Mostrando entradas con la etiqueta Maya. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Maya. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de marzo de 2015

Chiapas, donde el miedo cambió de bando

“Desde 1994, todos los 31 de diciembre teníamos miedo de que vinieran los zapatistas. Hasta los indígenas nos amenazaban”. Estas palabras de una mestiza de Ocosingo dejan claro lo que supuso la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en la vida pública para la clase dominante chiapaneca. Una sociedad abiertamente racista, donde los descendientes de Pakal –gobernante maya del siglo VII-, no tenían permitido caminar por las aceras de ciudades coloniales como San Cristóbal de las Casas o Comitán de Domínguez, despertó incrédula en el amanecer de 1994. El primero de enero de ese año, mientras México soñaba con el espejismo de incorporarse al “primer mundo” mediante la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, un ejército de indígenas encapuchados tomó por sorpresa varios municipios del centro y oriente de Chiapas. Pese a que el asalto a los edificios del poder fue tan simbólico como fugaz, el impacto del levantamiento de los pueblos mayas socavó profundamente el imaginario colectivo del país mesoamericano.

El México del PRI, del indigenismo paternalista y del mestizaje etnocida recibió una bofetada de realidad al contemplar a un puñado de indios organizados capaces de burlar a las fuerzas de seguridad y dominar por unas horas la antigua capital chiapaneca, la Ciudad Real de los españoles rebautizada San Cristóbal de las Casas en honor al dominico Fray Bartolomé que luchó para que la corona ibérica reconociera que los indígenas eran tan humanos como los europeos. Los esfuerzos de Las Casas, sin embargo, nunca calaron en el grueso de la élite blanco-mestiza de Chiapas. Como muestran las novelas de la escritora comiteca Rosario Castellanos, hasta bien entrado el siglo XX los grandes hacendados continuaron tratando a los indígenas como a seres infrahumanos a los que se podía matar, violar o insultar según la voluntad del patrón. Quinientos años de sometimiento sirvieron para que muchos mayas olvidaran el legendario pasado de su pueblo e interiorizaran su condición de inferioridad. Todavía hoy se puede escuchar de la boca de un indígena chiapaneco referirse a los blancos o mestizos como “las personas de razón”. “¿Cómo va a gobernar un tojolabalero o un tzeltalero? Tendrán que hacerlo las personas de razón…” No obstante, tanto tojolabales como tzeltales, tzotziles, choles y el resto de pueblos mayas que habitan Chiapas recuperaron su conciencia de pueblos explotados y oprimidos en un proceso que culminó con el levantamiento zapatista. Emulando la sublevación indígena de 1712 contra la autoridad colonial, el EZLN lideró en 1994 un alzamiento que buscó devolver la dignidad a los pueblos originarios mexicanos.

La guerra abierta contra el estado apenas duró doce días, los que tardó el presidente Salinas de Gortari en decretar un alto el fuego unilateral ante la presión nacional e internacional para buscar una solución dialogada al conflicto. La negociación, interrumpida en febrero de 1995 por el ataque sorpresivo del Ejército mexicano a la comandancia zapatista, culminó con los Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena en 1996. Este acuerdo parcial, sin embargo, nunca se transformó en ley. Una versión reducida del mismo pasó el filtro parlamentario varios años después, en 2001, ya con el Partido de Acción Nacional en el poder tras desbancar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de su “dictadura perfecta” que había durado más de 70 años. Los zapatistas no aceptaron la nueva ley al considerarla una traición al pacto alcanzado cinco años antes, dado que no reconocía plenamente la autonomía y autogobierno indígena. Ante esta situación, el movimiento rompió toda relación con el estado y decidió recluirse en sus territorios de la Selva Lacandona y los Altos y Norte de Chiapas para construir su nueva sociedad por la vía de los hechos.

A lo largo de los últimos 21 años, el zapatismo ha demostrado ser mucho más que un ejército guerrillero. Su estructura militar es apenas un tentáculo del organismo rebelde, cuyo corazón lo forman las comunidades indígenas identificadas como Bases de Apoyo Zapatistas. Son los civiles organizados los que forman las asambleas de las comunidades, los consejos municipales y las Juntas de Buen Gobierno regionales. El EZLN, por tanto, no es una milicia revolucionaria al uso, sino un movimiento armado que se supedita a las decisiones de las comunidades indígenas donde tiene apoyo. 



