligó a las élites a corregir los desequilibrios del mercado y fomentar cierta justicia social. Casualmente, en este gran conflicto entre empresarios y asalariados la Iglesia no dudó en alinearse con los poderosos. Si bien reclamó algunas mejoras en las condiciones de los trabajadores, se opuso frontalmente a los sindicatos de clase, promoviendo el modelo vertical que aúna capital y trabajo bajo su seno. El mismo modelo que impide al trabajador reclamar efectivamente sus derechos. El mismo modelo que Mussolini o Franco hicieron suyo. Gran paradoja: la misma institución que aboga por la defensa de los pobres, por el respeto hacia el prójimo, es la misma que prefiere aliarse con los explotadores antes que con los explotados. Se pone por delante la practicidad de conservar el poder antes que el idealismo de defender los propios principios.

El desarrollo de la sociedad moderna –y postmoderna- modeló seres humanos cada vez más individualizados. El consumo masivo, la televisión, la mercantilización de toda relación social ha provocado una enorme ausencia de valores entre la población. Ya nada importa con tal de obtener beneficio. No importa pisar al compañero, no importa mentir, siempre que con ello se ascienda económica, social o políticamente. Esa ética –o ausencia de-, basada en el lucro individual sin importar el cómo, es la consecuencia del sistema económico capitalista, cuya lógica se basa en el “sálvese quien pueda”. Quizá es de esta crisis de valores de la que hablaba el religioso español que antes mencionábamos, o quizá no. Quizá él se refería a los valores por los que se ha regido su institución a lo largo de los siglos, bajo los cuales ha engañado a los ignorantes, quemado en la hoguera a los disidentes o pactado con los terratenientes, a pesar de que llevando a cabo todas esas acciones no haya hecho más que contradecir lo que su gran venerado Jesucristo dijo.

La confluencia del auge del individualismo capitalista con el desencanto hacia la Iglesia Católica ha provocado que las parroquias españolas estén cada día más desiertas. No sabemos si la preocupación del clero nacional se debe tanto a la crisis materialista que empuja al infierno a todas nuestras almas como al vaciamiento de sus arcas que ello provoca.

En cualquier caso, la visita del Papa a España pone de manifiesto la existencia de un país dividido. Él mismo comparó en el avión que le llevaba a Galicia la situación que hoy vivimos con la que reinaba en los años 30 del siglo pasado. Aunque muy exagerado, ese paralelismo se puede aplicar a las diferentes manifestaciones que últimamente tienen lugar en nuestro territorio. Marchas masivas por la defensa de la familia tradicional frente a colectivos que luchan por la laicidad del Estado, la ampliación del aborto o los matrimonios homosexuales. El choque entre fe y modernidad está asegurado.

martes, 26 de octubre de 2010

Viaje al culo de Europa

Este verano realicé junto a tres amigos un viaje alrededor de los Balcanes. Recorrimos cinco de las seis repúblicas que hace no mucho formaban la Yugoslavia de Tito. Este relato se centra en los días que pasamos en Bosnia-Herzegovina, concretamente en nuestro paso por Srebrenica. Este pueblo, situado en los Alpes Dináricos, es conocido por la horrible matanza que en él se produjo en julio de 1995. Justo quince años antes de que nosotros pasaramos por allí, el ejército serbo-bosnio, liderado por el general Ratko Mladic, tomó la localidad durante la Guerra de Bosnia y, pese a ser una "zona segura" protegida por cascos azules, perpetró una masacre que acabó con la vida de más de 8.000 personas, todos varones de religión musulmana (confesión mayoritaria entre la población de Bosnia-Herzegovina). Lo que a continuación se presenta son las experiencias que esa visita causó en nosotros. El texto fue escrito en Split, frente al intenso azul del mar croata, pocos días después de visitar Srebrenica. Las fotos fueron tomadas por uno de mis compañeros de viaje, por uno de mis compañeros de vida: Víctor.



