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miércoles, 2 de mayo de 2012
1º de mayo danés
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martes, 24 de abril de 2012
Solidaridad o fractura en la Unión Europea
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| Foto: FINN FRANDSEN (Politiken) |
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| Andonis, joven griego, realizando su pregunta |
La pregunta del estudiante griego a Thorning-Schmidt (subtítulos en inglés) y el posterior acto de protesta del colectivo Crisis Mirror:
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lunes, 16 de abril de 2012
La joya de Dinamarca

Dinamarca es un pequeño país del norte de Europa de apenas cinco millones de habitantes. Tiene la presión fiscal más alta de la Unión Europea, pero sus ciudadanos –según diferentes estudios- son los más felices del mundo. Conjuga, además, un sistema político muy participativo y plural con una monarquía hereditaria que es la más antigua del mundo. Actualmente, Dinamarca goza de importante peso en las organizaciones internacionales, al ostentar la presidencia rotatoria de la Unión Europea y tener a un ex Primer Ministro comandando la OTAN. Además, gracias a su frontera terrestre con Alemania y a su atractivo arquetipo socio-económico, el país de Hans Christian Andersen ha sido un importante polo receptor de migración en las últimas décadas.
Hace pocos días, la ONU publicaba su Informe sobre la Felicidad Mundial. Un año más, Dinamarca sigue a la cabeza, justo por delante de Suecia y Finlandia. A priori, podría parecer complicado de entender: un país caro, frío, oscuro, sin paisajes impresionantes ni gastronomía que deleite al paladar. No obstante, los daneses saben apreciar su alta calidad de vida, las cómodas prestaciones otorgadas por el Estado, el igualitarismo social o la escasa contaminación de sus ciudades.
Si por algo es conocida Dinamarca, es por su amplio Estado del Bienestar, soportado por altas cargas impositivas a las rentas del trabajo. Hasta el 60% del salario de muchos trabajadores daneses es retenido por las arcas públicas. Esta astronómica cifra, sólo comparable a sus vecinos escandinavos y sin parangón en el resto del mundo occidental, permite sufragar una extensísima cobertura social que va mucho más allá del subsidio de desempleo o la sanidad y educación públicas. En Dinamarca, las parejas jóvenes no tienen miedo a tener hijos porque la baja maternal se alarga durante nueve meses y la paternal hasta las 14 semanas. Además, el Estado otorga una renta mensual de 150 euros por hijo hasta que cumpla los 18 años. En ese momento, el joven pasa a cobrar de la Administración una cuantía algo más elevada. Y, si decide estudiar en la universidad, tendrá derecho al conocido como Apoyo Educacional (Statens Uddannelsesstøtte): alrededor de 650 euros mensuales percibidos durante un máximo de seis años por todo universitario danés que lo solicite. Y, por si fuera poco, todo el sistema educativo público danés, desde la guardería hasta el postgrado, es gratuito. Y no sólo para los daneses, también para el resto de ciudadanos de la Unión Europea.