Unas comunidades que, en la actualidad, se encuentran en su mayoría divididas entre zapatistas y no zapatistas, lo que provoca tensiones entre sus habitantes. A veces, las tensiones desembocan en violencia y en muerte, como ocurrió en mayo de 2014 con el asesinato de Galeano, prominente zapatista de la región de la Selva Fronteriza. Todavía sin esclarecer, este incidente muestra el nivel de crispación interno de las comunidades, donde las instituciones del estado se ocupan de agudizar la división mediante la entrega de ayudas en forma de alimentos, medicinas o material de construcción a los no zapatistas. La continua presencia de militares armados en los caminos no hace sino fortalecer la idea de que el conflicto no está ni mucho menos solucionado. Abandonada temporalmente la política gubernamental de armar a los indígenas no zapatistas formando grupos paramilitares que instauren el terror en las comunidades –cuyo auge tuvo lugar a finales de los 90 y su ejemplo más atroz se vivió en Acteal con el asesinato a sangre fría de 45 civiles indefensos-, ahora el gobierno trata de debilitar al zapatismo mediante el reparto de limosnas. “Ellos reciben comida y ahora ya no quieren trabajar. Se lo dan todo hecho. Tienen cosas materiales. Nosotros, en cambio, trabajamos duro para salir adelante. Tenemos algo mucho más grande que ellos han perdido: dignidad. La dignidad de lucha por lo que creemos”. Así se expresaba un tojolabal zapatista con quien conversé hace unas semanas en plena Selva Lacandona.
Sin pañuelo rojo ni pasamontañas, las bases zapatistas construyen su autonomía día a día con su trabajo en la milpa, cultivando maíz, frijol o café, levantando escuelas y clínicas para sus hijos o participando en las asambleas comunitarias. Su resistencia es dura. En un entorno donde no existen las comodidades de la ciudad y donde los alimentos, medicamentos o lápices no abundan, los zapatistas se niegan a recibir ayudas del estado, mientras observan cómo sus vecinos que renunciaron a la lucha obtienen todo tipo de ventajas. Sin embargo, son muchos los que continúan ondeando la bandera con la estrella roja. Muchos son los que, 21 años después del alzamiento y 32 años después de la creación del EZLN, siguen creyendo en que “otro mundo es posible”.

Desde 1994, el miedo cambió de bando en Chiapas. La oligarquía local comenzó a observar a los indígenas ya no como a seres inferiores e indefensos a los que poder explotar y menospreciar impunemente, sino como a sujetos organizados capaces de articular sus propias demandas y de llevarlas a la práctica en sus comunidades. Puede que el EZLN  no consiguiera forjar un movimiento a nivel nacional que propiciara un cambio político radical e inmediato en todo México, pero lo que sin duda consiguió fue devolver la dignidad a los pueblos originarios desde Sonora hasta Yucatán al grito de “Nunca más un México sin nosotros”.

En una ciudad tomada por el Ejército mexicano, la mujer mestiza de Ocosingo que mostraba su miedo a los indígenas al principio de este escrito no es la única que observa al zapatismo como una amenaza para sus intereses. En esta cabecera municipal considerada la puerta hacia la Selva Lacandona se produjo en enero del 94 el suceso más sangriento del enfrentamiento armado. 34 zapatistas murieron y 32 más desaparecieron durante la batalla librada en el mercado de Ocosingo, ciudad mayoritariamente tzeltal. Paradójicamente, pese a este revés militar, fueron los indígenas chiapanecos quienes perdieron el miedo a reivindicar sus derechos y a poner en práctica sus formas de gobierno autónomo e independiente de las instituciones del estado. Unas instituciones que solo se empezaron a acordar de ellos una vez emergió el movimiento zapatista, que representa una alternativa real al estado mexicano. El miedo, que dejo de tener rostro indígena y se trasladó a los blancos y mestizos chiapanecos que temían perder sus privilegios, cambió entonces de bando. Un miedo que trató de ser devuelto a sus portadores originales mediante la militarización y paramilitarización. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Los indígenas organizados ya han probado el sabor de la libertad, de la democracia y de la justicia. Cambiaron el miedo por la dignidad.