21 y 22 de julio de 2010
Amanecemos en el hostal de Sarajevo. La mala noticia de que el único bus a Srebrenica salía a las siete de la mañana nos desanima un poco, pero no tardamos en buscar soluciones. Luna tiene la mejor idea: alquilar un coche. Cuando vamos al punto de información para preguntar por el Rent-a-car más cercano nos enteramos de que en Bosnia se necesitan meses de antelación para poder alquilar un coche. Sin embargo, obtenemos una buena noticia: hay otro bus a Srebrenica a las 15:30. Nos ponemos en marcha.


Camino a la estación conocemos a Samira. Casualidades de la vida, su marido forma parte del ayuntamiento de Srebrenica. En medio de una gran ciudad como Sarajevo tenemos la suerte de topar con alguien que conoce a la perfección el pequeño pueblo al que nos dirigimos, aunque al final Samira no nos será de gran ayuda.


Tras cuatro horas de curvas, baches y sospechosos carteles rojos a la entrada de los bosques (probablemente alertando de la presencia minas) llegamos al ansiado destino: Srebrenica. Un pueblo fronterizo entre Bosnia y Serbia en el que se produjo la mayor masacre europea desde la desde la Segunda Guerra Mundial.


De repente nos vemos solos en medio de una rotonda y con cientos de ojos posados sobre nosotros. La gente del pueblo no parece haber visto un turista en su vida. Lo primero que hacemos es asegurar nuestra supervivencia: comprar toallitas con sabor a naranja en el supermercado. Lo segundo, buscar un techo bajo el que dormir y averiguar cómo podríamos salir al día siguiente de ese pueblo perdido.


Tras ser rechazados e ignorados hasta en la comisaría de policía, perdemos toda esperanza de encontrar un refugio para pasar la noche lejos de mosquitos, ladrones y el frío nocturno. Todo apunta a que dormiremos en la calle.


Pero si algo hemos aprendido en este viaje es que la suerte existe y nosotros la tenemos como compañera. Quién lo iba a decir, la bandera que durante tantos años hemos rechazado es la que nos facilitará pasar una noche inolvidable. La pegatina rojigualda con un toro bravo en el centro, pegada en el culo de un coche azul, nos da fuerzas para ir a preguntar una vez más si alguien nos acoge gratis en su casa. El coche que parecía ser de un español resulta pertenecer a un bosnio emigrado a Austria, de vuelta a casa por vacaciones: Omar. Sentado en el porche de su casa, acompañado de una botella de rakia (licor balcánico) y de su vecino serbio que parece haberse bebido otras dos. Semidesnudos (entendible por el intenso calor de la noche estival y por el alcohol ingerido) nos abren las puertas de su casa y nos invitan a beber con ellos. Qué más se puede pedir. En pocos minutos hemos pasado de la resignación de tener que dormir en la calle a la satisfacción de tener casa y compañía.


Pasamos las horas entre Jelens (cerveza serbia), rakia, medicina sueca, pollo-mortadela y muchas risas. La comunicación es difícil, solo Srdjan, el vecino serbo-bosnio, chapurrea un poco de inglés. Además de su idioma natal, Omar domina el alemán, y Srdjan, el ruso. Pero gracias a las señas y a la voluntad de entendimiento todo es posible.


Una noche de contrastes. Promesas de envío de camisetas del Atleti mezcladas con amargos recuerdos de la guerra. Resulta que el padre de Omar fue una de esas 8.372 vidas que fueron barridas de la faz de la Tierra por el capricho de un general enfermo. La vida no vale nada cuando se topa con grandiosas ideas patrióticas.

Con sentimientos mezclados nos vamos a la cama. Y cuando digo cama digo tres cojines en el suelo. Todo un lujo, sin duda, teniendo en cuenta las circunstancias.