Lise Rom Petersen nació en Holte, una pequeña localidad cerca de Copenhague, hace 21 años. Estudia Magisterio en una universidad pública de la capital danesa. Lleva dos años recibiendo el Apoyo Educacional, lo que le ha permitido salir de la casa de sus padres para vivir por su cuenta. Sin embargo, debido a los altos precios de alquiler en Copenhague, Lise se ve obligada a trabajar algunas horas en una cafetería. “No sé por qué en España el Estado no ayuda a los jóvenes a independizarse, ahora entiendo por qué viven con sus padres hasta los treinta y tantos”, comenta entre risas. Lise es uno de tantos jóvenes daneses que tienen la oportunidad de desarrollarse humana e intelectualmente con el apoyo de la financiación pública. El Estado, pese a no exigir una devolución del dinero invertido, suele verse recompensado años más tarde, cuando esos jóvenes convertidos ya en adultos contribuyentes, paguen con gratitud sus impuestos correspondientes.
Otra virtud de Dinamarca reside en su abierto sistema político. La pluralidad de opciones políticas es fácil de apreciar observando un debate electoral danés. A diferencia de España, donde las opciones se reducen a un cara a cara entre los dos partidos mayoritarios, en Dinamarca es común la participación de hasta ocho representantes políticos en los debates. El Parlamento (Folketing) se encuentra muy fraccionado, teniendo el partido más votado apenas un cuarto de los asientos. Tras la últimas elecciones parlamentarias, celebradas en septiembre de 2011, el Partido Socialdemócrata volvió al poder, pero tuvo que compartir el Gobierno con otras dos formaciones, cuyo apoyo indispensable necesitaba para alcanzar mayoría en la cámara. El reparto de las carteras ministeriales entre diferentes partidos es muy común en el país nórdico, dónde no se ha dado un Gobierno monocolor en los últimos cincuenta años. Y es que, si hay alguna palabra importante en la política danesa, esa es “consenso”. Existe la costumbre de tomar las decisiones con el apoyo de la mayoría de fuerzas, dando así estabilidad y continuidad a las medidas adoptadas. Anders Peter Hansen, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Copenhague, explicaba así la diferencia fundamental entre la política escandinava y la mediterránea: “en el sur de Europa se gobierna por mayoría, el Gobierno de turno legisla a su antojo sin buscar el consenso con el resto, lo que provoca que la siguiente Administración deshaga todo lo hecho nada más llegar al poder”.
Si existe algún gran consenso en la política danesa, ese es sobre el Estado del Bienestar. Ningún partido con aspiraciones de gobierno se atreve a poner en duda la existencia del mismo. Ni siquiera el bloque conservador que ha gobernado la última década ha recortado los servicios sociales. Sólo la Alianza Liberal, partido con escasa representación, alza la voz contra el amplio sector público. Ahora, con la vuelta de la socialdemocracia al poder, se espera que el Estado del Bienestar, en vez de menguar como ocurre en el resto del continente, sea reforzado. Pero, para Christian F. Rostbøll, también profesor de la Universidad de Copenhague, no está siendo así. “El nuevo Gobierno de centro-izquierda está decepcionando a aquellos que esperaban un giro económico a la izquierda”, afirma.

Uno de los elementos que definen la política de un país es su sistema electoral. El danés comparte algunas similitudes con el modelo español: es proporcional y utiliza la ley D’Hondt para repartir los escaños. No obstante, una gran diferencia entre ambos reside en las listas. Mientras que en España las listas son cerradas y bloqueadas, en Dinamarca son abiertas. Esto significa que, si los españoles sólo podemos optar por una lista de nombres previamente elaborada por los partidos -sin opción alguna a modificarla-, en Dinamarca los ciudadanos tienen la capacidad de elegir directamente al candidato que más confianza les inspire, más allá de los líderes más mediáticos y sus camarillas. Sin embargo, la principal diferencia entre los dos sistemas, y que hace al modelo danés mucho más representativo, es la diferente distribución de las circunscripciones. En Dinamarca, se utilizan dos niveles territoriales para distribuir los escaños. Por un lado, el país se divide en diez circunscripciones plurinominales a las que se reparten 135 asientos de los 179 que componen el Parlamento. Para compensar la desviación originada por circunscripciones con desigual peso demográfico, existe un segundo nivel territorial: tres provincias electorales entre las que se distribuyen otros 40 asientos. Finalmente, los cuatro escaños restantes están reservados a los dos territorios de ultramar: Groenlandia y las Islas Feroe. Este complejo procedimiento sitúa al danés como uno de los sistemas más proporcionales que existen. Por contra, España está a la cola en el índice de proporcionalidad de los sistemas formalmente proporcionales.
Aun así, no todo son buenas noticias en el tranquilo país escandinavo. La situación geopolítica de Dinamarca -único país escandinavo que comparte frontera terrestre con el resto de la Unión Europea-, unida a su seductor modelo socio-económico ha atraído a multitud de migrantes en las últimas décadas. Esto ha puesto en alerta a algunos sectores de la nación danesa, alarmados ante la posibilidad de desestabilización de su pequeña, homogénea y eficiente sociedad. Es por ello que el partido anti-inmigración danés se ha convertido en la tercera fuerza política del país, habiendo formado parte de los gobiernos conservadores de la última década. De todas formas, la formación ultranacionalista ha retrocedido en apoyos tras las últimas elecciones, lo que indica que la preocupación de los daneses por la inmigración se ha relajado. Además, como expresa Rostbøll, “la gran noticia sobre el cambio de Gobierno en Dinamarca es que ya no se harán más concesiones a la extrema derecha”.