“Por trabajar nos matan, por vivir nos matan. No hay lugar para nosotros en el mundo del poder. Por luchar nos matarán, pero así nos haremos un mundo donde nos quepamos todos y todos nos vivamos sin muerte en la palabra. Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso. Nos quieren quitar la historia para que en el olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios. Muertos nos quieren.

Para el poderoso nuestro silencio fue su deseo. Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos. Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido.” EZLN, Cuarta Declaración de la Selva Lacandona, 1996.


"¿Escucharon?
Es el sonido de su mundo derrumbándose.
Es el del nuestro resurgiendo.
El día que fue el día, era noche.
Y noche será el día que será el día." EZLN, 2012.



Para leer más: "De la lucha contra la minería, a la cuna de la rebeldía zapatista".

domingo, 16 de marzo de 2014

La lucha zapatista sigue viva veinte años después



La madrugada del 1 de enero de 2014 tuve la oportunidad de presenciar la celebración del XX aniversario del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el caracol de Oventic, en el estado de Chiapas, México. En una noche fría y húmeda, bajo una espesa cortina de niebla, las comunidades zapatistas festejaron los veinte años de lucha indígena contra el gobierno federal de México. Pese a que el enfrentamiento armado con el Ejército sólo se prolongó oficialmente durante los primeros doce días de 1994, el movimiento zapatista ha mantenido su estructura político-militar durante dos décadas para defender la autoproclamada autonomía de los pueblos mayas del sureste mexicano. Tras pedir una tregua a los insurgentes ante las grandes manifestaciones populares en todo el país en contra de la guerra en Chiapas, el gobierno federal firmó con el EZLN los Acuerdos de San Andrés en 1996. El incumplimiento de las promesas de reconocimiento de derechos de los pueblos indígenas por parte del gobierno llevó a los zapatistas a construir su modelo político al margen del Estado, levantando una estructura administrativa que materializara su ideal del buen gobierno. Democracia, libertad y justicia fueron y son todavía hoy las principales reivindicaciones del EZLN, que a treinta años de su fundación el 17 de noviembre de 1983 y a 20 del levantamiento armado que conmocionó al país y al mundo continúa llamando a la resistencia y a la rebeldía para “construir un mundo mejor donde quepan muchos mundos”.

En Oventic, la noche del 31 de diciembre de 2013 al 1 de enero de 2014, la Comandanta Hortencia del EZLN pronunció un emotivo discurso en el que repasó los largos años de lucha de los pueblos indígenas mayas de Chiapas. Este vídeo contiene el discurso íntegro acompañado de imágenes de la celebración.





A continuación, la transcripción completa del discurso de la Comandanta Hortencia:

"Compañeros, compañeras, bases de apoyo. Integrantes de los consejos autónomos. Autoridades locales y Juntas de Buen Gobierno. Compañeros, compañeras insurgentes y milicianos, donde quiera que se encuentren. Hermanos y hermanas, compañeros, compañeras nacionales e internacionales. Participantes y no participantes de nuestra escuelita zapatista que nos honran con su presencia. En todos los caracoles zapatistas se han concentrado nuestros pueblos para celebrar  el XX aniversario de nuestro levantamiento armado como Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Hoy, primero de Enero del 2014, estamos cumpliendo 20 años de estar en guerra en contra de un sistema social injusto. Representado por los tres niveles de malos gobiernos -municipal, estatal y federal-, que son fieles títeres del neoliberalismo, principal causante de las grandes injusticias que padecemos millones de seres humanos de nuestro país y en todos los países del mundo.