El día siguiente comienza temprano. Omar ha prometido llevarnos al Memorial por las víctimas de la masacre de 1995. Desayunamos té austríaco mezclado con miel bosnia. Será lo más dulce que probaremos en esa amarga mañana. Quince años después de la culminación de la sinrazón humana, el cementerio de Potocari (pueblo vecino de Srebrenica en el que se encuentra el Memorial) sigue oliendo a muerte. Todo cuanto se respira en él es tristeza y desolación. Una interminable lista de nombres sirve para recordar a los desdichados que tuvieron la mala suerte de encontrarse en el lugar y el momento equivocados. En el fondo, la religión, raza o nacionalidad es solo una excusa para que los psicópatas lleven a cabo sus planes. En el momento en que la vida humana es despreciada en favor de una horrible empresa como era la construcción de la Gran Serbia, el futuro no tiene sentido. La raza humana es tirada por el retrete. Sin embargo, la grandeza de la humanidad resurge cuando la gente de a pie no se deja contaminar por esos falsos delirios de grandeza. Omar y Srdjan lo demuestran. Amigos a pesar de pertenecer a comunidades enfrentadas y separadas por un enorme charco de sangre.


Visitamos el Memorial de las víctimas y la fábrica donde fueron hacinadas y posteriormente masacradas. Muchas emociones afluyen a nosotros. Ninguna es positiva.


La amargura alcanza su punto álgido después de ver un documental sobre aquellos días de julio del 95. Lágrimas, visibles o invisibles, corren por nuestras mejillas. Quince años son muy pocos. 8.372 personas son demasiadas. El motivo tan absurdo provoca que la rabia sea inmensa. La civilizada Europa permitió esto. Europa da asco.


Al salir del Memorial las cosas parecen diferentes. Aunque conocíamos la historia, no es lo mismo vivirla desde dentro. Srebrenica nos ha tocado la fibra. Pero ahora toca volver a casa de Omar, recoger los macutos y volver a Sarajevo para continuar el viaje. Tenemos la suerte de que un chico nos recoge en su choche y nos acerca allí donde vamos. Al fin y al cabo lo que importa son las personas. La gente corriente y su generosidad. En el mismo pueblo en el que ocurrieron cosas terribles, otras cosas maravillosas suceden. Personas que confían en extranjeros desconocidos y los montan en sus coches, les permiten dormir en sus casas, les cuentan la triste historia de sus vidas, comparten experiencias. Esa es la esperanza que nos queda. Nunca todo es desgracia. Siempre quedará una llama que nos permita alumbrar el camino.


Jaime

Fotos: Víctor Martín Gómez

sábado, 23 de octubre de 2010

Apesta


     Como ya decíamos, el mundo en el que vivimos se asienta sobre las más irrisorias ficciones. Ficciones que adquieren tintes de verdades absolutas, pero que en el fondo no dejan de ser castillos de papel con cimientos de plastilina. Este mundo patas arriba en el que los cuerdos son encerrados en psiquiátricos mientras los lunáticos llevan las riendas nuestros destinos, también lo comentábamos, encuentra un resquicio de esperanza en las jóvenes generaciones ansiosas de construir un mundo mejor. No hay mejor ejemplo de ello que lo que acontece en estos momentos en el vecino del norte. La juventud francesa ha tomado las calles para reivindicar su derecho a tomar parte en las decisiones que modelarán su futuro. Alrededor de 500 institutos de secundaria cerrados así lo atestiguan. Sin la mediación de ningún partido político, los jóvenes se manifiestan en París, Lyon o Marsella para reclamar una vida mejor, alejada de intereses especulativos y servidumbre hacia los que ostentan el poder.

