lunes, 15 de marzo de 2010

El declive de la universidad pública


Con el paso de los años cada vez es más palpable la crisis que envuelve a los centros de educación superior dependientes de la Administración Pública. Mi experiencia personal -cuatro años acudiendo cada día a la Universidad Complutense de Madrid- no puede sino reflejar este triste hecho.

La educación pública, pilar fundamental del cada vez más desmantelado Estado del Bienenstar, sufre constantes ataques del huracán neoliberal que asola el mundo globalizado. El proceso que iniciaran Reagan y Tatcher en los años 80 goza de continuidad hasta en tiempos de crisis como en el que ahora nos hallamos. La expansión de la lógica capitalista a todos los ámbitos de la vida cotidiana parece no tener fin. Primero fueron los medios de comunicación, gracias a la liberalización del sector llevada a cabo por el mencionado presidente estadounidense, que permitió la aparición de megamagnates como Rupert Murdoch que facilitan la inacción de la ciudadanía, adormeciéndola entre finales de Champions League y amoríos de la farándula. Tras los medios de comunicación la lógica del mercado envolvió otros sectores que nunca habían estado sujetos a la tiranía del beneficio. Hasta que le llegó el turno a la educación. El ejemplo más cercano que tenemos es la entrada en vigor del Espacio Europeo de Educación Superior, también conocido como Plan Bolonia. Su puesta en marcha ha supuesto la libre entrada de capital privado en la universidad pública, o lo que es lo mismo, la supeditación del conocimiento a las inquebrantables normas del mercado. Entre las consecuencias que este hecho depara destaca sin lugar a dudas la desaparición de carreras que no resultan rentables. Así, estudios como la filosofía, básicos para el desarrollo intelectual de la sociedad, se diluyen poco a poco debido a la ausencia de rédito económico que conllevan. Cierto es que la mercantilización de la universidad trae consigo algunos elementos positivos como la modernización de los equipos o la mejora de las instalaciones, pero estos factores no son sino consecuencia de la inyección económica que las empresas privadas ofrecen a la universidad. Una generosa financiación pública traería consigo estas mismas ventajas, sin obligar a los centros de enseñanza pública a bailar al son de Díaz Ferrán y compañía.

El declive de la universidad pública es más palpable allá donde la gestión recae sobre manos neoliberales. El ejemplo de Madrid es perfecto para definir esta situación. Las políticas del Gobierno autonómico, liderado por Esperanza Aguirre, asfixian cada vez más al ente educativo público, beneficiando a su vez a aquellos de carácter privado. El recorte de fondos ha conllevado rebaja de salarios, deterioro de edificios o no renovación de materiales. De esta forma, un estudiante de Periodismo en la UCM se debe contentar utilizando los mismos equipos audiovisuales que los reporteros de Vietnam. Aunque éstos sufrían menos riesgo enfrentándose a los Vietcong que los tobillos de un estudiante de la UPM haciendo frente a los agujeros de los campos de fútbol de la Facultad de Caminos.

Jaime

Viñeta: Forges


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