Los grandes neoliberales, que se consideran señores y dueños del mundo, ellos planean y deciden el destino de la humanidad. Por eso los malos gobernantes de nuestro país, ambiciosos de poder y de dinero, hacen todo lo posible por saquear y destruir la riqueza de nuestro país. Por entregar a manos extranjeras la vida y el destino de nuestra patria, privatizando los recursos naturales y todos los servicios sociales. Y por hacernos creer que apoya a los pueblos, pide más préstamos con sus amos y de esta manera aumenta más la deuda eterna de nuestro país. Y en cambio a esos que se dicen gobiernos se enriquecen más y más a costa del pueblo mexicano.

A  los pueblos indígenas de nuestro país hay que despojarlos de sus tierras y de sus recursos naturales, hay que desplazarlos de su pueblo de origen, hay que someterlos, hay que encarcelar o desaparecer a sus dirigentes. Y a los zapatistas hay que hacer todo lo posible por perseguirlos, por atacarlos en todos los aspectos, con el fin de debilitar y destruir su organización y su lucha por la construcción de su autonomía.

Por eso muchas de nuestras bases de apoyo han sufrido y sufren agresiones, despojos, desalojos, persecuciones, encarcelamientos y asesinato a través de los paramilitares, y de la gente afiliada a los diferentes partidos políticos respaldados por los tres niveles de malos gobiernos. Todos estos actos criminales que nos hacen los malos gobiernos hemos tenido que soportar durante 20 años. Es una verdadera guerra de exterminio. Por eso hay decenas de miles de soldados federales y policías que están ocupando nuestras tierras y territorios indígenas.

A pesar de tantas maldades y provocaciones también en estos 20 años hemos aprendido a sobrevivir, hemos aprendido a resistir de manera organizada y estamos aprendiendo a gobernarnos  de acuerdo a nuestras formas de pensar y de vivir. Nuestros trabajos en todos los niveles  estamos tratando de avanzar, de mejorar, de organizar y fortalecer entre todos, hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos.

Hace 25 y 30 años éramos totalmente engañados, manipulados, sometidos, controlados y olvidados. Sumidos a la ignorancia y a la miseria. Pero hace 20 años, como estas fechas dijimos ya basta: hasta aquí hemos llegado, hasta aquí hemos aguantado y ya nunca más una patria sin nosotros. Y así nos dimos a conocer ante la nación y ante el mundo, que existimos y aquí estamos.

Hace 20 años no teníamos nada, ningún servicio de salud ni educación que sea del pueblo. Ningún pueblo puede nombrar su propia autoridad si no es reconocido o controlado por los partidos. Ningún pueblo puede destituir su autoridad, cuando no cumple con su deber y obligación, como cuando se vuelve manipulado y corrupto, porque está respaldado por los gobiernos oficiales, estatal y federal, es decir, no existía ningún nivel de autoridad que sea realmente al servicio del pueblo. Pero ahora nuestros pueblos cuentan con su gobierno autónomo, a nivel local, municipal y de zona. Bien o mal se haya hecho, pero es la decisión y voluntad del pueblo de elegir a su propia autoridad y quitar de su cargo cuando es necesario. Nuestros pueblos han empezado a vivir  y a gobernarse con sus propias formas de pensar y de entender como los hacían nuestros padres y abuelos. Es decir, hemos empezado a vivir la autonomía y la libertad según los y las zapatistas.

Esta construcción de nuestra autonomía es la práctica de la democracia, de la libertad, de igualdad y justicia. Sigue su marcha, y ya nadie la podrá detener. El conocimiento y las experiencias que muchos de nosotros estamos compartiendo con las nuevas generaciones de niños y jóvenes. Y estamos preparando a nuestros pueblos a resistir y a gobernarse.

En nuestros pueblos y zonas zapatistas ya no mandan los malos gobernantes, ya no controlan ni manipulan los partidos porque desde hace 20 años los botamos a la basura a todos los partidos políticos. Ahora son los mismos pueblos que piensan, analizan y deciden quién va a ser su autoridad y cómo quiere ser gobernado de acuerdo a sus propias formas y leyes autónomas.

Estamos tratando de mejorar nuestro sistema de salud, educación y nuestro sistema de gobierno autónomo. Estamos claro que todavía falta mucho por hacer, estamos seguros que nuestra lucha avanzará porque está basada en la verdadera democracia, libertad y justicia.