     Mientras, al otro lado del Canal de la Mancha, el nuevo gobierno británico anuncia recortes de gasto público en materia de educación. ¡Qué paradoja! Al mismo tiempo que en Francia el movimiento estudiantil encabeza una revuelta contra las políticas gubernamentales, en el Reino Unido se asfixia a la juventud limitando la inversión en su formación. Empeora así la calidad de la educación pública inglesa, por lo que se favorece al sector privado, allí donde se forman los hijos de las clases pudientes. Las crisis siempre la pagan los mismos: los más débiles. Con la muy manida excusa de recortar el déficit público, los gobiernos cómplices de este tsunami neoliberal, aplican la tijera sobre aquellos sectores menos rentables a corto plazo, como por ejemplo la educación. Además, cuanto peor sea la educación de las clases bajas, menor será su capacidad para darse cuenta de que se pueden cambiar las cosas. Y a la vez, más posibilidades tendrán los hijos de los ricos de reemplazar a sus padres en los puestos relevantes. Es la retroalimentación de esta gran rueda que nunca para de girar. Hasta que vuelque.

     Y es que tarde o temprano la humanidad se dará cuenta de la falta de sentido que este mundo adolece. Un sistema que prima a la mentira sobre la honradez o a la mafia sobre la ética no puede sostenerse eternamente. Compañías como Monsanto, que se dedica a extorsionar legalmente a los granjeros estadounidenses obligándoles a cultivar su semilla patentada transgénica, incurriendo así en una posible intoxicación masiva de la población, al comercializar alimentos manipulados genéticamente y todavía sin testar su salubridad al 100%, son las que hacen que este sistema apeste. Es por ello que la razón humana debe darse cuenta de que existe otro camino. No solo el beneficio económico debe importar, también el futuro de todos nosotros como conjunto humano debe ser tenido en cuenta. Convencer al mayor número de personas posible de que el axioma de la rentabilidad económica no tiene por qué ser la ley divina que rija nuestras vidas es la ambiciosa meta que debe marcarse todo individuo consciente en la actualidad.

Jaime

martes, 12 de octubre de 2010

Una ficción

Una ficción. ¿Es real el mundo que habitamos? Al posar nuestros pies sobre el suelo sentimos la firmeza de la tierra bajo nuestros dedos. Cada vez que respiramos, una bocanada de aire fresco se introduce hasta nuestros pulmones para, más tarde, volver a salir por donde entró. Pruebas sin duda tangibles de que nuestra vida es real, verificable, inexorablemente verdadera. Sin embargo, a cada paso que damos, a cada inspiración que realizamos, multitud de ficciones se cruzan en nuestro camino. Vivimos en un mundo inventado, cuidadosamente colocado para que, si no nos paramos a reflexionar sobre ello, no notemos nada raro en ese ir y venir de ilusiones.

Nos levantamos cada mañana porque el maldito despertador nos avisa de que la hora ya ha llegado. Pero, ¿que es eso de la hora? Un invento. El tiempo, concepto abstracto donde los haya, reducido a horas, minutos y segundos para adaptarlo a las necesidades del devenir humano. La necesidad de enmarcar el desarrollo de nuestras vidas en una cuadricula que facilite la organización de nuestros actos a lo largo de los días. Ejemplo perfecto de la instrumentalización que nuestra especie hace de todo lo que a su alrededor encuentra.