F-16 Fighting Falcon de la Royal Danish Air Force en acción
De cara al exterior, el peso de Dinamarca se ha reforzado notablemente en los últimos tiempos. Desde el pasado 1 de enero ejerce la presidencia rotatoria de la Unión Europea, con el poder simbólico que ello conlleva. Helle Thorning-Schmidt, la nueva jefa del Ejecutivo danés, ha visto reforzado su protagonismo en Bruselas en estos primeros meses de mandato. Por otro lado, Anders Fogh Rasmussen, quien otrora ocupara el asiento de Thorning-Schmidt, desempeña el cargo de Secretario General de la OTAN. Este hecho es un claro gesto de los aliados occidentales al esfuerzo militar realizado por Dinamarca en las últimas décadas. La Dannebrog (bandera danesa) ha participado en todas las grandes contiendas militares llevadas a cabo por la Alianza desde los años 90. Bosnia, Kosovo, Afganistán, Irak y Libia no han sido ajenos a la fuerza bélica danesa. Quizás su gran implicación en la OTAN es la razón que lleva a Dinamarca a ser el único país de la Unión Europea que no participa en la Agencia de Defensa continental.
En definitiva, este minúsculo país de apenas cinco millones de habitantes representa una alternativa a la corriente ideológica mayoritaria que arrastra a Europa a la austeridad fiscal y adelgazamiento de los servicios públicos. Pese a tener sus defectos, Dinamarca es un ejemplo en cuanto a calidad democrática y protección de sus ciudadanos se refiere. Su sistema político plural permite que los ciudadanos puedan canalizar eficazmente sus demandas a través de las vías institucionales. Su amplísima cobertura estatal facilita que los daneses vivan sin una angustia económica continua. Todo ello, además de mejorar sus ratios de felicidad, permite a todos sus habitantes aspirar al ascenso social y a la consecución de sus expectativas vitales. Sin duda, la joya de la Corona danesa no reside en el palacio de la Reina, sino en los generosísimos servicios sociales provistos por el Estado.
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domingo, 15 de abril de 2012
De Españistán a Simiocracia
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viernes, 6 de abril de 2012
El fascismo y la portada de La Razón

Titular: "Recuperar el honor". La Razón se refiere aquí claramente al honor nacional, mancillado por el hostigamiento foráneo a la patria. Ello encaja a la perfección con la mitología fascista. Tanto Hitler como Mussolini alcazaron el poder utilizando el argumento de devolver el honor perdido a la nación. Alemania, humillada y mutilada por los vencedores de la Primera Guerra Mundial en el Tratado de Versalles, e Italia, descontenta por no haber recibido los territorios del Adriático Oriental como se le había prometido. Los dos líderes ultranacionalistas aprovecharon un caldo de cultivo social propicio para llegar al poder y devolver así el tan preciado honor nacional. A base de guerras, genocidios y millones de muertos, eso sí.
Existen, además, algunas similitudes más entre la situación que vive España actualmente y las de Italia y Alemania en el período de entreguerras. En primer lugar, una gran crisis económica. Hitler ascendió al poder en 1933, cuando la Gran Depresión, y en particular la hiperinflación, seguía deteriorando las condiciones de vida de los alemanes. En España el problema pasa por la desorbitada tasa de desempleo: el 23% de los ciudadanos que quieren trabajar no encuentran empleo. En segundo lugar, el creciente descontento social, materializado en huelgas y algaradas. El fascismo se vio beneficiado por el fracaso de la izquierda. Entre 1918 y 1920 se produjo en Alemania e Italia una gran oleada revolucionaria que sacudió los cimientos de la sociedad. El intento de cambio social fracasó en ambos países, provocando que muchos desencantados de la izquierda engrosaran las filas fascistas. Por último, tanto Alemania como Italia eran países con escasa tradición democrática. Habían tenido regímenes autoritarios hasta poco antes de la llegada del fascismo. España encaja en este perfil, dado que apenas cuenta con tres décadas consecutivas de democracia y el sistema no está todavía completamente consolidado. A todo ello hay que añadir la creciente deslegitimación de la clase política, percibida como parasitaria por gran parte de la población, y el miedo de las élites a perder su posición privilegiada por un estallido social. El 15-M ya puso de manifiesto la desafección de la ciudadanía, y en particular de los jóvenes, tanto hacia el sistema económico injusto, como hacia el sistema político oligárquico.
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martes, 27 de marzo de 2012
Ir o no ir a la huelga general
tas, o, en su defecto, la negociación. La huelga general, por su parte, era un instrumento eficaz para presionar al gobierno. Dado que es éste y no los empresarios, al menos formalmente, el que atesora el poder político, una huelga en una sola empresa o sector no era suficiente para que un nuevo derecho fuera reconocido. Las oleadas de huelgas que aquejaron Europa en la confluencia de los siglos XIX y XX, junto con el ascenso de los partidos socialdemócratas, obligaron a las clases dirigentes a implementar leyes más justas, con el fin de acallar los cada vez más generalizados anhelos de revolución social entre los obreros. Así, si bien fue el conservador Otto von Bismarck el responsable directo del primer sistema de seguridad social, la razón que le llevo a aplicar tal medida fue el miedo a las cada vez más frecuentes explosiones sociales en la Europa industrializada.
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domingo, 25 de marzo de 2012
Siete empresas controlan el 70% de los medios de comunicación mundiales
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sábado, 24 de marzo de 2012
Causes of the Occupy Wall Street movement