Para enriquecer y fortalecer nuestra resistencia, nuestra autonomía y nuestra lucha, nos encontramos los pueblos y zonas zapatistas para compartir nuestras ideas y nuestras experiencias. Así entre todos tratamos de mejorar nuestros trabajos y corregir nuestros errores. Para que nuestros hermanos y hermanas de nuestro país y del mundo conozcan y vean nuestros pequeños esfuerzos y humildes experiencias. Tratamos de compartir con ellos y ellas a través de la escuelita zapatista, donde nuestras bases de apoyo son las que hablan de su vida, de su historia, de su trabajo, de su resistencia y de su lucha.

Aunque sabemos que los tres niveles de malos gobiernos nunca dejarán de hacernos la guerra, como lo han demostrado durante veinte años. Porque a través de sus paramilitares y de sus seguidores afiliados en los diferentes partidos políticos han agredido, despojado, desalojado, provocado, amenazado y robado las pertenencias de nuestras bases de apoyo. Los malos gobiernos y su gente comprada están tratando de quitarnos las tierras que recuperamos en 1994, que estaban en manos de los finqueros, de los ganaderos y terratenientes que tanto mal les hicieron a nuestros padres y abuelos. Por defender sus derechos, sus tierras y sus vidas han sido encarcelados y asesinados varios de nuestros compañeros.

Compañeros y compañeras, la mejor forma de honrar la memoria de todos nuestros compañeros y compañeras caídos y caídas es comprometernos más en la lucha, es seguir el ejemplo de nuestros compañeros y compañeras, quienes nunca se vendieron, nunca se rindieron, nunca claudicaron hasta dar la vida por su pueblo.

Aunque esto significa entonces que los zapatistas tenemos que trabajar más, organizarnos más, realizar los trabajos en todos los aspectos, crear y organizar más trabajos colectivos. Ya no solo se trata de resistir, sino que tenemos que organizar la resistencia en todos los niveles. Sabemos que no es tarea fácil, pero es necesario, porque no vamos a esperar que alguien venga a luchar por nosotros. Sino que nosotros mismos tenemos que esforzarnos más para llevar a los hechos los trabajos que se necesitan para resistir y seguir adelante en la lucha mientras sigamos con vida.

Estamos claro que esos malos gobiernos seguirán gastando muchos millones de dólares para financiar la guerra, para seguir con los planes y programas de contrainsurgencia con el objetivo de destruir la organización y la resistencia de los pueblos zapatistas. Por eso cada sexenio de gobierno queda más endeudado nuestro estado y nuestro país, por financiar la guerra contra los pueblos indígenas y en contra de todos los sectores sociales que luchan por defender sus derechos y mejores condiciones de vida. Los malos gobiernos, los poderosos, los opresores y explotadores piensan que con esto se va a acabar la lucha zapatista. Piensan que toda la vida van a estar callados los pueblos que sufren la explotación y toda clase de injusticias. Pero se equivocan porque aquí estamos y aquí estaremos.

Hay miles de hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos de todos los sectores, de todas las razas, de todas lenguas y culturas de los diferentes países del mundo que están dispuestos a luchar por construir un mundo mejor donde quepan muchos mundos, donde reine la libertad y la justicia que hoy reclama la humanidad.

Tenemos las mejores armas para combatir contra el mal, para luchar contra la muerte y construir la vida nueva para todos. Nuestras armas son la resistencia, la rebeldía, la verdad, la justicia y la razón, que está a nuestro lado.

Ahora es el tiempo de fortalecer y globalizar la resistencia y la rebeldía. Porque sabemos que esos mentirosos, ladrones y criminales que se dicen gobiernos nunca dejarán de atacarnos, nunca dejarán de perseguirnos, nunca dejarán de encarcelarnos. Y tratarán de acabarnos y borrarnos de la historia. Pero no podrán porque nuestra lucha tiene su causa justa: democracia, libertad y justicia.

Desde Oventic, Caracol II, Resistencia y Rebeldía por la Humanidad, Zona Altos de Chiapas, México, 1 de enero de 2014".