No obstante, ningún ejemplo de ficción puede superar a la gestión que hacemos de los recursos escasos para satisfacer nuestras extensas necesidades, es decir, eso que denominamos economía. Lo que empezó como un tímido intercambio de vacas por ovejas en algún recóndito rincón del planeta ha alcanzado hoy una magnitud tal que se escapa a la capacidad del más brillante intelecto. Una gigantesca rueda que empezó a moverse por necesidad y que ahora arrolla todo cuanto encuentra a su paso, impulsada por un inagotable afán de lucro que parece no tener límites. Pero esa enorme rueda no se asienta sobre terreno sólido. Los campos que atraviesa se asemejan a una ciénaga. En ella aquel ser que se mueve rápido como la serpiente es capaz de deslizarse de una orilla a otra por la superficie. Sin embargo, a nada que se detenga, el lodo comenzará a cubrirla, poco a poco, hasta quedar sumergida para siempre. La rueda económica que conocemos tiene como base la ficción del dinero. Para que el dinero funcione, todos aquellos implicados en un intercambio deben estar convencidos de su validez. Lo que aparentemente es un simple trozo de papel entintado se convierte en el motor de vida de un planeta entero. Una verdadera locura. La ficción de la economía se asienta sobre una palabra clave: la CONFIANZA (sí, sí, esa que miden Moody’s y compañía). Mientras exista confianza todo irá bien. En el complejo juego globalizado actual esta confianza debe darse a nivel mundial. Es decir, si en un país existe poca confianza significará que la demanda es escasa, lo que conllevará un declive de la oferta y esto a su vez una recesión económica. Todo ello implicará la huída de los inversores y la no llegada de otros nuevos, por lo que la situación se agravará. Un círculo vicioso. Si resulta que ese país está inserto en un mercado más amplio (como la Unión Europea), el resto de socios se verán perjudicados por esa mala situación y exhortarán al perjudicado a mejorar su posición para que no arrastre a los demás consigo. Para ello le incitarán a que tome medidas para que haga más competitiva su economía. La medida más rápida consiste en reducir costes, es decir, reducir salarios. Para ello se recortará el gasto social, estrangulando a la población para que se vea obligada a aceptar empleos con peores condiciones. Esta es la sutil maniobra de la clase dominante para postergar su posición de privilegio a expensas de la gran masa adormecida.

Mientras todo esto ocurre en sus narices, la población permanece expectante, tomando los acontecimientos como inevitables y sin pararse a reflexionar sobre su verdadera raíz. A ello contribuye, por supuesto, la televisión, una de las grandes culpables del conformismo y pasividad general.

Si existe un colectivo concreto que podría cambiar las cosas, ese es el de los jóvenes. Nuevos espíritus plenos de fuerzas, que deberían aspirar a un mundo nuevo en vez de contentarse con las viejas estructuras sobre las que se asienta el rancio sistema existente. No obstante, por ahora parece que la caja tonta ha conseguido apaciguar los innovadores sueños característicos de la juventud. Pero siempre queda algún camino. Ante el descontento de la población en general, y los jóvenes en particular, hacia la organización partidista, parece que el mejor recurso posible para tratar de voltear la situación se haya en los movimientos sociales de base. Sin embargo, muchas veces estos colectivos nacidos en, por y para la sociedad civil se ven extremadamente influenciados por visiones sectarias de la realidad, enmarcando los acontecimientos en un determinado enfoque contaminado por ideologías concretas. Ello impide muchas veces el análisis objetivo de los hechos y la consecuente respuesta acertada para contrarrestar la influencia del poder. La clave se encuentra en compensar la muy necesaria organización con la no menos importante libertad de análisis y actuación.

En esas construcciones sectarias de la realidad que impiden la mirada objetiva encontramos problemas como el de la minería. Cierto es que el trabajo en este sector es especialmente arriesgado. Cierto es que los mineros sufren la explotación de su fuerza de trabajo por parte de los dueños de las compañías encargadas de extraer recursos de las minas. Pero no es menos cierto que la minería en España es un sector obsoleto. El carbón no es un combustible eficiente y además es tremendamente nocivo para el planeta. Es necesario un replanteamiento del problema. Dejar de observar la situación desde el prisma marxista de la interminable lucha de clases y aplicar la racionalidad para alcanzar una conclusión objetiva y acertada. Acabar con el lucro ilegítimo de los empresarios al mismo tiempo que preparar a los mineros para que sean capaces de rendir en otra actividad laboral. En definitiva, dejar a un lado las viejas estructuras de pensamiento y organización social para dar a luz una nueva sociedad alejada de dogmas y creencias infundadas.

Jaime