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miércoles, 7 de marzo de 2012
Libertad de manipulación
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viernes, 2 de marzo de 2012
La reforma laboral y la Edad Media
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jueves, 1 de marzo de 2012
Día de estreno
¡Merci Robin!
Os dejamos con la cita que inspira el nuevo lema del blog:
“Cuando creíamos tener todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”, Mario Benedetti.

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martes, 28 de febrero de 2012
Chalecos para encorsetar la realidad
La semana pasada se hacía oficial la noticia: los periodistas que acudan a cubrir manifestaciones deberán llevar un chaleco identificativo. Esta decisión, acordada entre la Delegación del Gobierno en Madrid y distintas asociaciones de periodistas, ha levantado cierta polémica. Por un lado, los profesionales de la información podrán desarrollar su labor sin temor a las porras de la policía. Por otro, se discrimina a todas aquellas personas que, sin trabajar para un medio de comunicación convencional, se dedican a informar de lo que ocurre en las protestas a través de redes sociales y blogs.
El periodismo ha cambiado mucho en las últimas décadas. El desarrollo de las nuevas tecnologías ha facilitado una revolución de la comunicación. La aparición de Internet permite a cualquier usuario convertirse en fuente de información con acceso global. De ahí que haya nacido eso que llamamos “periodismo ciudadano”. Un ciudadano anónimo que utiliza su teléfono móvil para informar en tiempo real de un suceso que cree merece ser contado. Así, acontecimientos que no entran en la agenda de los medios, pueden tener eco en las redes. Obviamente, el anónimo no cuenta con los canales de distribución de las grandes empresas de comunicación. Sin embargo, accediendo a su pequeño blog o a su cuenta de Twitter, el resto de internautas interesados pueden conocer esa información. Sin duda, esto supone un gran avance en la libertad de expresión y en el derecho de la ciudadanía a ser informada. Eso sí, siempre teniendo en cuenta la posible manipulación de los hechos. Situación, sin embargo, que se da también en los medios tradicionales.
En los movimientos sociales del siglo XXI, el periodismo ciudadano ha adquirido importancia crucial. Día tras día vemos en los informativos imágenes de disturbios tomadas con teléfonos móviles. En lugares como Siria o Yemen, debido a la rigidez de sus regímenes para con la prensa internacional, los vídeos de los ciudadanos pueden llegar a ser la única fuente de información en tiempos de conflicto. Tampoco escapa este hecho a Europa. En España, sin ir más lejos, el movimiento 15-M ha encontrado en Internet un aliado indispensable. Los llamamientos a través de Twitter y los vídeos subidos a Youtube han sido clave para tornar las movilizaciones en acciones masivas. De hecho, son muchos los “twitteros” que marchan a las manifestaciones armados con sus teléfonos móviles de última generación para informar instantáneamente de lo que ocurre. Stéphane M. Grueso, @fanetin, es el mejor ejemplo de ello. Sus textos de 140 caracteres, acompañados de documentación gráfica, son seguidos en directo por miles de personas interesadas en saber lo que los medios tradicionales callan.
Sin duda, la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, no es ajena a este panorama. Internet -y su comunicación horizontal y alternativa- supone una ruptura con el tradicional control de la comunicación de masas ejercido por el poder. Ante este reto, ¿qué mejor que identificar a los informadores del sistema? O, lo que es lo mismo, ¿qué mejor que identificar a aquellos informadores que no están atados a una línea editorial concreta y a unos intereses empresariales que amordazan cualquier información perjudicial para el sistema?
En definitiva, el Gobierno busca soluciones del siglo XX para problemas del siglo XXI. Aparte de retrógrada, la introducción de los chalecos será ineficaz. ¿O acaso creen que aquellos que saben manejar un dispositivo de última generación no sabrán fabricar un chaleco a imitación de los corsés de la oficialidad?
@jaimegsb
Viñeta: El Roto.



